Un día en Alcudia

martes, 17 de abril de 2018 Comments off

Así, como quien no quiere la cosa, hemos dejado atrás la Semana Santa y asoma en el horizonte, cada vez más cerca, el puente del primero de mayo. Una buena idea para aprovechar esas jornadas de vacaciones puede ser reservar un vuelo a Palma de Mallorca y disfrutar de la isla balear en unas fechas en las que ya se deja sentir el tiempo estival. Y si alguien no se decide aún a pisar la playa o ya conoce la capital insular, está la alternativa de conocer otros rincones. Alcudia, por ejemplo.

Alcudia es un pueblo de algo más de diecinueve mil habitantes ubicado en la zona septentrional de Mallorca, lindando con los municipios de Pollensa, Muro y La Puebla. Históricamente, lo fueron desarrollando los musulmanes a partir de una alquería a la que luego el rey Jaime I de Aragón, conquistador del archipiélago, cambió su nombre por el de San Jaime de Guiñent, entregando buena parte de lo que hoy es el municipio a la Orden del Temple.

Sin embargo fue su hijo Jaime II quien en 1298 empezó a construir las murallas que protegían el núcleo poblacional, si bien no se terminaron hasta 1362, ya en tiempos de Pedro IV. Para entonces había perdurado la denominación original de Alcudia y crecía poco a poco, a despecho de episodios trágicos y destructivos como la epidemia de peste de mediados del siglo XIV o la revuelta de los Agermanados cien años más tarde, que viviría una reedición entre 1521 y 1522.

En el puerto de Alcudia recaló la flota con la que Carlos V conquistó Túnez en 1535, aunque también le tocó recibir ataques otomanos a lo largo de las décadas siguientes. En la Guerra de Sucesión, Alcudia apoyó al candidato Habsburgo, lo que la llevó a sufrir asedio por parte de las tropas de Felipe V. Asentada la nueva dinastía, las cosas se calmaron e incluso allí fue confinado, en tiempos de Fernando VII, el célebre diputado liberal asturiano Agustín Argüelles.

Aún quedarían capítulos por contar, como una nueva epidemia de fiebre amarilla o el impacto de la Guerra Civil. Pero lo que realmente interesará al visitante es descubrir los atractivos turísticos de esa localidad. El municipio de Alcudia se divide en varios núcleos de población: el centro histórico, el puerto, la playa de Alcudia y otras zonas residenciales.

El puerto es el segundo en importancia de la isla tras el de Palma y presenta una parte comercial y otra industrial, habiéndose convertido, de un tiempo a esta parte, en receptor de cruceros. A continuación se extiende la playa , albufera mediante, a lo largo de siete kilómetros. De fina arena blanca, suele acreditar Bandera Azul por su limpieza y sus equipamientos. No es el único lugar donde tomar el sol o darse un baño porque zonas como Alcanada, Sa Marina, Mal Pas o Manresa, por ejemplo, están salpicadas de pequeñas y encantadoras calas.

En cuanto al casco antiguo, declarado Patrimonio Histórico Artístico en 1974, está colmado de edificios monumentales góticos y renacentistas, caso de vario palacetes e iglesias. La Casa Consistorial, el Museo Parroquial, la Iglesia de San Jaume, la Biblioteca ubicada en Can Torró o las citadas murallas (con la Porta de Mallorca como rincón estrella) son algunos ejemplos que pueden ampliarse acercándose hasta la ciudad romana de Pollentia (que además cuenta con un museo). Entre muchas más cosas, por supuesto.

Imagen: la bahía de Alcudia en Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0

Avistamiento de cetáceos en Tenerife

viernes, 13 de abril de 2018 Comments off

Reservar un vuelo a Tenerife lleva implícito casi con total seguridad ir en busca de sol y playa, de buen tiempo garantizado y de ese característico toque algo exótico que tiene la isla. Pero una vez allí, aparte de disfrutar de eso cumpliendo las expectativas, se puede ir un poco más allá y descubrir otras posibilidades de ocio. Una de las más interesantes es el avistamiento de cetáceos.

