El Pont Neuf de París
El próximo domingo 14 de febrero es San Valentín, el día de los enamorados. Si alguien está pensando alguna manera de sorprender a su pareja permítasenos una idea: pocas cosas hay más románticas que pasar estas fechas en París aprovechando alguno de los vuelos de bajo coste de tan fácil acceso en la actualidad. La Ciudad de las luces lo es también del amor, por excelencia, y sus habitantes son tan conscientes de ello que ese domingo envían a una dirección de Internet hermosos mensajes que luego son publicados en rótulos digitales colocados en las calles.
Una de las visitas parisinas más apropiadas quizá sería al Pont Neuf, evocando aquella película de Leo Carax (Los amantes de Pont Neuf, 1991) en la que Juliette Binoche y Dennis Lavant interpretaban a dos mendigos alcohólicos que tenían en dicho puente el escenario de su tormentosa relación (y nunca mejor dicho lo de escenario, pues se rodó en un decorado). El filme redescubrió para la capital este monumento que, pese al nombre (Neuf=Nuevo), es el más antiguo de la capital francesa, además del de mayor longitud: 232 metros que conectan las dos orillas del Sena a través de la Ille de la Cité con dos tramos de 7 y 5 arcos decorados con 385 mascarones. También fue el primero construido en piedra -granito- y descubierto, pues los anteriores eran de madera y tenían techo.
Se erigió a instancias de Enrique III, que quería sustituir las precarias pasarelas de madera que había en el siglo XVI. El 31 de marzo de 1578 colocó la primera piedra en presencia de su madre, Catalina de Médicis, iniciando unas obras que se prolongarían durante más de diez años a causa de la suspensión temporal que produjeron las Guerras de Religión. El hermano del monarca, Enrique IV, fue el que les puso término convirtiéndose al catolicismo para poder subir al trono (“París bien vale una misa” es la frase que dejó para la posteridad), recuperando el proyecto y dándole el empujón definitivo con la contratación del ingeniero Guillaume Marchand y la instalación además de una bomba de agua que llamaban la Samaritana, porque servía para abastecer al Louvre (que entonces era el Palacio Real) y los jardines de las Tullerías.
El puente se terminó en 1607 y el rey murió tres años después. En homenaje a su obra se le erigió una estatua ecuestre entre dos contrafuertes que fue destruida durante la Revolución Francesa; pero se sustituyó por otra del escultor Lemot en 1817 (de ahí el nombre de Puente Nuevo). Actualmente la escultura no sólo sigue allí sino que por una escalera se puede bajar a un pequeño parque llamado Square du Vert-Galant. Es uno de los atractivos de este peculiar sitio sobre el que antaño los comerciantes vendían sus mercancías (ponían sus puestos en los balcones semicirculares que hay sobre cada pilar) y la población en general celebraba espectáculos. Quizá por ello el artista Christo lo eligió para envolverlo en una tela plástica, como hizo con otros famosos monumentos y edificios, y el diseñador Kenzo decidió conmemorar la llegada de la primavera cubriendo de flores su calzada y sus aceras (fue el primer puente que contó con ellas), inicando lo que hoy ya es una tradición anual. No hay puente más relacionado con el arte; al fin y al cabo el mismísimo Auguste Renoir había plasmado su imagen en uno de sus lienzos impresionistas.
¿Hemos convencido con nuestra propuesta? Entonces está claro qué debe hacer quien esté seducido por la idea de viajar a Francia; hay muchos vuelos baratos a París donde elegir.
