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Avistamiento de cetáceos en Tenerife

viernes, 13 de abril de 2018

Reservar un vuelo a Tenerife lleva implícito casi con total seguridad ir en busca de sol y playa, de buen tiempo garantizado y de ese característico toque algo exótico que tiene la isla. Pero una vez allí, aparte de disfrutar de eso cumpliendo las expectativas, se puede ir un poco más allá y descubrir otras posibilidades de ocio. Una de las más interesantes es el avistamiento de cetáceos.

Se trata sobre todo de delfines mulares y calderones tropicales, especies que residen de forma permanente en aguas tinerfeñas y, consecuentemente, pueden verse a lo largo de todo el año. Asimismo, otras especies -hasta 21- se acercan a esa costa en determinados meses, especialmente entre mayo y junio: rorcuales, delfines moteados, cachalotes…

Todo ello hace que resulte relativamente fácil contemplar a estos animales en su hábitat y que cualquier excursión que se haga para ello termine con éxito casi seguro. Eso sí, hay que saber cuáles son las zonas donde viven y éstas se localizan en la parte suroeste de Tenerife, de ahí que la mayoría de empresas dedicadas a esta actividad sitúen allí sus bases. Los Cristianos, Puerto Colón y Los Gigantes son las localidades de las que zarpan las embarcaciones, que ofrecen a la clientela diversas modalidades de excursión.

Las más cortas duran un par de horas, tiempo necesario para acercarse hasta el punto de avistamiento, permanecer un rato y después regresar. Otras amplían la oferta incluyendo comer a bordo y fondear en una cala para que los pasajeros puedan darse un baño; evidentemente, se hacen con naves algo más grandes y duran una hora más. Y luego están las que llegan a 5 horas y multiplican todo lo anterior, usando los barcos de mayor tamaño. Hay, pues, diversidad: botes, lanchas, balandros a vela, catamaranes…

Estas salidas al mar pueden hacerse en una excursión colectiva, compartiendo embarcación con otros pasajeros, o contratando un servicio privado. Las primeras tienen tarifas entre unos 25 y 70 euros, según la duración, mientras que las otras son bastante más caras, alrededor de 500, al tratarse de algo exclusivo. Es cuestión de escoger la opción preferida o, al menos, la que permita el bolsillo. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que la elegida lleve la bandera Barco Azul que la acredita para ejercer la actividad legalmente.

Es importante tener siempre en cuenta que se trata de animales salvajes y, por tanto, de comportamiento previsible sólo hasta cierto punto. Además, en el avistamiento influyen otras circunstancias como el tiempo, el estado de la mar, el momento del día o la comida disponible, por ejemplo. De ahí la necesidad de cumplir escrupulosamente las instrucciones que se reciban y que incluyen disposiciones como no alimentar a los cetáceos, guardar la distancia exigida -aunque los animales no lo hagan-, navegar despacio y no nadar con ellos.

No es necesario nada más, salvo la crema para protegerse del reflejo de los rayos solares en la superficie marina, una gorra, una prenda de abrigo (algo liviano como una sudadera o chubasquero) y, si se es propenso a mareos, tomarse previamente la pastilla correspondiente.

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