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Festival de Tango 2010 en Buenos Aires

Jueves, 26 de agosto de 2010

shutterstock 38413387 Festival de Tango 2010 en Buenos Aires

Aún hay vuelos de última hora para viajar a Buenos Aires y disfrutar de un evento multitudinario, con afluencia de visitantes de todo el mundo: el Festival de Tango 2010, que se inauguró el pasado día 15 en el Teatro Avenida y concluirá el próximo martes 31 con una gran milonga al aire libre.

El mayor festival mundial de este peculiar género musical cuya creación se disputan la capital argentina, Rosario y Montevideo pero que alcanza su más honda representación en los barrios porteños de Boca, San Telmo y El Abasto, ofrece una serie de actividades paralelas: clases, conciertos, ciclos de cine, mesas redondas… Sin embargo, es la competición de parejas -en sus respectivas categorías, como Tango de salón, de escenario o Milonga- la que atrae una atención especial, al menos al medio millar largo de personas que compraron entrada para la final hace ya más de mes y medio. No obstante, es posible asistir a espectáculos del programa por diversos escenarios de Buenos Aires, entre ellos La Casa del tango, el bar 36 Billares, la Confitería Hotel Castelar, el bar La Violeta y otros. Y quien prefiera lanzarse a probar sus dificilísimos pasos puede hacerlo en el medio centenar de milongas que se reparten por la ciudad.

El tango es un producto de la fusión cultural y étnica de los inmigrantes que fueron recalando en los arrabales porteños. Aunque hunde sus raíces en el siglo XVIII sería la siguiente centuria la de su nacimiento propiamente dicho para llegar a la eclosión a principios del XX, cuando fue levantada la prohibición -inútil- que había sobre él por incitar a la lujuria. Y la apoteosis fue hace poco, en diciembre de 2009, con la declaración como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por parte de la UNESCO.

El plan parece claro para este fin de mes: reservar alguno de los vuelos a Buenos Aires, calzar zapatos de tacón, vestir medias de rejilla o camisa negra y sombrero y zambullirse a la sensualidad, el desamor y el lunfardo al son de bandoneón, violín y cello. El blues en versión latina. Como dijo uno de sus máximos representantes, Enrique Santos Discépolo: “Un pensamiento triste que baila”.

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