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El cementerio de Père-Lachaise

lunes, 25 de octubre de 2010

vuelos baratos a París

Como es sabido, mucha gente empieza Noviembre visitando la tumba de sus seres queridos fallecidos. Hace años hubiera resultado raro, estrambótico, blasfemo quizá, pero hoy en día los cementerios tienden a despojarse de la severidad exclusiva del luto y se abren como espacios públicos. En ese sentido París es una ciudad privilegiada porque no sólo posee varios camposantos sino que tres de ellos son auténticas atracciones turísticas, con planos a disposición del visitante indicando la localización de las tumbas de los famosos.

De ese trío de ases que forman Montmartre, Montparnasse y Père-Lachaise es este último el más grande, completo y atractivo, no sólo por sus sepulcros sino porque en la práctica es el mayor parque de la ciudad después de Boulogne y Vicennes. Fue creado a principios del siglo XIX para poder inhumar a todos los parisinos, más allá de su condición económica o social. Por entonces, siguiendo la nueva normativa de la época de enterrar a los muertos fuera del casco urbano, Napoleón encargó al arquitecto Théodore Bronniart que diseñara una nueva necrópolis en las afueras, si bien la entrada principal y la iglesia correrían a cargo de Etienne-Hippolyte Godde. Se le dio el nombre del confesor de Luis XIV, que había alcanzado prestigio por su defensa del catolicismo frente a la corriente jansenista. Pero la inauguración, en 1804, no tuvo el éxito esperado: las clases acomodadas se resistían a llevar los cuerpos de sus allegados tan lejos.

Hubo que recurrir a la astucia y se trasladaron los restos de algunos personajes célebres como Moliére, La Fointaine y la pareja medieval Abelardo-Eloísa. Así fue cómo se empezó a aceptar al cementerio, hasta el punto de que a lo largo del siglo hubo que someterlo a varias ampliaciones hasta alcanzar las 93 hectáreas. Hoy en día muchos turistas -2 millones al año- aprovechan los vuelos baratos a París para acercarse a este pulmón verde -cuenta con miles de árboles en su recinto- y buscar entre las 70.000 sepulturas las de sus personajes favoritos. La lista es casi interminable; los hay para todos los gustos, aparte de los ya mencionados: escritores (Apollinaire, Balzac, Camus, Colette, Comte, Proust, Signoret, Wilde), pintores (Corot, Daumier, David, Degas, Delacroix, Modigliani, Pisarro), músicos y cantantes (Piaf, Bizet, Callas, Chopin, Jim Morrison, Rossini), cineastas (Mélies), bailarinas (Isadora Duncan), políticos (Godoy, Negrín), intelectuales (Champollion, Thiers), etc.

Abundan los panteones neogóticos y los monumentos en memoria de fallecidos en avatares de la Historia, caso de los fusilados de La Comuna de 1871 o las víctimas del nazismo. Algunas tumbas son objeto de auténtica peregrinación, como la del cantante de The Doors Jim Morrison, pese a estar medio escondida y ser muy modesta; siempre está llena de flores y se ha optado por no repones su busto porque siempre acaba desapareciendo. Otras están vacías y sólo tienen la lápida, como la de María Callas, cuyas cenizas fueron esparcidas por el Mediterráneo. Y de algunas no se tiene la seguridad de que contengan los restos auténticos, caso del mariscal Ney. Si alguien quiere hacerse una idea no tiene más que entrar en la web oficial del camposanto para ver el recorrido virtual.

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