Se trata sobre todo de delfines mulares y calderones tropicales, especies que residen de forma permanente en aguas tinerfeñas y, consecuentemente, pueden verse a lo largo de todo el año. Asimismo, otras especies -hasta 21- se acercan a esa costa en determinados meses, especialmente entre mayo y junio: rorcuales, delfines moteados, cachalotes…

Todo ello hace que resulte relativamente fácil contemplar a estos animales en su hábitat y que cualquier excursión que se haga para ello termine con éxito casi seguro. Eso sí, hay que saber cuáles son las zonas donde viven y éstas se localizan en la parte suroeste de Tenerife, de ahí que la mayoría de empresas dedicadas a esta actividad sitúen allí sus bases. Los Cristianos, Puerto Colón y Los Gigantes son las localidades de las que zarpan las embarcaciones, que ofrecen a la clientela diversas modalidades de excursión.

Las más cortas duran un par de horas, tiempo necesario para acercarse hasta el punto de avistamiento, permanecer un rato y después regresar. Otras amplían la oferta incluyendo comer a bordo y fondear en una cala para que los pasajeros puedan darse un baño; evidentemente, se hacen con naves algo más grandes y duran una hora más. Y luego están las que llegan a 5 horas y multiplican todo lo anterior, usando los barcos de mayor tamaño. Hay, pues, diversidad: botes, lanchas, balandros a vela, catamaranes…

Estas salidas al mar pueden hacerse en una excursión colectiva, compartiendo embarcación con otros pasajeros, o contratando un servicio privado. Las primeras tienen tarifas entre unos 25 y 70 euros, según la duración, mientras que las otras son bastante más caras, alrededor de 500, al tratarse de algo exclusivo. Es cuestión de escoger la opción preferida o, al menos, la que permita el bolsillo. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que la elegida lleve la bandera Barco Azul que la acredita para ejercer la actividad legalmente.

Es importante tener siempre en cuenta que se trata de animales salvajes y, por tanto, de comportamiento previsible sólo hasta cierto punto. Además, en el avistamiento influyen otras circunstancias como el tiempo, el estado de la mar, el momento del día o la comida disponible, por ejemplo. De ahí la necesidad de cumplir escrupulosamente las instrucciones que se reciban y que incluyen disposiciones como no alimentar a los cetáceos, guardar la distancia exigida -aunque los animales no lo hagan-, navegar despacio y no nadar con ellos.

No es necesario nada más, salvo la crema para protegerse del reflejo de los rayos solares en la superficie marina, una gorra, una prenda de abrigo (algo liviano como una sudadera o chubasquero) y, si se es propenso a mareos, tomarse previamente la pastilla correspondiente.

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Visitas guiadas a refugios antiaéreos de la Guerra Civil en Alicante

miércoles, 11 de abril de 2018 Comments off

El turismo de guerra es una variedad viajera que atrae no sólo a un público especializado especialmente interesado en la militaria sino también a a otro deseoso de descubrir su pasado y su historia. Por esa razón, desde un tiempo a esta parte es posible visitar algunos sitios relacionados con la Guerra Civil Española que han sido recuperados del abandono y olvido en que habían caído; en algún caso, incluso están restaurados.

Es una de las nuevas cosas que podrá hacer quien reserve alguno de los vuelos a Alicante y quiera ver algo más allá de lo clásico que suele venir en las guías o, al menos, compatibilizarlo. Y es que la La Concejalía de Memoria Histórica del ayuntamiento alicantino ha puesto en marcha la posibilidad de descubrir los refugios antiaéreos que se construyeron o habilitaron en la ciudad durante la contienda que sacudió España entre 1936 y 1939.

En concreto, se trata de visitas guiadas a los refugios ubicados en las plazas Séneca y Balmis. El primero es un ejemplo de lo que espera a los curiosos: quedó al descubierto en 2011 durante una remodelación de la estación de autobuses de dicha plaza, cuenta con un pequeño centro de interpretación instalado en una sección del parque de bomberos tras el traslado de éste. En él se exhibe material de época como carteles, portadas de prensa de entonces, reproducciones de las bombas que lanzaron sobre la urbe los aviones nacionales e italianos, además de un vídeo informativo.

Luego se pasa al refugio propiamente dicho, cuyo acceso original era por una trampilla que aún persiste, aunque ahora se baja por sendas escaleras en los flancos. La baja altura del techo, que obliga a avanzar con cuidado, y los grafitis de las paredes instando a no detenerse, a guardar silencio o a permanecer alerta ante posibles espías son cosas que sirven para meterse en situación y crear un ambiente de retorno al pasado, algo a lo que ayudan las sensaciones visuales (semioscuridad), auditivas (sirenas de alarma aérea, grabaciones de aviones, recreación de explosiones) e incluso odoras (intensa humedad).

