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Pedir un deseo en la Fontana de Trevi

lunes, 12 de septiembre de 2016

vuelo Roma

No cabe duda de que Roma es una de las capitales europeas más turísticas, todo un filón para aquellos que buscan arqueología, arte, monumentos, cultura u ocio chic. De hecho, hay tanto que ver, tamto que experimentar, que resulta bastante probable que una sola visita no baste más que para ver esas cuatro cosas consideradas imprescindibles (Coliseo, Vaticano, Foro, etc) o puede que ni eso. Por eso es casi inevitable tener que acabar buscando algún vuelo a Roma para regresar una segunda vez… o una tercera, o una cuarta.

Si hacemos caso a la vieja tradición -las tradiciones siempre tan presentes en la capital italiana-, hay una forma de garantizar que habrá una nueva visita: arrojar una moneda la célebre Fontana de Trevi y formular el deseo. Tampoco es un gran esfuerzo porque esa espléndida fuente barroca monumental que antaño era el punto final de un acueducto es uno de esos monumentos que hay que ver sí o sí; cosa fácil por otra parte, ya que ocupa una encrucijada en el centro de la ciudad.

La Fontana empieza su andar como tal en 1629, por orden del papa Urbano VIII, para sustituir a una anterior considerada demasiado modesta. Y nadie mejor que el famoso Bernini para llevar a cabo el encargo, aunque a la postre se limitó a hacer unos bosquejos y la autoría final, solventada mediante un concurso convocado ad hoc en 1730, correspondió a Nicola Salvi. Bien es verdad que no la llegó a terminar y la parte final fue obra de Giovanni Panini. No obstante, otros artistas colaboraron labrando sus esculturas de piedra, como Pietro Bracci o Filippo delle Valle. Los trabajos concluyeron definitivamente en 1762.

Cualquiera que recorra Roma a pie pasará tarde o temprano por allí. No tiene pérdida, no sólo por la citada ubicación céntrica sino también porque una auténtica multitud suele agolparse en sus balaustradas. Muchos, la mayoría, cumplen el ritual de la moneda y arrojan su euro (o su céntimo, que vale igual) con la esperanza de que la leyenda se cumpla y puedan volver algún día. En realidad habría que decir las monedas, en plural, puesto que se supone que habrían de ser tres, al parecer porque dos eran para garantizar amores y la tercera para el matrimonio. Claro que, puestos a ser estrictos, ese dinero debía ser arrojado por tres personas diferentes.

En cualquier caso, y con permiso de la crisis, la pileta recibe unos tres mil euros diarios que, multiplicándolos por el número de días del año, puede llegar a dejar una cantidad muy cercana al millón, dependiendo del año. Ese dinero se extrae periódicamente y se susa para financiar ayuda a los romanos sin recursos, de ahí que esté prohibido llevarse monedas de la fuente; hay multa para quien lo intente.

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