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El mirador y el funicular de Artxanda

martes, 18 de septiembre de 2018 Comments off

Hay dos formas de presentar de forma gráfica una ciudad. Una es, digamos, en primer plano, a través de alguno de sus iconos turísticos característicos; al fin y al cabo prácticamente en todas partes hay uno o incluso más de uno. La otra manera es hacerlo mediante una vista panorámica, generalmente aérea, que permite hacernos una idea de su extensión y dimensiones. Si uno toma un vuelo a Bilbao y quiere probar esto último tiene que acercarse hasta un rincón específico: el Mirador de Artxanda.

Artxanda es el nombre de una de las dos cadenas montañosas que sirven de límite municipal bilbaíno junto con la de Pagasarri. No se trata de grandes elevaciones, pues la cota máxima ronda los 300 metros, pero es suficiente para permitir a un visitante contemplar Bilbao desde lo alto. Ello convierte a Artxanda en un lugar de interés con un extra al que supone su propia condición natural, ya que además está muy cerca del casco urbano y, por tanto, resulta de fácil acceso.

Hay varios motivos para hacer esa excursión y no son menores los que suponen una experiencia al aire libre, la práctica deportiva o disfrutar de la gastronomía de algún establecimiento, pero la razón por la que lo resaltamos aquí es, sobre todo, la de las espléndidas vistas que ofrece su mirador: es asomarse a la barandilla y poder ver el casco antiguo, la inconfundible estampa del Guggenheim, la silueta de la Torre Iberdrola y otros puntos descollantes.

Pero eso no es todo. Otra de las razones para elegir pasar una mañana en Artxanda es el funicular que lleva hasta la cima. En realidad no es obligatorio ni necesario usarlo, pues también se puede subir en coche o incluso andando, pero hablamos de experiencias curiosas y no cabe duda de que ésta lo sería. Su punto de partida es la Plaza del Funicular, cerca del Puente Zubizuri, en la intersección entre las calles Castaños y Múgica y Butrón.

No es una atracción nueva, pues fue construida ya en 1915 con la idea de conectar la urbe con el casino, que se ubicaba precisamente en el monte. aunque se la sometió a una reforma total en 1989. Tampoco se trata de un viaje largo porque sólo recorre 770 metros; eso sí, cuesta arriba, salvando un desnivel de 226,49 metros con una pendiente del 44%. Como cubre esa distancia a una velocidad de 5 metros por segundo, en 3 minutos llega a su destino.

En éste hay un parque con dos grandes esculturas, una de las cuales es una pieza de engranaje del vehículo y otra un monumento en memoria de las víctimas de la Guerra Civil (el funicular fue bombardeado en 1938). El horario es de 7:15 a 22:00 (los festivos abre una hora más tarde) y sale cada cuarto de hora; tiene capacidad para 70 pasajeros. El billete de ida y vuelta cuesta 3,25 euros, aunque hay diversas tarifas.

Imagen: Sannicolasdeugarte en Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

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Una visita a las cuevas mallorquinas de Campanet

viernes, 14 de septiembre de 2018 Comments off

Es casi seguro que quien reserve un vuelo a Palma de Mallorca para pasar sus vacaciones en la isla, llevará en su agenda el acercarse a ver alguna de las famosas cuevas que horadan la costa oriental y que tienen sobrado renombre: Artá y el Drach. Ahora bien, no son las únicas; quien ya las haya visto y sea aficionado a esos sitios tiene otro nombre para apuntar en la lista. Se trata de las Coves de Campanet.

Éstas no se encuentran en la parte este sino en el norte y bastante hacia el interior, en la localidad homónima. Es un valle en un entorno privilegiado porque todavía conserva el sabor del paisaje rural mallorquín. Concretamente están en la ladera meridional del Puig de Sant Miquel, en plena Sierra de Tramontana, pese a lo cual no es difícil llegar hasta allí: saliendo de Palma sólo hay que seguir la Autopista Palma-Sa Pobla-Port d’Alcudia, pasar el municipio de Inca y tomar la salida 37.

