Crimen y castigo en el Museo de Orsay
No es sólo el título de una novela de Dostoievski. Es una realidad que se puede ver y disfrutar -o sufrir- hasta el 27 de junio en el Museo de Orsay si se reserva alguno de los muchos vuelos baratos a París: una retrospectiva sobre el mundo del crimen, la dualidad entre el Bien y el Mal o la apliación implacable de la Ley sin ahorrar horrores explícitos, de ahí las advertencias previas sobre la posibilidad de herir la sensibilidad del espectador.
Se trata de un viejo proyecto de Robert Badiner, ministro de Justicia con Miterrand. Él fue el responsable de abolir definitivamente la pena de muerte en Francia en 1981, convirtiendo ese año en el punto final de la revisión que hace la exposición. El inicial se remonta a los tiempos de la Revolución Francesa, cuando el período conocido como el Terror hizo de la guillotina el símbolo nacional unificador de la muerte para todas las clases sociales, desde la familia real de Luis XVI a los jacobinos inicialmente acussadores como Robespierre. De hecho una de las piezas estrella de Crimen y castigo es precisamente la última guillotina que se utilizó legalmente hasta 1977.
En ese turbulento final del siglo XVIII se sitúan también algunos asesinatos que encabezan la que sería una larga lista. Le Peletier Saint Fargeau murió por votar a favor de la ejecución del rey; Marat cayó fulminado por Charlotte Corday… El XIX no se quedó atrás en homicidios pero en él aparecieron los primeros intentos por dar una explicación científica a los criminales: la citada dualidad o las características biológicas del individuo, por ejemplo. También en esa centuria aparecen los medios de comunicación como altavoces de los casos más truculentos mientras la Justicia sigue en su papel vengador. Luego, el XX aporta algunos de los nombres más conocidos de la historia negra, como Landrú.
Crimen y castigo presenta al público de París una vedadera colección de horrores en diversos formatos: fotografías de ejecuciones, el mencionado invento del dr. Guillotin, máscaras mortuorias de las cabezas cortadas, documentación gráfica de escenarios criminales, portadas de periódicos de época… Una de las vertientes es la artística, con cuadros de Goya, Daumier, David, Picasso, Munch, Sickert, Gericault y otros muchos que hicieron de sus lienzos un auténtico catálogo de brutalidad. Pero no es sólo la pintura. Habrá un ciclo de películas del género con títulos clásicos como Monsieur Verdux (Chaplin), La soga (Hitchcock), Scarface (Hawks) y la inolvidable aportación española de Berlanga (El verdugo); se incluyen documentales como el Queridísimos verdugos de Martín Patino. La parte más sorprendente y original, sin embargo, puede ser la musical: un ciclo de conciertos con obras como Historia de un soldado -recitada por Fanny Ardant- y otras de Hindemith, Berlioz, Saint-Saëns, Strauss, Ravel, Stravinsky, etc.
Puede ser morboso pero también interesante conocer este aspecto de la historia francesa reciente. Para ello, consultar el buscador de vuelos.
