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Contemplar el florecimiento de los almendros en Ibiza

lunes, 30 de enero de 2017

A priori parece un sinsentido reservar un vuelo a Ibiza en pleno invierno, cuando no se puede disfrutar -o hay que mucha limitación para ello- de los puntos turísticos fuertes de la isla, a saber, sol, playas, piscina, fiestas estivales… Pero no lo es. Ibiza sigue siendo un atractivo destino incluso en estos meses y además es en ellos cuando ofrece momentos especiales al visitante.

Buen ejemplo de ello podemos encontrarlo precisamente ahora, desde finales de enero hasta mediados de febrero aproximadamente, en un mágico lugar de la zona noroeste insular: el valle de Santa Agnés de Corona. Se trata de un municipio pequeño y tranquilo, de población dispersa, donde pervive la tradición rural y se lleva una vida casi opuesta a la de febril actividad de los principales núcleos poblaciones costeros, en los que se concentran los visitantes.

Santa Agnés de Corona no se caracteriza por su patrimonio monumental o artístico, ya que apenas puede presentar una modesta iglesia no demasiado antigua, de 1812. Lo realmente interesante es su ubicación, en el Pla de Corona, una llanura situada en una zona protegida denominada Es Amunts. ¿Qué es lo que hay en ese lugar para recomendar verlo en la estación menos sugestiva del año? La respuesta es el florecimiento de los almendros, un tipo de árbol que se puede encontrar en toda Ibiza pero que allí reúne una cantidad especial de ellos al haber campos cultivados con esa especie.

Y, como sabemos, los almendros florecen precisamente en estas fechas, a caballo entre el final del período invernal y el comienzo del primaveral, mostrando al curioso un espléndido espectáculo visual en el que los pétalos en flor cubren las copas y las ramas, tapizando el paisaje de un característico color blanco-rosado. No es algo a tan gran escala como en Japón pero, sin duda, está más a mano y el que lo contempla lo disfrutará igual.

El inusual paisaje dura unas cinco semanas, lo que da cierto margen para elegir el momento más conveniente para acercarse a verlo. Eso sí, no hay que olvidar la cámara porque las fotografías prometen salir bellísimas.

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