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El Palacio de Pedralbes

jueves, 10 de diciembre de 2009

vuelos baratos a Barcelona

Antes de que acabe 2009 queremos recordar una pequeña efeméride que cumple 90 años. Se trata de la entrega a la Corona del Palacio de Pedralbes. Un regalo de Cataluña a los reyes, entonces representados por Alfonso XIII y su mujer Victoria Eugenia, para que dispusieran de una residencia en sus viajes a la región. Lo encontrarás en la Avenida Diagonal número 686 si tomas uno de los muchos vuelos baratos a Barcelona, aunque sólo podrás verlo por fuera porque el interior, salvo un ala, está cerrado al público.

El edificio tiene su origen en una masía (Can Feliú) ubicada en la finca de 30.000 metros cuadrados, lindante con el Monasterio de Santa María de Pedralbes, que el conde Eusebi Güell adquirió en 1862. El arquitecto Joan Martorell recibió el encargo de hacer un palacete y así lo llevó a cabo, con un peculiar y sencillo mestizaje estilístico entre indiano y neoclásico. Más tarde Gaudí aportó también su mano con el diseño de una fuente modernista.

En 1919 los Güell decidieron donárselo a Alfonso XIII como agradecimiento por la concesión del título de conde a su familia décadas atrás. Un año después empezó a reformarse para adecuarlo a su nueva categoría, dejándolo con el aspecto actual: un cuerpo central de cuatro pisos con la capilla neogótica original detrás y dos alas curvadas, con una fachada novecentista atravesada por galerías de columnas y un interior que presenta gran mezcolanza estilística. De esa época se conserva aún el trono, tapizado en rojo y sostenido por leones dorados. La boda de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarín en 1997, con un millar de invitados, puede considerarse un guiño a otros tiempos.

En 1924 pasó a ser oficialmente Palacio Real, clasificación que perdió en 1931 cuando se proclamó la República y pasó a manos municipales. Declarado Monumento Histórico Nacional, el Ayuntamiento de Barcelona instaló entre sus paredes un Museo de Artes Decorativas (1932) que acogía muebles de diversas casas nobles de Barcelona y se mantuvo hasta 1937, cuando la Guerra Civil interrumpió la vida normal de los españoles.

Luego volvió a abrirse y en 1990 se le añadió el Museo de Cerámica, con piezas alfareras árabes y tradicionales compartiendo espacio con otras modernas de Picasso y Miró. Estos dos museos ocupan la única ala visitable junto con el jardín, obra del paisajista francés Jean Claude Forestier pero con importantes arreglos de Nicolau María Rubió i Tudiri: una zona verde que aprovechó parte de la vegetación ya existente y tiene detalles populares, como los simples tiestos que rodean el estanque. En total 7,28 hectáreas detrás de las cuales está el resto de la finca Güell, separada por una verja negra en cuya puerta está esculpido en hierro forjado un dragón rampante; firma Gaudí.

Si tienes tiempo, tras tu vuelo puedes acercarte a esta zona residencial de alto nivel y disfrutar paseando por los senderos y vericuetos de los jardines.

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