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Parque Natural de los Montes de Málaga

jueves, 28 de enero de 2010

vuelos baratos a Málaga

Si eliges alguno de los vuelos baratos a Málaga, a escasos 5 kilómetros al norte de la ciudad puedes empezar el año disfrutando de un auténtico pulmón natural de 4.900 hectáreas en el que es posible disfrutar de flora, fauna y de la huella humana reflejada en el modo de vida tradicional.

La historia de este paraje empezó siglos atrás, cuando se sustituyó el bosque mediterráneo autóctono que los cubría por plantaciones de viñedos. Aunque la nueva vegetación no fuera la idónea, el cambio resultó rentable económicamente para la zona y no alteró demasiado el equilibrio ecológico. Lamentablemente, todo se fue al traste durante el último cuarto del siglo XIX: en 1877 la plaga de la filoxera, presuntamente procedente de Francia, arrasó las vides de media España (en realidad de medio mundo) y Málaga no fue una excepción. Arruinados, la mayoría de los propietarios decidieron cambiar de cultivos y optaron por los que menos cuidados necesitaran. Así fue cómo los montes malacitanos se cubrieron de almendros y olivos.

Lo que nadie supo prever fue la desprotección del suelo, privado de matorrales. Las lluvias torrenciales típicas de Levante provocaron gravísimas inundaciones y corrimientos de tierra. Especialmente duras fueron las de 1906 y 1907, que afectaron a la cercana urbe y provocaron incluso muertos. Para paliarlo se acometió un plan de obras de canalización del río Guadalmedina, construcción de embalses y repoblación forestal, un largo proceso que tuvo su período álgido entre 1930 -expropiación de tierras para plantar- y 1948. La declaración como Parque Natural en 1989 fue la culminación de su protección.

Hoy, aprovechando uno de esos citados vuelos de última hora típicos del comienzo de año, podrás caminar por alguno de sus diez itinerarios intentando descubrir algún animal, cosa difícil porque no suelen dejarse ver dadas sus costumbres nocturnas: jabalíes, conejos, tejones, jinetas, búhos, águilas culebreras… En cambio se puede visitar el Museo Antropológico, instalado en una típica casa de labranza, una de las pocas bien conservadas del centenar escaso registrado desde 1928. Estas casas eran construidas por sus habitantes con una distribución en torno a la cocina y solían compartirla varias familias que hacían su vida en el hogar, comiendo gazpacho, migas o gachas y cantando verdiales y maragatas: las primeras son cantos de origen morisco para bailar por parejas o tríos (en este segundo caso el hombre trata de no dar nunca la espalda a las mujeres mientras ellas hacen lo contrario), mientras que en las segundas dos parejas de la mano van cruzándose mientras los demás cantan y palmean a su alrededor rimas desenfadadas y alegres.

Pero hablábamos del museo, del que hay que destacar el lagar donde se muestra el proceso de elaboración del vino (pisado de la uva con suelas de esparto, prensa de huso, fermentación en tinajas y conservación en barricas de roble) y la almazara, molino de piedra tirado por burros para prensar las aceitunas y extraer el aceite de oliva.

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