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San Valentín en el barrio parisino de Pigalle

martes, 13 de febrero de 2018

Llega San Valentín y ¿qué mejor forma de celebrarlo buscando un vuelo a París y disfrutando de los mil y un encantos de las Ciudad de las luces, la capital del amor por excelencia? Ya no es posible visitar el muy apropiado Museo del Erotismo porque cerró sus puertas en 2016 pero el barrio donde se ubicaba, el célebre Pigalle, sigue ahí, con su oferta variopinta para pasar una noche en pareja.

Pigalle es un quartier o distrito organizado en torno a la plaza homónima que lleva el nombre de un famoso escultor del siglo XVIII que, a buen seguro, nunca hubiera imaginado que algún día estaría vinculado a tan heterodoxo rincón. De hecho, históricamente es uno de los lugares preferidos de los artistas, como demuestra la abundancia de estudios de pintura y cafés literarios que salpican sus calles, dado que está en las faldas de la colina coronada por la iglesia del Sagrado Corazón, repletas de artistas callejeros pincel y caballete en mano.

Pero no todas las artes que inundan Pigalle son plásticas. De hecho, éstas tienden a concentrarse en el vecino Montmartre mientras que el barrio en cuestión destila letreros de neón y carteles anunciando una inequívoca alternativa que apunta más bien al ocio y el entretenimiento en pareja. Porque a lo largo de las aceras de Pigalle uno va pasando ante un rosario de bares, locales nocturnos, salas de conciertos, cabarets, clubes de streptease y, en general, escenarios donde recrear la vista, el oído y el gusto, copa de champagne en mano.

Algunos no necesitan presentación y su solo nombre evoca el recuerdo de tiempos mundanos, frívolos y bohemios. Es el caso del Moulin Rouge, ante cuyas aspas decorando la fachada en el boulevard Clichy es casi inevitable imaginar los sones del can-can o la achaparrada figura de Toulouse-Lautrec dibujando bailarinas mientras degusta un vaso de absenta. O de clubs como Chez Moune, La Boure Noure o el Cabaret Love, que algunos fines de semana se transforman en animadas discotecas.

Música en vivo, vedettes con poca ropa y muchas lentejuelas, ambientes de iluminación hábilmente escasa y específica, sex-shops que resisten el paso inclemente del tiempo y la competencia de Internet, peatones encaramados en tacones vertiginosos y cubiertos de plumas en todos los sentidos de la palabra, el legendario Le Divan du Monde que escandalizaba al público en la última década del siglo XIX con números que hoy serían casi para todos los públicos… Son elementos que caracterizan Pigalle e invitan a fundir la noche -que es cuando realmente cobra vida- con la mañana.

Todo ello con cierto aire de evolución que ha ido dejando atrás la parte más sórdida de ese ambiente para transformarlo en una zona de moda que incorpora pubs, restaurantes, bistrots y cafés que, sin renunciar a cierto aire picante, amplía la clientela que visita París buscando salirse del clásico circuito artístico-cultural y de entretenimiento que ofrece el centro de la ciudad. O sea, un buen sitio con el que sorprender a la pareja para celebrar la fiesta del amor el 14 de febrero.

IMAGEN: Roy Roiability en Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0

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