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Un día en Alcudia

martes, 17 de abril de 2018

Así, como quien no quiere la cosa, hemos dejado atrás la Semana Santa y asoma en el horizonte, cada vez más cerca, el puente del primero de mayo. Una buena idea para aprovechar esas jornadas de vacaciones puede ser reservar un vuelo a Palma de Mallorca y disfrutar de la isla balear en unas fechas en las que ya se deja sentir el tiempo estival. Y si alguien no se decide aún a pisar la playa o ya conoce la capital insular, está la alternativa de conocer otros rincones. Alcudia, por ejemplo.

Alcudia es un pueblo de algo más de diecinueve mil habitantes ubicado en la zona septentrional de Mallorca, lindando con los municipios de Pollensa, Muro y La Puebla. Históricamente, lo fueron desarrollando los musulmanes a partir de una alquería a la que luego el rey Jaime I de Aragón, conquistador del archipiélago, cambió su nombre por el de San Jaime de Guiñent, entregando buena parte de lo que hoy es el municipio a la Orden del Temple.

Sin embargo fue su hijo Jaime II quien en 1298 empezó a construir las murallas que protegían el núcleo poblacional, si bien no se terminaron hasta 1362, ya en tiempos de Pedro IV. Para entonces había perdurado la denominación original de Alcudia y crecía poco a poco, a despecho de episodios trágicos y destructivos como la epidemia de peste de mediados del siglo XIV o la revuelta de los Agermanados cien años más tarde, que viviría una reedición entre 1521 y 1522.

En el puerto de Alcudia recaló la flota con la que Carlos V conquistó Túnez en 1535, aunque también le tocó recibir ataques otomanos a lo largo de las décadas siguientes. En la Guerra de Sucesión, Alcudia apoyó al candidato Habsburgo, lo que la llevó a sufrir asedio por parte de las tropas de Felipe V. Asentada la nueva dinastía, las cosas se calmaron e incluso allí fue confinado, en tiempos de Fernando VII, el célebre diputado liberal asturiano Agustín Argüelles.

Aún quedarían capítulos por contar, como una nueva epidemia de fiebre amarilla o el impacto de la Guerra Civil. Pero lo que realmente interesará al visitante es descubrir los atractivos turísticos de esa localidad. El municipio de Alcudia se divide en varios núcleos de población: el centro histórico, el puerto, la playa de Alcudia y otras zonas residenciales.

El puerto es el segundo en importancia de la isla tras el de Palma y presenta una parte comercial y otra industrial, habiéndose convertido, de un tiempo a esta parte, en receptor de cruceros. A continuación se extiende la playa , albufera mediante, a lo largo de siete kilómetros. De fina arena blanca, suele acreditar Bandera Azul por su limpieza y sus equipamientos. No es el único lugar donde tomar el sol o darse un baño porque zonas como Alcanada, Sa Marina, Mal Pas o Manresa, por ejemplo, están salpicadas de pequeñas y encantadoras calas.

En cuanto al casco antiguo, declarado Patrimonio Histórico Artístico en 1974, está colmado de edificios monumentales góticos y renacentistas, caso de vario palacetes e iglesias. La Casa Consistorial, el Museo Parroquial, la Iglesia de San Jaume, la Biblioteca ubicada en Can Torró o las citadas murallas (con la Porta de Mallorca como rincón estrella) son algunos ejemplos que pueden ampliarse acercándose hasta la ciudad romana de Pollentia (que además cuenta con un museo). Entre muchas más cosas, por supuesto.

Imagen: la bahía de Alcudia en Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0

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