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La obra de Ingres, en El Prado

jueves, 28 de enero de 2016

vuelos a Madrid

No era puramente romántico ni puramente realista en sus conceptos; tampoco un neoclásico estricto. El francés Jean-Auguste-Dominique Ingres, de familia artista, tenía clara su vocación desde pequeño y se formó en ese sentido, teniendo, entro otros maestros, al mismísimo David. Al poco empezó a ganar premios, viajó a Roma para descubrir a Rafael y los renacentistas italianos y, tras un pequeño bache que coincidió con la caída de Napoleón, volvió por sus fueros triunfando en París.

A partir de ahí se convirtió en una figura nacional, llegando a ser senador e iniciando paralelamente una carrera musical como violinista. A su muerte fue enterrado en el cementerio e Pére-Lachaise y pasó a formar parte del panteón de genios de la historia del Arte, con sus obras repartidas por algunos de los museos y pinacotecas más importantes del mundo. Su obra trata tres temas fundamentalmente: el retrato, la Historia y el desnudo, con piezas destacadas de cada uno de ellos.

Ingres ha sido considerado una etapa en la evolución hacia las revoluciones artísticas de finales del siglo XIX y comienzos del XX, en una tendencia que continuó a Rafael y Poussin prologando a otras escuelas europeas decimonónicas e incluso al propio Picasso. Ése es el punto de partida tomado por el Museo del Prado de Madrid para la exposición monográfica que le dedica actualmente bajo el sencillo título de Ingres.

Se trata de una muestra en colaboración con el Louvre que se presenta en forma cronológica pero atendiendo también su compleja relación con los temas citados, desde la admiración que provocaban sus retratos a las reconstrucciones de grandes acontecimientos históricos, pasando por sus célebres odaliscas orientalizantes, típicamente románticas.

Los apartados concretos son: Retratos íntimos; Roma y los mitos; El desafío clásico; Troubadour; Ingres y el XIV duque de Alba; Mujeres cautivas; Nuevos retratos; La pintura religiosa; Suntuosa desnudez; y Últimos retratos. Entre los cuadros que se exhiben cabe mencionar especialmente El sueño de Ossian, La gran odalisca, el Retrato de Lousi-François Bertin, El baño turco, Napoleón bonaparte, primer cónsul, Napoleón en su trono imperial, Ruggiero libera a Angélica, etc.

Todo ello en las salas A y B del Edificio Jerónimos de la institución madrileña con fecha máxima hasta el próximo 27 de marzo, siempre que antes, si se vive fuera de la capitel, se busque algún vuelo a Madrid.

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