El lugar consiste en un largo pasillo, aproximadamente un centenar de metros, con pequeños habitáculos abiertos a cada lado para que la gentes e acomodase dejando la zona central libre para el paso. Cabían unas mil doscientas personas, aunque seguramente entrarían más cuando había una emergencia. Que no fueron pocas, teniendo en cuenta que se registraron hasta ochenta y tres bombardeos en Alicante, pues al fin y al cabo fue el último punto de resistencia de la República.

A este refugio de Séneca se le sumó en 2017 el de Balmis. Ambos se recorren en visitas guiadas previa reserva que tienen el mismo horario (lunes, miércoles y viernes a las 10:00, sábados a las 12:00 y 17:00, y domingos a las 12:00) e idéntica tarifa (5 euros, 3 en reducida y gratis los menores de 6 años). Se pueden hacer en castellano, valenciano o inglés.

IMAGEN: Bombarderos Savoia-Marchetti italianos como los que operaron sobre Alicante – Andrea Nicola en Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0

El parque compostelano de Santo Domingo de Bonaval

viernes, 6 de abril de 2018 Comments off

¿Hay alguien que todavía no haya visitado Santiago de Compostela? Seguro que sí pero teniendo a la capital gallega en la lista de destinos para un viaje más o menos próximo. Hará bien porque se trata de una de las ciudades más bonitas de España a su peculiar manera, tranquila, recoleta, emotiva y llena de rincones capaces de sorprender al más veterano viajero.

También es posible que quien lea esto ya haya estado allí y conozca todos esos sitios que suelen jalonar el correspondiente capítulos de la guía y que consiste en una serie larga y fascinante de iglesias, museos, conventos, palacios, calles y, en suma, un patrimonio monumental que confiere a la urbe compostelana su idiosincrasia particular.

Quizá sea entonces el momento de descubrir otros espacios menos célebres, no tan antiguos ni tan impresionantes en cuanto a carga histórica, pero igualmente bellos, capaces de satisfacer a un visitante receptivo. Un buen ejemplo de ello podría ser el Parque de Santo Domingo de Bonaval (San Domingos de Bonaval en versión gallega), que no está situado en el centro sino en una colina cercana del barrio de San Pedro, la de la Almáciga.

No hay que caminar demasiado; al fin y al cabo, su parte meridional limita con el convento medieval de Santo Domingo (la sede del Museo del Pueblo Gallego y el Panteón de Gallegos Ilustres) y con el Centro Gallego de Arte Contemporáneo; es decir, se encuentra cerca del casco antiguo, en su parte noreste. Si uno se satura de historia o se agota de tanta visita cultural, nada mejor que tomarse un respiro en el parque, de un intenso y húmedo color verde.

No obstante, y pese a que no se inauguró hace mucho, en el verano de 1994, también allí se respirará ese pasado teñido de religión que caracteriza la ciudad. Y es que se asienta sobre una finca que antaño fue de los vecinos dominicos, incluyendo el cementerio de la orden; es más, se accede precisamente por el citado cenobio, con entrada entre los dos museos que acoge éste.

Son 30.047 metros cuadrados repartidos por la irregular orografía de la ladera del monte, sostenidos por muros sucesivos de esquisto, la piedra típica local, y divididos en tres zonas. Una, la más baja, era la huerta donde los monjes cultivaban hortalizas, legumbres, verduras, centeno y frutales, especialmente viñas ésto es Galicia, región vinícola-. Hoy está presidida por una escultura de acero de 17 toneladas denominada A porta da música (La puerta de la música), obra del artista donostiarra Eduardo Chillida.

Otra corresponde al camposanto, que actualmente es una zona ajardinada (las tumbas se trasladaron, obviamente, si bien al lado hay un cementerio privado perteneciente a la Cofradía del Rosario) y ofrece espléndidas panorámicas del casco urbano compostelano. Un muro de piedra, como decíamos antes, la separa de la tercera, donde antaño había un robledal y, posteriormente, se explotaron una pequeña mina y un lavadero; también fue aquí donde se instaló la primera antena radiofónica de Galicia.

El resultado final del Parque de Santo Domingo de Bonaval es mérito del arquitecto Álvaro Siza y la paisajista Isabel Aguirre pero son los visitantes los que avalan el trabajo y disfrutan de él. Así que a tenerlo en cuenta cuando se reserve el próximo vuelo a Santiago de Compostela.

