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Visitando la tinerfeña Cueva del Viento

viernes, 28 de septiembre de 2018

Tenerife es una isla llena de sorpresas que se van descubriendo a poco que se recorra. aunque la zona más típicamente turística es el sur, el norte también tiene sus atractivos, que pueden constituir una alternativa o -mejor aún- un complemento a las vacaciones playeras. Porque pocas cosas se pueden imaginar más opuestas a lo que ofrece una playa (sol, mar, aire libre, luz) que una cueva. Pero las cuevas visitables suelen tener un interés especial y la que proponemos aquí no es una excepción: la Cueva del Viento.

No se trata de una gruta creada por la acción kárstica sino de un tubo volcánico, es decir, un túnel originado por una colada de lava al fluir por una pendiente y que al contacto con el aire se solidifica, dejando un interior hueco. En este caso, la colada procedía del Pico Viejo, un volcán vecino del Teide que tiene la segunda mayor cota de altitud de la isla (3.135 metros) y unos 200.000 años de antigüedad. Su última erupción, en 1789, fue la mayor de la historia insular pero la gruta en cuestión se formó en las primeras erupciones, hace 27.000 años.

Cueva del Viento está en el municipio de Icod de los Vinos. Es el tubo volcánico más grande de la UE y el quinto del mundo con 17 kilómetros de longitud, considerándoselo el más complejo por estar compuesto por una trama de pasadizos kilométricos distribuidos en tres niveles, con simas, terrazas y otros fenómenos. De hecho, técnicamente se lo denomina Sistema Viento por su estructura laberíntica y los 480 metros de desnivel que salta y porque está compuesto por dos cavernas, la del Viento y la del Sobrado.

La primera, que es la que nos interesa aquí, debe su nombre a las corrientes de aire que circulan por sus galerías. Evidentemente, es imposible visitarlas en toda su extensión y únicamente se recorren unos 200 metros en pequeños grupos guiados de 15 personas, ya que no hay iluminación (hay que llevar casco con linterna). Pese a todo, el recorrido completo de la excursión dura 2 horas y media.

Abrió al público en los años noventa del pasado siglo, tras una serie de obras de acondicionamiento. Aún así, es aconsejable llevar pantalón largo, calzado cerrado (botas preferentemente), algo de abrigo (la temperatura interior es de 14º) y tener en cuenta que no se recomienda el acceso a niños menores de 5 años y discapacitados; tampoco a quien sufra claustrofobia. En el interior hay petrificaciones, estalactitas de lava, cascadas lávicas, fauna subterránea (la mayor parte invertebrados) e incluso restos fósiles, entre otras curiosidades.

Resulta necesario reservar día y hora, adquiriendo las entradas por Internet. Cuestan 20 euros (10 para residentes, 8,50 para menores de 5 a 12 años) y el coste incluye el traslado en 4 X 4, el equipo y un paseo por el bosque cercano. Sin duda, se trata de una actividad diferente que confirma lo dicho al principio: un vuelo a Tenerife no es más que una puerta de entrada a una experiencia intensa, especial y variada.

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