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Excursión marítima en Barcelona

martes, 24 de enero de 2017

Un vuelo a Barcelona, al menos si se hace con fines turísticos, lleva aparejada inevitablemente la visita a esa atractiva serie de monumentos modernistas que constituyen una auténtica seña de identidad local: la Sagrada Familia, la Casa Batlló, la Pedrera, el Parque Güell, etc. Luego, la estancia se completará conociendo un sinfín de posibilidades más, de las que cabe destacar, así de pronto, la Catedral, el Museo Marítimo, el Castillo de Montjuic, la Rambla, la estatua de Colón, el recinto de la Fira, el Nou Camp y mil cosas más.

Pero en una gran ciudad siempre existen alternativas de ocio y cultura que permiten ampliar la experiencia de conocerla, especialmente si se trata de una urbe costera; ya se sabe que el mar siempre ofrece un abanico de opciones variadas para el entretenimiento. Y Barcelona cuenta con un importante puerto, permitiendo zarpar de sus pantalanes en alguna embarcación para hacer una excursión naval. El benigno clima y la calma del Mediterráneo lo favorecen buena parte del año.

El pailebote Santa Eulalia, anclado en las Reales Drassanes porque es propiedad del Museo Marítimo, es la nave que usan los Reyes Magos para llegar a la ciudad condal y, aparte de ser visitable por dentro, organiza singladuras para que los jóvenes aprendan navegación, además de poder alquilarse para bodas. Es una opción interesante que permite terminar una jornada de forma didáctica, amena y relajada. Pero hay más.

En el puerto barcelonés también se puede encontrar la goleta Karya, construida en 2008 de madera según la tradición turca y con el diseño clásico de las que navegan por la parte oriental del Mediterráneo. La Karya hace excursiones de treinta y noventa minutos, y se alquila también para eventos variados como despedidas de soltero, bodas, convenciones de empresa, etc. Puede incluir música, comida, reportaje gráfico y visual…

Otra posibilidad, especialmente si se quiere cubrir más tiempo, es contratar una excursión en alguno de los veleros que hay para ello en el puerto. Se mueven por el litoral provincial, sin alejarse demasiado de la costa, durante un par de horas. la experiencia incluye fondear en un punto para darse un baño, aprender rudimentos náuticos, ayudar a desplegar las velas y llevar el timón o simplemente relajarse al sol sobre la cubierta. A bordo ofrecen un tentempié, aunque se puede pagar una comida bien en el barco, bien en tierra.

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