Una vez allí, el llamado Camí de Ses Coves permite acceder a esa maravilla geológica de 3.200 metros cuadrados de superficie y 16.000 metros cúbicos de volumen que se extienden a 50 metros roca adentro, abriendo galerías, salas y recovecos decorados por la Naturaleza con su habitual genio, a base de estalactitas, estalagmitas, formaciones diversas de caprichoso aspecto, un lago…

Así, el recorrido, que alcanza unos 400 metros a cubrir en aproximadamente 40 minutos, es un auténtico recreo para la vista. El agua ha moldeado la piedra calcárea y el Hombre ha sabido optimizar esa belleza natural de los espeleotemas gracias a la pareidolia, de manera que el visitante va pasando por una Sala Romántica, una Sala del Lago, un Castillo Encantado, una Sala de la Palmera, una Capilla de la Virgen, un Salón Rojo, unos Elefantes Blancos, una Ciudad Encantada y una Cascada Sonora, llamativos rincones iluminados adecuadamente para acentuar sus matices.

Además, hay que reseñar dos curiosidades relacionadas no con la roca sino con la fauna. Primero, las cuevas albergan pequeñas especies endémicas: desde el Henrotius jordai, un escarabajo ciego y carnívoro, hasta Megajapyx espanoli, otro artrópodo sin ojos, pasando por varios tipos de Chthonius, arácnidos.

Y segundo, el descubrimiento de la gruta (en 1945, durante unas prospecciones de agua) estuvo acompañado del hallazgo en su interior de restos fósiles de Myotragus balearicus, un bóvido que era endémico de Mallorca y Menorca en la Prehistoria hasta que se extinguió hace 4 milenios con la llegada del Hombre a las Baleares.

Las Cuevas de Campanet llevan 12 millones esperando su momento estelar y éste ha llegado. Abren todo el año de 10:00 a 17:30 (invierno) y de 10:00 a 18:30 (verano). La entrada cuesta 15 euros (8 los niños) y cuenta con aparcamiento, cafetería y tienda de recuerdos.

El arte de Disney en CaixaFórum-Madrid

martes, 11 de septiembre de 2018 Comments off

Salvando las distancias, el papel que antaño ejercieron como contadores de historias infantiles los hermanos Grimm, Hans Christian Andersen, Perrault o Esopo, por citar sólo a algunos, lo ejerció en el siglo XX Walt Disney -también entre otros-, aunque fuera cambiando el soporte. Su importancia en ese terreno es tal que ha dejado un poderoso legado que décadas después de su muerte continúa proporcionando entretenimiento a nuevas generaciones de niños.

Por eso y porque su relación con el arte va más allá de la literatura, entrando ampliamente en el terreno plástico, es frecuente que museos e instituciones organicen exposiciones sobre su producción. Y precisamente el pasado 19 de julio se inauguró una en España; concretamente en el Caixafórum de Madrid. Se titula Disney. El arte de contar historias y ofrece al visitante materiales originales que explican el paso de argumentos y personajes de la tradición oral a esa nueva forma de expresión artística que es el cine de animación.

Un cine seguido masivamente, hay que decir, pues se cuentan por muchísimos millones sus espectadores. Y es que aquel joven dibujante estadounidense, que no soltaba los lápices ni cuando colaboró con la Cruz Roja durante la Primera Guerra Mundial y dejó sus primeros trabajos en el medio publicitario para adentrarse en la animación en 1920, llamó la atención de Hollywood y su vida dio un giro radical.

Creó el estudio que lleva su nombre, ocho años después incorporó el sonido a sus películas incrementando aún más su éxito y en 1937 se consagró en la historia del cine con el estreno de Blancanieves y los siete enanitos, el primer largometraje de animación de la historia y pionero también de una larga serie de clásicos realizados cíclicamente adaptando cuentos de toda la vida. A lo largo de las décadas, cada generación ha tenido títulos con los que disfrutar; tantos que resultan casi innumerables: Pinocho, La bella durmiente, El libro de la selva, 101 dálmatas, La sirenita, El rey león

La exposición de CaixaFórum está compuesta por una colección de dibujos diversos (acuarelas, bocetos, impresiones digitales…) que muestran la trayectoria creativa de los estudios Disney, pero también hay otras piezas como storyboards, bosquejos de personajes, notas de producción y materiales que, en suma, permiten entender el proceso de adaptación de esas historias clásicas a la gran pantalla en versión animada.

La entrada cuesta sólo 4 euros, así que es cuestión de buscar algún vuelo a Madrid y acercarse a la sede de la Obra Social de La Caixa, situada en el antiguo edificio industrial de la Central Eléctrica del Mediodía. El plazo es hasta el 4 de noviembre.