Excursión a Ostia, el antiguo puerto de Roma

martes, 3 de abril de 2018 Comments off

Hay mucha gente que piensa que la antigua Roma tenía como defecto fundamental estar aislada del mar, al tratarse de una ciudad interior, y que eso la privaba de todos los beneficios comerciales que conlleva el tráfico marítimo. Sin embargo, eso es una verdad sólo a medias porque el hecho es que la capital del Imperio, y antes de la República, tenía un puerto. Se llamaba Ostia Antica y estaba en el litoral del Mar Tirreno.

Ostia Antica se encuentra a 23 kilómetros de Roma pero desde su mencionado puerto los barcos podían acceder al río Tíber y remontar su curso hasta allí (y viceversa). De hecho, es algo que se hacía desde muy atrás en el tiempo, hasta el punto de que se considera al rey Anco Marcio el fundador desde ese lugar como la que sería la primera colonia romana, allá por el siglo VII a.C. Por entonces el objetivo era más bien militar, protegerse de una posible invasión vía fluvial, si bien el poderío de Roma terminaría siendo disuasorio, por lo que acabó por imponerse el uso comercial.

De esa forma, Ostia fue creciendo. Tiberio engrandeció arquitectónicamente la ciudad y construyó una nueva dársena que luego Claudio mejoró. Más tarde, Trajano mandó ampliar la infraestructura e incluso hacer un segundo puerto, por lo que los ciudadanos del Lacio contaban con varios equipamientos en ese sentido, siendo los dos más destacados los llamados Portus y Centum Cellae (Civitavecchia). Sin embargo, tras un par de terremotos, la caída del Imperio y la llegada del Medievo, Ostia empezó a declinar y la piedra de los embarcaderos se retiró para destinarla a otras construcciones, incluyendo la Torre de Pisa.

En el siglo XIX se iniciaron las primeras excavaciones arqueológicas, que sacaron a la luz buena parte de las antiguas estructuras, y en los años treinta del siglo XX hasta se acometió un programa de restauración que revivió la localidad con el nombre de Lido de Ostia, con playa, carreteras, plazas, barrios residenciales de nuevo cuño, ferrocarril y un balneario. Posteriormente se añadió el Aeropuerto de Fiumicino.

Hablando de aeropuertos, si se toma un vuelo a Roma y ya se conoce o básico de la capital italiana una buena opción podría ser realizar una excursión a Ostia. A pesar de la decadencia experimentada y el saqueo de su patrimonio monumental, todavía tiene un montón de cosas que ofrecer a un visitante: desde el teatro al llamado Foro de las Corporaciones, pasando por viviendas, termas, templos, el thermopolium (una taberna), la Casa de Diana, una fortificación, mosaicos, estatuas…

Hay varias empresas que organizan visitas pero si se prefiere ir por libre hay un tren suburbano que hace el trayecto y el billete no es caro, unos 6 euros. El recorrido por el lugar dura menos de 3 horas.

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Una excursión gaucha desde Buenos Airres a un rancho típico

viernes, 30 de marzo de 2018 Comments off

Es de suponer que quien reserve un vuelo a Buenos Aires seguramente lo haga por razones turísticas y que, dada la larga distancia, probablemente sea la primera vez que visita la capital argentina. Si es así, lo más recomendable es que se centre en descubrir las maravillas urbanas de los barrios tradicionales y el centro, para poder hacerse una idea básica del lugar.

Ahora bien, si el visitante ya conoce la ciudad o tiene previsto estar bastante tiempo, quizá podría probar algo nuevo y diferente que no se circunscribiese a recorrer calles, museos y monumentos. ¿Una sugerencia? Hay muchas posibles, por supuesto, pero en este caso vamos a decantarnos por realizar una excursión de un día al medio rural para visitar una hacienda. Una excursión gaucha, como las llaman allí.

Los gauchos eran los habitantes de las llanuras (no sólo argentinas sino también de los países adyacentes como Uruguay, Bolivia, Paraguay y Brasil), la versión sudamericana de los cowboys estadounidenses. Hábiles jinetes por su dedicación al pastoreo de los grandes rebaños de ganado bovino que pastaban en esos hábitats, se perfilaron como peones rurales abandonanado su seminomadismo a medida que avanzó el siglo XIX pero manteniendo hoy el interés de etnólogos y antropólogos.

