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Largo di Torre Argentina, el refugio de los gatos romanos

viernes, 28 de febrero de 2020

Ahora que ya pasó el Carnaval y aparece en lontananza el siguiente período vacacional, la Semana Santa, seguramente habrá gente que tenga apuntada en su agenda algún vuelo a Roma para conocer la capital italiana. Ahora bien, es probable que muchos de los que planean ese viaje no lo hagan por primera vez, que ya hayan estado allí antes y puede que en más de una ocasión. En tal caso, quizá busquen algún rincón especial para visitar, uno poco conocido, de ésos que a la vuelta dan para contar la anécdota. Ahí va una propuesta: Largo di Torre Argentina.

Se trata de una plaza situada en el antiguo Campo de Marte, más o menos a la altura de la Isla Tiberina. O sea, en pleno centro urbano y, de hecho, es un lugar que rebosa ruinas romanas, pues allí se ubican el Teatro de Pompeyo y cuatro templos de época republicana que no tienen nombre sino que se conocen por las letras A, B, C y D, estando dedicados a divinidades menores como Juturna, Fortuna, Feronia y Lares Permarini, respectivamente.

Asimismo, en el entorno, y sirviendo de límites arquitectónicos a ese espacio, se cuentan el Hecatostylum, las Termas de Agripa, el Circo Flaminio y la Porticus Minucia Frumentaria. Dentro, además de lo enumerado, destaca el Teatro Argentina, que no es romano sino dieciochesco y en su día sirvió de estreno para óperas como El barbero de Sevilla (Rosini) o I due Foscari (Verdi).

También hay dos torres; una es la que da nombre a la plaza y que no deriva del país sudamericano sino de Argentoratum (lo que hoy es Estrasburgo), que formaba parte de la Casa del Burcardo (un palacio del maestro de ceremonias del Papa); la otra es la Torre del Papitto, medieval y de nombre alusivo a Anacleto II, un sumo pontífice que al parecer era de corta estatura.

Pero todo esto no tendría nada de extraordinario en una ciudad que rebosa monumentos como Roma. Lo que le da al Largo di Torre Argentina un toque especial y curioso es el hecho de que allí se ha formado un santuario extraoficial para gatos. Los hay a docenas porque los vecinos empezaron a alimentarlos en los años veinte, originando toda una tradición sin pretenderlo; es más, a los habitantes de la zona se los conoce como gattari y tuvieron entre sus filas a una famosa estrella del cine italiano, Anna Magnani.

Hoy es una asociación la que se encarga de cuidarlos y vacunarlos. La cosa ha adquirido tanto renombre que a la hora de darles la comida -a las cuatro en invierno y las cinco en verano- suelen congregarse turistas para verlo.

Imagen: benoitnewton en Wikimedia Commons, CC BY 2.0

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