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Una excursión a la isla balear de Cabrera

viernes, 7 de septiembre de 2018 Comments off

Cuando hablamos de tomar un vuelo a Palma de Mallorca para pasar allí unos días de vacaciones seguro que se nos ocurren mil y un cosas que ver y visitar, desde calas recoletas a grutas naturales, pasando por parques acuáticos, pueblos pintorescos, paisajes de contrastes… Incluso se puede prever dar un salto a otra isla y enseguida apuntamos Menorca, Ibiza o Formentera. Lo que proponemos aquí es ¿por qué no Cabrera?

Es el mayor territorio insular del pequeño archipiélago homónimo, un Parque Nacional Marítimo-Terrestre compuesto por 17 islas e islotes. Cabrera tiene una superficie de 10.021 hectáreas muy bien conservadas desde el punto de vista natural, a decir de los expertos, constituyendo todo un modelo de ello en el Mediterráneo hasta el punto de formar parte de la Red Natura 2000. Aves marinas y otras especies endémicas tienen allí su hogar, quizá aprovechando que no habita ningún humano.

En realidad el Hombre lo visitó a los largo de los tiempos ya desde la Antigüedad, con presencia esporádica de fenicios, cartagineses, romanos y bizantinos, sirviendo posteriormente de base a los piratas berberiscos para atacar la costa de Mallorca; por esta última razón, en el siglo XV se construyó en su suelo un castillo -un macizo torreón- que impidiera el acceso a tan incómodos inquilinos.

Ahora bien, el episodio más célebre e impresionante de Cabrera fue a principios del siglo XIX, cuando sirvió de improvisada prisión para varios miles de soldados franceses hechos prisioneros en la Batalla de Bailén; la mitad de ellos murió por el abandono a que fueron sometidos, a causa del hambre y las enfermedades, por no citar otros motivos más escabrosos.

La familia que luego adquirió la propiedad creó una bodega cuya sede alberga hoy un museo; su exigua arquitectura se amplía con un faro. Después, en 1916, se instaló allí una guarnición militar que usaba la isla para sus prácticas de tiro y así siguió durante décadas, evitando que Cabrera cayera en manos de especuladores inmobiliarios hasta su catalogación como parque por la administración.

Para llegar al puerto de la isla es necesario embarcarse en una de las golondrinas (barcos) que zarpan de los puertos de la Colònia de Sant Jordi y de Portopetro, realizando de paso visitas guiadas. Para asegurarse plaza es recomendable reservar con antelación, pues tratándose de un parque nacional existe una limitación del número de embarcaciones que pueden ir cada día.

Otra opción es contratar una excursión privada, de las muchas que ofertan los hoteles, por ejemplo. Suelen durar entre 3 y 6 horas, incluyendo un paseo por la red de senderos habilitada ad hoc, tioempo para tomar un baño en la icónica Cova Blava, comer y circunnavegar el litoral.

IMAGEN: Chixoy en Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0

En septiembre también hay festivales de música: llega el Get Mad!

martes, 4 de septiembre de 2018 Comments off

La entrada en el mes de septiembre, aún cuando para algunos supone la época preferida para coger vacaciones por el descenso de precios, el tiempo todavía benigno y la desmasificación en destinos y aeropuertos, es el principio del fin del verano para la mayoría de la gente. Y no falta quien asume esa dura realidad de volver al trabajo o a los estudios con un canto del cisne en forma de festival de música. El Get Mad! cumple perfectamente esa función.

Y eso que es algo de esta edición, pues la fecha de celebración de las dos anteriores era precisamente la contraria, en mayo, justo antes de entrar en la temporada estival. En cualquier caso este año el evento llegará los días 14 y 15 del mes, viernes y sábado respectivamente; lo que no cambia es el lugar, pues tal como indica su nombre, la sede está fijada en Madrid.

Así, en sentido amplio, ya que habrá varios escenarios repartidos por la ciudad para, como dice su propia web oficial, “convertirla en un auténtico hervidero de punk, rock, hard rock y psicodelia”. Concretamente, las actuaciones serán en las salas But, El Sol, Wirlitzer Ballroom, Boite Live y Changó.

El cartel se distribuirá de la siguiente manera: el viernes 14 la primera sala acogerá los conciertos de The Undertones y Art Brut, mientras que el sábado lo hará con los de Luna, Spectrum y Melange; la Changó hará otro tanto con Ángelus Apátrida, Aura Noir y Grave Pleasures el viernes, por Crippled Black Pheenix, Jardín de la Croix, The Picturebooks y Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs Pigs el sábado.

