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La estatua de la Libertad

Jueves, 30 de julio de 2009

liberty La estatua de la Libertad

El pasado 4 de julio en Nueva York no sólo se celebró la fiesta nacional por excelencia. También hubo regocijo por la decisión de la administración Obama de reabrir el acceso público al interior de la estatua de la Libertad, cerrado por seguridad desde el fatídico 11 de septiembre de 2001. Así que es el momento de aprovechar alguno de los vuelos baratos a Nueva York que abundan en el mercado y conocer los secretos de Miss Liberty. Aquí te desvelamos algunos.

Como es sabido, esta estatua fue un regalo de Francia a EEUU para conmemorar el centenario de su independencia, por iniciativa del jurista Edouard de Labourlaye. El escultor galo Frederic-Auguste Bartholdi la creó utilizando a su madre como modelo para el rostro, y desde el primer momento eligió el puerto neoyorkino como emplazamiento, mirando a Europa. El arquitecto Gustave Eiffel, el autor de la Torre parisina, se ocupó de diseñar el armazón interno de hierro.

La figura cruzó el Atlántico en piezas que se montaron a lo largo de un año sobre un pedestal afianzado sobre los cimientos del fuerte Wood, un viejo bastión de artillería que había en la isla Bedloe. Este estrado se financió con aportaciones populares hábilmente impulsadas por el magnate de la prensa Joseph Pulitzer, que de paso incrementó las ventas de sus periódicos.

Durante cien años, desde el 28 de octubre de 1886 (fecha de la inauguración), hasta el 3 de julio de 1986 (en que se reabrió tras una completa restauración que duró un año), millones de personas han tenido ocasión de contemplar este declarado Monumento Nacional que, con sus 46 metros de altura (más otros 49 de la base), su corona estrellada (en lugar del clásico gorro frigio), su Declaración de Independencia bajo el brazo y su antorcha símbolo del Siglo de las Luces (sustituida en 1985 por otra, puede verse en el vestíbulo), se utilizó como faro hasta 1902. Una curiosidad: recientemente Nueva Jersey ha reclamado judicialmente que la isla está en su parte del río Hudson y, por tanto, en su jurisdicción.

Para subir hasta la cabeza, máxima cota abierta al público, hay un tope de 240 personas diarias en grupos de diez. Así pues, tendrás que madrugar y armarte de paciencia. Quizá debas visitar la ciudad más de una vez para conseguir plaza.

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