Las excursiones a la campiña argentina recorren las pampas en un autobús hasta llegar a la estancia correspondiente (estancia es el nombre genérico que se da allí a los ranchos). Es habitual recibir una bienvenida con viandas típicas (empanadas, vinos…) para después pasar a visitar el sitio y ver cómo es el trabajo diario en el lugar. Ello significa asistir a los cuidados de las reses y dar una vuelta por el campo, bien a caballo, en carruaje o incluso en tractor.

A mediodía se regresa a la casa para comer a base de productos cárnicos a la parrilla, no faltando a buen seguro los chorizos criollos, las salchichas y las costillas. El banquete se remachará con el clásico mate, una infusión de yerbas que puede acompañarse de dulces. Esas horas se amenizarán con un espectáculo folklórico con danzas y canciones entre las que se intercalarán demostraciones de habilidad de los gauchos con las boleadoras (un artilugio que lanzaban para atrapar las reses enganchándoles las patas) y otros ejercicios relacionados con su oficio y la equitación.

Por la noche, al acabar la jornada el autobús lleva de vuelta al cliente a Buenos Aires, a veces con cena incluida. El precio de este tipo de actividades suele incluir todo, desde el transporte a la barbacoa, pasando por el paseo a caballo, las consumiciones, etc. Es toda una experiencia.

Religiones y espiritualidad en el British Museum

martes, 27 de marzo de 2018 Comments off

¿Interesado en cómo concebían la espiritualidad y el mundo divino otros pueblos a lo largo de la Historia? Pues el British Museum da respuestas a este fascinante tema mediante una interesante exposición temporal inaugurada el pasado mes de noviembre y para cuya visita todavía hay un par de semanas largas, ya que no concluye hasta el 8 de abril. O sea que si alguien ha reservado algún vuelo a Londres para pasar las vacaciones de Semana Santa en la capital británica ya puede apuntar un plan más en la agenda.

La muestra se titula Living with gods peoples, places and worlds beyond (Vivir con dioses: pueblos, lugares y mundos más allá) y su curadora, Jill Cook, la ha organizado en colaboración con la BBC y Penguin Books basándose en un popular programa de radio que presentaba el director del museo, Neil MacGregor.

Las creencias en mundos más allá de la naturaleza son algo típico y habitual en todas las sociedades humanas. Esta exposición proporciona una perspectiva de lo que hace que creer constituya una parte vital del comportamiento humano. El matiz está en el cómo en vez de en el qué. El ver cómo la gente cree, en lugar de considerar lo que cree, sugiere que el ser humano puede tener una inclinación natural a confiar en la existencia de mundos y seres trascendentes.

Las historias, objetos, imágenes, iconografía, oraciones, meditación y rituales pueden proporcionar bases para que las personas puedan lidiar con las ansiedades sobre el mundo y ayudar a formar vínculos sociales fuertes. Esto, a su vez, ayuda a que nuestras vidas estén bien ordenadas y sean comprensibles. Por eso Living with gods peoples, places and worlds beyond incluye una selección de objetos religiosos procedentes de todos los rincones del mundo y todas las épocas, empezando por una escultura prehistórica teriomorfa (mitad hombre mitad animal) conocida como el Hombre-León que está considerada la prueba más antigua de prácticas metafísicas.

Las diferentes áreas del evento muestran temas clave en las creencias. Por ejemplo, la importancia de la luz, el agua y el fuego se revela vinculada a la idea de que la experiencia religiosa está condicionada por nuestros sentidos. Los objetos reflejan cómo las personas se conectan al mundo del más allá a través del entorno natural o en espacios especialmente construidos. Otros objetos ponen de manifiesto el poder de la oración, la importancia de los festivales y la peregrinación, y la vivencia de experiencias vitales clave, como el nacimiento, la madurez, el matrimonio y la muerte. También se explora la larga historia de conflictos y coexistencias entre diferentes religiones y creencias.

El más famoso museo de Londres suma así un motivo extra para hacerle una visita que, de todas formas, debería ser obligada por la cantidad y calidad de sus colecciones.

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La fiesta barcelonesa de Sant Josep Oriol

viernes, 23 de marzo de 2018 Comments off

La mayoría de los que reservan algún vuelo a Barcelona lo hacen con al idea de visitar, fundamentalmente, el centro urbano o, en todo caso, alguno de los atractivos algo más alejados como el Tibidabo, porgamos por caso. Ahora bien, aunque lo que suele llamar la atención de esos sitios son los estilos arquitectónicos medievales y modernista, rebosan interés suficiente como para derrocharlo de otras muchas formas y un buen ejemplo de ello es la fiesta mayor que se celebra en el barrio del Pi durante la primavera.

