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Rousseau en el Museo de Orsay

viernes, 10 de junio de 2016

vuelo Paris

El Museo de Orsay vuelve a organizar una exposición de ésas que prometen convertirse en una referencia anual. Las inundaciones que asolaron Parías días atrás no parecen haber sido motivo suficiente de disuasión para interrumpir Le Douanier Rousseau. L’innocence archaïque (El Aduanero Rousseau. La inocencia arcaica), cuyo tema gira, como dice el título, en torno a la figura de Henri Rosusseau.

Aunque el nombre es sobradamente conocido, no lo es tanto el personaje: un pintor realmente singular que nació en el seno de una familia modesta y cuya formación fue autodidacta, como si de un artista permanentemente amateur se tratara pero que ha pasado a la historia del arte en el paso del siglo XIX al XX.

Como reseña también el título, Rousseau trabajó mucho tiempo en las aduanas de París -de ahí que sus amigos le llamaran el Aduanero– y no empezó a pintar hasta los cuarenta años, intentando aprender de pintores que le gustaban como Géròme o Bouguereau. En 1884 obtuvo autorización para hacer copias in situ en el Louvre, cosa que repitió en otros museos como los de Versalles o Luxemburgo.

Lo característico de Rousseau, sin embargo, es el desarrollo de su propio estilo, transformando el lenguaje académico en otro muy personal, aparentemente ingenuo e infantil pero muy coherente, fruto de lo que él mismo describía como «trabajo obstinado». Así consiguió convertirse en objeto de admiración de otros grandes maestros como Kandinsky, Picasso, Léger y los vanguardistas italianos y alemanes, por citar algunos, que estaban entusiasmados con sus obras.

Y es que Rousseau prescindía de las limitaciones de la perspectiva porque prefería transcribir una imagen mental al lienzo, aún cuando ello supusiera conferirle un tono arcaico; algo que, al fin y al cabo, entusiasmaba a sus incondicionales. Así que, mientras los expertos siguen debatiendo sobre si se trata del último hijo del XIX o el primero del XX, el Museo de Orsay ha decidido poner unas cuantas obras a disposición del público para que decida por sí mismo.

En realidad, la exposición se inauguró por primera vez el año pasado en el Palacio Ducal de Venecia pero desde el pasado 22 de marzo se puede contemplar en la capital francesa. Será hasta el próximo 17 de julio, buscando un vuelo a París y haciendo un hueco en la, a buen seguro, repleta agenda de visitas.

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