En el resto de locales, el primer día estarán No Age, Shannon and The Clams, Amyl and The Snifers, La Luz, Jeff Rosenstock, The Asteroid #4, Los Estanques, Bleeding Ignees Club y Hickeys; el segundo, Nobunny, The Fresh and Onlys, Matt Hollywood and The Bad Feelings, The Babe Rainbow, The Cry!, Los Wilds y Buried Feather.

Como se puede apreciar, un programa alejado de tópicos para descubrir otra música, alejada del mainstream, lo que le da al Get Mad! un carácter casi underground que muchos recibirán con los brazos abiertos por oposición a los macrofestivales habituales por estas fechas. Las entradas y abonos oscilan entre 20 y 40 euros, dependiendo de la sala y la función elegida. Así que sólo quedará reservar el correspondiente vuelo a Madrid si se viaja de fuera.

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El 8 de septiembre llega el festival DCode

miércoles, 29 de agosto de 2018 Comments off

Creado en 2011, el Dcode era un festival que todavía no tenía las características que presenta ahora. Para empezar porque entonces se celebró en junio mientras que ahora lo hace en septiembre, marcando en cierta forma el final del verano. Además, aunque tuvo como sede la Universidad Complutense, igual que ahora, antes usaba las instalaciones del C Arte C mientras actualmente usa el Campus de la Facultad de Ciencias de la Información; en ambos casos, esos sí, tiene asimismo el recinto deportivo de Cantarranas. Madrid, en suma.

Por lo demás sigue una línea programática parecida, con grupos punteros de la actualidad musical en pop y rock pero de sabor claramente indie y procurando mantener un equilibrio que incluya a artistas conocidos junto a otros que no lo son tanto pero prometen. Y también continúa reuniendo decenas de miles de espectadores, claro, pues ya en aquella edición primigenia registró una asistencia de 25.000 personas.

El cartel para este 2018 está encabezado por Imagine Dragons, a los que acompañarán en los escenarios Izal, Bastille, Sidonie, The Vaccines, Albert Hammond Jr, Kakkamaddafakka, Jorja Smith, Viva Suecia, Berri Txarrak, Triángulo de Amor Bizarro, Grises, Clairo, Sam Fender, Nat Simons, Shinova, Terry vs. Tori y Ochoymedio DJ & Friends. También actuará el ganador del concurso BDCoder.

Todo ello tendrá lugar en una única jornada del primer fin de semana de septiembre: en concreto el sábado día 8, que está ahí ya por lo que si se va a asistir y se viaja desde fuera, conviene reservar ya el consiguiente vuelo a Madrid. Una vez allí no hay problema porque el recinto está dentro del casco urbano y se puede llegar en Metro (línea 6 Circular), autobús (G, 132, U, 82 y 865) o incluso andando (son diez minutos desde el intercambiador de Moncloa).

Las entradas cuestan 87 euros, 132 en el caso de las VIP. Por cierto, en el plano económico hay que resaltar la curiosidad de que el evento tiene su propia moneda, el tuent, equivalente a 3 euros, con la que adquirir comida y bebida o alguna sorpresa más.

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Volando a Galicia para el Festival de la Luz

viernes, 24 de agosto de 2018 Comments off

El municipio coruñés de Boimorto ha alcanzado cierto renombre por ser la cuna de la cantante Luz Casal pero de un tiempo a esta parte también suena -nunca mejor dicho- por acoger la celebración del Festival de La Luz. El nombre de este evento constituye un juego de palabras que no se le escapará a nadie: Luz Casal es quien lo amadrina, rindiendo así homenaje a su patria chica.

Se trata de “una experiencia única y solidaria”, en palabras de la propia organización, en la que la recaudación en taquilla se va a destinar a la lucha contra los incendios que suelen asolar Galicia, así como la construcción y el equipamiento de salas de rehabilitación en la Residencia y Centro de día para personas mayores del Ayuntamiento de Boimorto. Hay abonos por 15 euros y entradas diarias por 10.

Concebido para el disfrute de toda la familia y la participación de todas las edades, el evento nació en 2012 como un punto de encuentro entre vecinos y visitantes, así como una forma de revitalizar esa zona rural y constituir un escaparate municipal hacia el exterior. La apuesta no salió mal y desde entonces se congregan en las fechas de su celebración decenas de miles de personas.