Concretamente tiene lugar del 17 al 15 de marzo y constituye un homenaje a San Josep Oriol o San José Oriol, que fue un sacerdote español oriundo de la ciudad condal que dedicó su vida al cuidado de los enfermos en la Roma del siglo XVI. El escenario, como decimos, es el citado barrio, que se ubica en el distrito de Ciudat Vella, en pleno casco histórico: una parte de esos casi cinco kilómetros cuadrados, que incluyen la Barceloneta, el Barrio Gótico, el Raval y San Pedro, Santa Catalina y la Rivera, corresponden a Pi, caracterizado por la plaza homónima, la iglesia parroquial y, sobre todo, el famoso Mercado de la Boquería.

Todo empieza el primer sábado con el clásico repique de campanas anunciadores del evento y el correspondiente pregón, que este año 2018 tiene en Emili Boada i Rovira, un comerciante de la zona, al encargado de leerlo; el pregonero. Entonces es cuando empieza la fiesta propiamente dicha. Primero, con una recreación del milagro que protagonizó San José Oriol al transformar las rodajas de un rábano en dinero para pagar la cena de su compañero de viaje. Por supuesto, las monedas de chocolate asumen un papel especial estos días, tanto en ese momento como en otros posteriores en los que la infancia tiene el protagonismo.

Tras las monedas llegan las sardanas. El baile folklórico más típico de la región correrá a cargo de la Cobla Sant Jordi-Ciudat de Barcelona. Y de un tipismo a otro: esa tarde no faltarán los castellers de la ciudad y de Cerdanyola, que ya de noche darán paso a la representación del Retablo de Sant Josep Oriol.

El domingo animales de toda Cataluña cvan a acompañar al Lleó y la Mulassa barcelonesa. Seguirá habiendo actos esos días pero el gran momento se retomará de nuevo al acercarse el fin de semana siguiente, empezando el jueves por una charla en la Casa de los Entremeses y continuando el viernes, que es la onomástica del santo y se sucederán un pasacalle infantil, los cada vez más habituales cuentacuentos y el oficio de fiesta mayor con el Baile de los Gigantes originales y el canto de los Gozos de Sant Josep.

Los gigantes masculinos de Ciudat Vella serán los que abran los actos del sábado con el tradicional Paseo de los Oriols, otro de esos momentos en los que menudean las monedas de chocolate para culminar la ofrenda floral. A mediodía llegará la actuación deel Esbart Catalá de Dansaires y, al caer la tarde, entre juego y juego, será el turno de los populares Atracos de Perot lo Lladre, una remembranza del famoso ladrón Perot Rocaguinarda, cuyas correrías tuvieron lugar entre los siglos XVI y XVII y fueron reseñadas por Cervantes en la segunda parte de El Quijote. La jornada se remata con verbena nocturna.

Por último, el domingo toca despertarse a ritmo de los gralleros y tamborileros en un pasacalles especial en el que toman parte leones de toda Cataluña con el objetivo de celebrar los veinticinco años de la recuperación del Lleó de Barcelona. Otra vez gigantes y el Cavall dels Nebot, procedente de Riudoms y la mayor bestia de la comunidad, completarán ese pintoresco cuadro que es una auténtica muestra de cultura popular.

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Una visita al Museo Canario de Las Palmas

miércoles, 21 de marzo de 2018 Comments off

Una de las grandes bazas de Gran Canaria es que se puede visitar en cualquier época del año. Y, frente a lo que muchos creen, la oferta turística y cultural de la isla es mucho mayor que la limitación estereotipada de sol y playa. Especialmente en la capital, Las Palmas, donde hay muchas cosas que uno puede hacer y conocer.

Buen ejemplo de ello sería, pongamos por caso, el Museo Canario. Su origen se remonta ya a 1879, año en que nació como sociedad científica de la mano del Dr. Gregorio Chil y Naranjo junto a la del historiador y notario Agustín Millares Torres. En su sede, domiciliada en el número 2 de la calle Doctor Verneau, en el barrio de La Vegueta, expone una colección monográfica permanente sobre los aborígenes canarios: desde herramientas en industria lítica y ósea a terracotas, pasando por arte (como el célebre ídolo de Tara) y restos orgánicos, tanto humanos como animales.

