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El parque compostelano de Santo Domingo de Bonaval

viernes, 6 de abril de 2018

¿Hay alguien que todavía no haya visitado Santiago de Compostela? Seguro que sí pero teniendo a la capital gallega en la lista de destinos para un viaje más o menos próximo. Hará bien porque se trata de una de las ciudades más bonitas de España a su peculiar manera, tranquila, recoleta, emotiva y llena de rincones capaces de sorprender al más veterano viajero.

También es posible que quien lea esto ya haya estado allí y conozca todos esos sitios que suelen jalonar el correspondiente capítulos de la guía y que consiste en una serie larga y fascinante de iglesias, museos, conventos, palacios, calles y, en suma, un patrimonio monumental que confiere a la urbe compostelana su idiosincrasia particular.

Quizá sea entonces el momento de descubrir otros espacios menos célebres, no tan antiguos ni tan impresionantes en cuanto a carga histórica, pero igualmente bellos, capaces de satisfacer a un visitante receptivo. Un buen ejemplo de ello podría ser el Parque de Santo Domingo de Bonaval (San Domingos de Bonaval en versión gallega), que no está situado en el centro sino en una colina cercana del barrio de San Pedro, la de la Almáciga.

No hay que caminar demasiado; al fin y al cabo, su parte meridional limita con el convento medieval de Santo Domingo (la sede del Museo del Pueblo Gallego y el Panteón de Gallegos Ilustres) y con el Centro Gallego de Arte Contemporáneo; es decir, se encuentra cerca del casco antiguo, en su parte noreste. Si uno se satura de historia o se agota de tanta visita cultural, nada mejor que tomarse un respiro en el parque, de un intenso y húmedo color verde.

No obstante, y pese a que no se inauguró hace mucho, en el verano de 1994, también allí se respirará ese pasado teñido de religión que caracteriza la ciudad. Y es que se asienta sobre una finca que antaño fue de los vecinos dominicos, incluyendo el cementerio de la orden; es más, se accede precisamente por el citado cenobio, con entrada entre los dos museos que acoge éste.

Son 30.047 metros cuadrados repartidos por la irregular orografía de la ladera del monte, sostenidos por muros sucesivos de esquisto, la piedra típica local, y divididos en tres zonas. Una, la más baja, era la huerta donde los monjes cultivaban hortalizas, legumbres, verduras, centeno y frutales, especialmente viñas ésto es Galicia, región vinícola-. Hoy está presidida por una escultura de acero de 17 toneladas denominada A porta da música (La puerta de la música), obra del artista donostiarra Eduardo Chillida.

Otra corresponde al camposanto, que actualmente es una zona ajardinada (las tumbas se trasladaron, obviamente, si bien al lado hay un cementerio privado perteneciente a la Cofradía del Rosario) y ofrece espléndidas panorámicas del casco urbano compostelano. Un muro de piedra, como decíamos antes, la separa de la tercera, donde antaño había un robledal y, posteriormente, se explotaron una pequeña mina y un lavadero; también fue aquí donde se instaló la primera antena radiofónica de Galicia.

El resultado final del Parque de Santo Domingo de Bonaval es mérito del arquitecto Álvaro Siza y la paisajista Isabel Aguirre pero son los visitantes los que avalan el trabajo y disfrutan de él. Así que a tenerlo en cuenta cuando se reserve el próximo vuelo a Santiago de Compostela.

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