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El mirador y el funicular de Artxanda

martes, 18 de septiembre de 2018

Hay dos formas de presentar de forma gráfica una ciudad. Una es, digamos, en primer plano, a través de alguno de sus iconos turísticos característicos; al fin y al cabo prácticamente en todas partes hay uno o incluso más de uno. La otra manera es hacerlo mediante una vista panorámica, generalmente aérea, que permite hacernos una idea de su extensión y dimensiones. Si uno toma un vuelo a Bilbao y quiere probar esto último tiene que acercarse hasta un rincón específico: el Mirador de Artxanda.

Artxanda es el nombre de una de las dos cadenas montañosas que sirven de límite municipal bilbaíno junto con la de Pagasarri. No se trata de grandes elevaciones, pues la cota máxima ronda los 300 metros, pero es suficiente para permitir a un visitante contemplar Bilbao desde lo alto. Ello convierte a Artxanda en un lugar de interés con un extra al que supone su propia condición natural, ya que además está muy cerca del casco urbano y, por tanto, resulta de fácil acceso.

Hay varios motivos para hacer esa excursión y no son menores los que suponen una experiencia al aire libre, la práctica deportiva o disfrutar de la gastronomía de algún establecimiento, pero la razón por la que lo resaltamos aquí es, sobre todo, la de las espléndidas vistas que ofrece su mirador: es asomarse a la barandilla y poder ver el casco antiguo, la inconfundible estampa del Guggenheim, la silueta de la Torre Iberdrola y otros puntos descollantes.

Pero eso no es todo. Otra de las razones para elegir pasar una mañana en Artxanda es el funicular que lleva hasta la cima. En realidad no es obligatorio ni necesario usarlo, pues también se puede subir en coche o incluso andando, pero hablamos de experiencias curiosas y no cabe duda de que ésta lo sería. Su punto de partida es la Plaza del Funicular, cerca del Puente Zubizuri, en la intersección entre las calles Castaños y Múgica y Butrón.

No es una atracción nueva, pues fue construida ya en 1915 con la idea de conectar la urbe con el casino, que se ubicaba precisamente en el monte. aunque se la sometió a una reforma total en 1989. Tampoco se trata de un viaje largo porque sólo recorre 770 metros; eso sí, cuesta arriba, salvando un desnivel de 226,49 metros con una pendiente del 44%. Como cubre esa distancia a una velocidad de 5 metros por segundo, en 3 minutos llega a su destino.

En éste hay un parque con dos grandes esculturas, una de las cuales es una pieza de engranaje del vehículo y otra un monumento en memoria de las víctimas de la Guerra Civil (el funicular fue bombardeado en 1938). El horario es de 7:15 a 22:00 (los festivos abre una hora más tarde) y sale cada cuarto de hora; tiene capacidad para 70 pasajeros. El billete de ida y vuelta cuesta 3,25 euros, aunque hay diversas tarifas.

Imagen: Sannicolasdeugarte en Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

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