El Teatro Colón de Buenos Aires
Durante estos días Argentina es el gran teatro del automovilismo en su versión más aventurera: el rally Dakar, obligado a abandonar África por seguridad, recorre ahora tierras del cono sur americano. Si eres aficionado y se da la circunstancia de que has aprovechado alguno de los vuelos baratos a Buenos Aires puede que tengas la suerte de coincidir con la llegada a meta, si no lo has hecho con la salida, ambas en la capital. Precisamente, hablando de teatros, uno fue testigo del paso de los automóviles: el centenario Teatro Colón.
Ubicado en la calle Cerrito, ocupa una manzana entera en la plaza Lavalle, entre Libertad y la avenida Nueve de julio. Se construyó para sustituir al antiguo Teatro Nacional (vendido en 1888 al Banco de la Nación Argentina) con la intención de inaugurarlo en 1892, para la celebración del cuarto centenario del Descubrimiento de América, de ahí su nombre. Sin embargo las obras se prolongaron durante más de veinte años y finalmente abrió sus puertas en 1908. El arquitecto Francesco Tamburini se encargó del diseño hasta su muerte, siendo sustituido por Víctor Meano, autor del Palacio del Congreso. Pero Meano también falleció asesinado en 1904 y tuvo que ser el belga Jules Dormal quien terminara los trabajos, aportando sus detalles al estilo ecléctico final del edificio, mezcla de neorrenacimiento italiano y barroco francés.
Originalmente tenía 8.202 metros cuadrados que se fueron incrementando sobre y bajo tierra en sucesivas ampliaciones hasta alcanzar los 58.000 actuales. El hall de entrada tiene una bella escalera de mármol que sube a los palcos pasando por los salones Dorado (decorado con espejos a lo Versalles) y de los Bustos (galería con retratos escultóricos de músicos). Todos dan a la sala principal, una de las mejores del mundo en el aspecto acústico, en forma de herradura y con palcos hasta el tercer piso; su aforo es de 2.478 espectadores sentados y 700 de pie. Una gran cúpula con frescos de Raúl Sordi la remata a 28 metros de altura. En el subsuelo se localizan los talleres: sastrería, escultura, maquillaje, peluquería, decoración, ensayos, efectos especiales, fotografía, sonido, vídeo… También es sede del Instituto Superior de Arte y cuenta con una biblioteca especializada en música.
Pese a sus materiales nobles, a su prestigio y a la pléyade de grandes figuras que pasaron por sus tablas (Strauss, Stravinsky, Falla, Caruso, Callas, Domingo, Carreras, Pavarotti, Caballé, Pavlova, Nijinsky, Nureyev, etc), lo cierto es que el Teatro Colón ha tenido que superar malos momentos, como la crisis de finales de los años ochenta que paralizó su actividad, si bien supo alternarlos con etapas de brillantez.
Buenos Aires tiene atractivos de sobra para contentar a cualquier turista. Por eso, si has elegido conocer la ciudad merced a alguno de los muchos vuelos de bajo coste, no debe preocuparte el hecho de que el Teatro Colón esté ahora cerrado en proceso de restauración (cien millones de dólares se invertirán). Además, se prevé reabrirlo en mayo, coincidiendo con la celebración del bicentenario de la República Argentina.