También conserva la colección de fondos documentales más importante sobre las Islas Canarias, incluyendo el Archivo de la Inquisición Canaria o el fondo documental de la Casa Fuerte de Adeje, aparte de una treintena de colecciones privadas más, con mención especial para la del escritor Benito Pérez Galdós (que era natural de Las Palmas). También de instituciones y empresas, así como colecciones cartográficas y fotográficas.

Además tiene una interesante biblioteca con incunables del siglo XV y otros libros raros, que está ampliándose continuamente con cuanto se publica acerca del archipiélago, y una hemeroteca que recopila un millón de ejemplares de periódicos y revistas, abarcando desde la primera publicación de ese tipo en 1762 (Correo de Canarias) hasta la actualidad.

La última adquisición, anunciada días atrás, es una colección de seiscientos pasquines cinematográficos, de los que antaño servían para publicitar las películas de estreno, donación de Josefina y María de los Ángeles Domínguez Mujica. Cronológicamente corresponden a los las décadas transcurridas entre 1940 y 1970.

En suma, tomar un vuelo a Gran Canaria y acercarse al Museo Canario es una fascinante forma de traspasar el umbral de una puerta a otra época en la que contemplar la vida, costumbres e imagen general de las islas en el pasado.

IMAGEN: Florival en Wikimedia Commons, CC BY 2.5

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La Semana Santa de Alcalá de Henares

lunes, 19 de marzo de 2018 Comments off

No hace falta ser religioso para disfrutar de las celebraciones de Semana Santa que en estas fechas empiezan a calentar motores para el pistoletazo de salida del Domingo de Ramos y que los días 29 y 30 de este mes de marzo de 2018 tendrán sus jornadas grandes. Lo que sí puede ser un problema, aunque benditos problemas, valga el doble sentido, es elegir en qué rincón de España vivirla. Aquí hemos ido viendo muchos sitios y hoy vamos a prestar atención a la provincia de Madrid y, más concretamente, a Alcalá de Henares.

La Semana Santa de alcalá de Henares está catalogada como Fiesta de Interés Turístico Regional, aunque el Ayuntamiento y las cofradías trabajan para ampliar esa calificación al ámbito nacional. Heterogénea y ecléctica, reúne lo mejor de cada tradición con ejemplos de cofradías de tradición castellana y andaluza reflejadas en un estilo propio cuya principal característica, lo que podríamos llamar su elemento distintivo, acaso sea la atención que presta a la música.

Cuenta a su favor con el patrimonio y artístico de la ciudad, que ya de por sí atrae a muchos visitantes españoles y extranjeros, y que se convierte en escenario perfecto para los eventos típicos de la fecha. Ahora bien, éstos se enriquecen con varias las actividades extras que se organizan como complemento de las procesiones, debidamente anunciados en un programa que, para dar a conocer lo que oferta, se ha plasmado en doce mil pasquines de mano y ocho mil revistas repartidas tanto por las cofradías como por la Oficina de Turismo.

Dicho programa incluye las procesiones de las nueve cofradías y hermandades existentes, que aglutinan a unos cuatro mil miembros, la última de las cuales (la de Jesús Despojado) es muy joven, fundada en 2016, en agudo contraste con la más veterana (la de La Soledad), que remonta sus raíces al año 1508. Pero, además, reseña el tradicional Ciclo de Conciertos de Música Coral, con la participación de la Coral Alcalaína Pueblos de España, la Schola Cantorum Alcalá de Henares, Lírica Ciudad de Alcalá, Sociedad Lírica Complutense, la Coral Polifónica Complutense y el Coro Lírico Miguel de Cervantes.

Asimismo, habrá una exposición fotográfica de ciento veinte imágenes temáticas que lleva por significativo título Los pasos del cofrade y que se podrá contemplar del 21 de marzo al 22 de abril en el Hospital de Santa María la Rica. Y no hay que olvidar la serie de actos litúrgicos a celebrar en la Catedral, con bendición de ramos y palmas, viacrucis y misas varias.

Cerca de cien mil personas asisten cada año a la Semana Santa complutense, lo que puede ser un indicativo del interés que tiene y una idea para reservar algún vuelo a Madrid (menos de treinta kilómetros separan ambas ciudades) con el objetivo de conocerla de cerca.

IMAGEN: Pixabay

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