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Viajando al Carnaval Porteño 2020

jueves, 20 de febrero de 2020

Llega el Carnaval, esa especie de puente entre el invierno y la primavera, entre las navidades y la Semana Santa, que supone una inversión de los valores y costumbres establecidos. Se trata de una fiesta celebrada en medio mundo y quien haya reservado un vuelo a Buenos Aires para estas fechas encontrará que en la capital argentina -y, por extensión en todo el país- también hay fastos por estas fechas.

Evidentemente, el carnaval llegó a América de mano española. Se celebra al menos desde comienzos del siglo XVII y adquiere el habitual tono mestizo al mezclarse sincréticamente con el candombe que bailaban los esclavos negros. El candombe es una tradición musical nacida en el Virreinato del Río de la Plata a finales del XVIII, con raíces africanas y pervivencia hoy en varias ciudades del país, aparte de en Uruguay y sitios de Brasil.

Las primeras referencias documentales a los carnavales en Buenos Aires se sitúan en 1771, siendo al principio de carácter particular y no generalizándose hasta los tiempos de Juan Manuel de Rosas, ya en época independiente: fue en 1836 cuando se llevó a cabo un acto público en la Plaza de la Victoria, con la participación de miles de negros mezclados con los blancos. La primera comparsa se fundó en 1858 y, según testimonios, los carnavales bonaerenses eran los más animados del mundo.

Entre las costumbres típicas estaba que las mujeres arrojaran huevos rellenos de agua a los hombres pero también había otras más clásicas, como el uso de máscaras, un desfile de carrozas y el canto de letras sarcásticas; esto último acabó desembocando en la creación de murgas, que poco a poco fueron comiéndole terreno a las comparsas hasta desplazarlas por completo entre finales del siglo XIX y principios del XX.

Ya entrada esa centuria los disfraces completos tendieron a sustituir las simples máscaras, con algunos que se hicieron tradicionales como los de indio, esqueleto, oso o payaso, si bien en ambientes elitistas se prefería el tono veneciano, con trajes de casaca y tricornio, arlequín o colombina. Desde los años sesenta se incorporaron elementos como el confetti, las serpentinas, las matracas y silbatos, y un nuevo escenario ajustado a su carácter multitudinario: la Avenida de Mayo.

Entre unas cosas y otras, hoy en día el Carnaval Porteño se extiende cuatro fines de semana (este año 2020 entre el uno y el 25 de febrero) con nada menos que 34 corsos y 111 murgas actuando en las calles, plazas, anfiteatros y clubes a partir de las 19:00.

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