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Los barrios de Sevilla: Triana

jueves, 7 de enero de 2010

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¿Echando un ojo al buscador de vuelos, tú que puedes disfrutar de un macro puente desde Reyes? Retomando el análisis de los barrios de Sevilla te proponemos un tapeo por Triana.

Triana, que debe su nombre al emperador romano Trajano, nacido en la vecina Itálica, es uno de los arrabales más antiguos de Andalucía. Zona tradicional, marinera, humilde, se desarrolló en paralelo al curso del Guadalquivir. Durante muchos años se caracterizó por ser el lugar de residencia de los gitanos sevillanos con lo que, aunque parezca un tópico, fue cuna de toreros y cantaores: la leyenda dice que el agua que hay en la pila del baptisterio de la iglesia de Santa Ana (siglo XIII pero reformada posteriormente) es la que confiere a los hijos de los fieles el don del arte flamenco. También en esta orilla se alzaban el castillo de San Jorge, sede de la Inquisición, y la fábrica de Cerámica Santa Ana; ésta última aún funciona y vende sus obras de alfarería y los famosos azulejos pintados.

Originalmente, el barrio se comunicaba con el centro de la ciudad mediantes un puente de barcas tendido sobre el río. Entre 1845 y 1852 se lo sustituyó por el actual de Isabel II, construido en hierro por los ingenieros Gustavo Steinacher y Ferdinand Bennetot, y declarado Monumento Histórico Nacional en 1976; se lo conoce popularmente como Puente de Triana, a secas, y fue el primero fijo de la urbe, añadiéndosele luego el de San Telmo.

Los puentes dan a las plazas del Altozano y de Cuba respectivamente, nudos principales de una red de callejuelas que se enmarañan dando una imagen clásica, con casas blancas encaladas decoradas con azulejos y balcones floridos, y organizadas en torno a un patio comunitario, denominado corral de vecinos, que tiene su origen en la transformación de palacetes decimonónicos en viviendas para varias familias. Un ejemplo perfecto es la calle Rodrigo de Triana, bautizada en honor de uno de sus hijos preclaros: el marinero que avistó tierra americana por primera vez durante el viaje de Colón en 1492.

Calles típicas son también las de Betis y Castilla, que prácticamente se continúan paralelas al río y están repletas de bares y terrazas abarrotadas de turistas. En la primera te recomendamos probar el pescaíto frito de Las Flores. En la segunda puedes encontrar la célebre taberna Sol y sombra para tomar unas tapas de jamón, queso, adobo, tortilla de camarones, revueltos, rabo de toro o montaditos de pringá, acompañados de unas cañas o un vino tinto. También en ella se hallan la iglesia de la O y la capilla del Patrocinio, donde está el Cristo de la Expiación que los sevillanos llaman el Cachorro. Y no menos emblemática es la de la Pureza, cuya Capilla de los Marineros custodia la Virgen de la Esperanza de Triana, que procesiona el Jueves Santo.

Tienes muchos vuelos baratos a Sevilla para disfrutar de todo esto y regocijarte con ese gracejo andaluz que llama el Mechero a una capilla, la del Carmen, por su pequeñez. Triana pura, que decía aquel grupo musical.

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