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Una excursión desde Bucarest al Castillo de Peles

jueves, 11 de octubre de 2018

Los vuelos a Bucarest, que de un tiempo a esta parte presentan una amplia oferta debido a la cantidad de inmigrantes de esa nacionalidad que hay en España, permiten facilitar el descubrimiento de una las capitales más desconocidas de Europa, que aún conserva trazas de aquel esplendor del primer cuarto del siglo XX que la llevó a ser conocida como el Pequeño París. Pero además de los atractivos urbanos tiene otros no muy lejos, a los que es posible llegar en una excursión de un día, y no cabe duda de que uno de ellos es el Castillo de Peles.

No se trata de un edificio medieval de los de almenas y puente levadizo sino más bien de un palacio neorrenacentista, construido a caballo entre los siglos XIX y XX. Los reyes de Rumanía lo utilizaban como residencia estival para escapar del calor de la capital, ya que se encuentra entre montañas, en un lugar más fresco, no lejos de la localidad de Sinaia. Un bucólico paraje que encantó al rey Carlos I, por lo que decidió erigir allí ese refugio.

Se inauguró en 1883 y desde entonces ha experimentado diversas reformas -la última en 1914- que alteraron un poco su esquema original, obra de los arquitectos Johannes Schultz, Carol Benesch y Karel Liman más el trabajo de los decoradores J. D. Heymann (alemán), August Bembé de Mainz y Bernhard Ludwig (austríacos). Son 3.200 metros cuadrados que albergan 160 habitaciones y una treintena de baños, destacando exteriormente por su espigada torre de 66 metros de altura.

En su época fue muy moderno, pues contaba con luz eléctrica, ascensor e incluso calefacción, a pesar de que su aspecto interior era y es bastante clásico, aunque con toques mudéjares y profusión de maderas nobles, molduras, relieves, esculturas, lámparas de araña, mármoles… Un techo acristalado retráctil era la guinda del pastel pero además había una biblioteca, sala de conciertos y hasta un pequeño teatro de 60 butacas. Tampoco faltan jardines con terrarios, fuentes, estatuas, etc.

Peles no era un lugar de retiro absoluto sino un simple traslado de la corte entre mayo y noviembre, por lo que tras sus muros se tomaron decisiones políticas -alguna tan importante como la neutralidad del país en la Primera Guerra Mundial- y se reunía el Consejo de la Corona. También acogió el nacimiento del heredero Carlos II y la visita de otros personajes europeos destacados, como el emperador Francisco José de Austria.

En 1947, tras la abdicación de Carlos I, al castillo se le dio uso turístico, si bien luego fue cerrado y, dicen, Ceaucescu planeaba convertirlo en su residencia privada. Al final ha quedado como museo, visitable de miércoles a domingo entre las 9:00 y las 16:00. Tiene la ventaja, comentada al principio de que Sinaia se encuentra sólo a un centenar de kilómetros de Bucarest, lo que facilita una escapada.

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