Este año 2018 el Festival de la Luz tendrá lugar los días 7, 8 y 9 de septiembre (puede que aún haya tiempo, pues, para sacar una entrada y reservar algún vuelo a Santiago de Compostela). Su oferta es multidisciplinar, no sólo por combinar su espléndido entorno con esa vocación solidaria sino también porque durante esos tres días aúna música, gastronomía, exhibiciones teatro y cultura.

Este eclecticismo se extiende al reciclaje, la sostenibilidad y la innovación, reservando espacios infantiles para talleres, juegos y otras actividades; incluso habrá una carrera popular y una carpa de cine que se sumarán al mercado, al área de restauración y al cámping (de acampada libre). No obstante, el verdadero reclamo es el programa de artistas participantes, que actuarán en cuatro escenarios.

El cartel, repartido a lo largo de ese fin de semana, queda de la siguiente manera. El viernes estará encabezado por Os Resentidos, el sábado por Love of Lesbian, el domingo por Kase.O… Pero las jornadas se completan con otros atractivos nombres, desde Vargas Blues Band hasta Christina Rosevinge, pasando por Sr. Chinarro, Eskorzo, Javi Maneiro, Elliot Murphy, Mi Capitán, Furious Monkey House, Agoraphobia, Riff Raff, Los Motores, etc.

El singular castillo de la neoyorquina Isla Pollepel

lunes, 20 de agosto de 2018 Comments off

Nueva York es una ciudad que presenta al visitante una lista inacabable de sorpresas y visitas. Algunas son tan inevitables como conocidas (Estatua de la Libertad, Empira State, Central Park, Metropolitan…) pero siempre hay quien prefiere desmarcarse de estos sitios y buscar rincones insospechados, alejados de los puntos turísticos masivos. En ese sentido hoy podemos sugerir salir del casco urbano y viajar unos 80 kilómetros al norte (una hora aproximadamente) hasta la inaudita Isla Pollepel, también conocida como Bannerman.

Es un pedazo de tierra se unos 26.000 metros cuadrados de rocosa superficie que está situado en el río Hudson y cuyo nombre tiene un origen incierto, pues unos lo atribuyen a su significado en holandés (cuchara de madera), puesto que fueron exploradores de ese país quienes descubrieron el lugar, mientras que otros hablan de una mujer llamada Polly Pell que vivió allí. Antes había sido un punto estratégico durante la Guerra de la Independencia y George Washington mandó instalar allí una prisión, aunque no consta que se llegara a hacer.

Lo que sí hay es un desconcertante castillo. No se trata de arquitectura medieval, claro, sino del que construyó un inmigrante irlandés llamado Francis Bannerman, que arribó a EEUU en 1854 siendo niño, y se enriqueció con el negocio de compra de excedentes militares de la Guerra de Secesión para su reciclaje en otros productos, sin contar el material que adquiría y revendía a coleccionistas. Bannerman se instaló en la isla en 1900 porque necesitaba un sitio aislado donde almacenar las municiones.

Aparte del almacén, que albergaba 30 millones de cartuchos, también construyó un castillo como residencia. Muy vistoso, según diseño propio, para que de paso sirviera de reclamo. Bannerman falleció en 1918, antes de que el edificio fuera terminado. No llegó a serlo nunca porque en 1920 los explosivos guardados explotaron y destruyeron buena parte del complejo. Fue el principio del fin de la empresa, por otra parte muy limitada por las nuevas leyes. Tres décadas más tarde, el transbordador que cubría la distancia entre la isla y tierra firme se hundió, condenándola al olvido.

La compró el estado de Nueva York en 1967 pero apenas dos años después se produjo un devastador incendio que arrasó lo que quedaba del maltrecho arsenal y del castillo, quedando apenas el esqueleto de lo que fue. No obstante, las ruinas siguen siendo curiosas y pueden observarse al pasar en tren (Metro-Norte). Poco más, ya que no se puede acceder porque de vez en cuando se caen trozos. No faltan propuestas para tratar de salvar lo que queda pero, de momento, el sitio continúa agonizando. Literalmente, pues en 2015 se registró allí un homicidio.

En suma, si alguien planea tomar un vuelo a Nueva York y desea buscar algo diferente que hacer o regresar con una historia indudablemente única, aquí tiene una idea.

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Una visita al Acuario de Sevilla

jueves, 16 de agosto de 2018 Comments off

Coger un vuelo a Sevilla y plantarse en la capital andaluza en pleno verano requiere, entre otras cosas, valor para enfrentarse a las altas temperaturas que van a machacar al visitante desde la mañana hasta la noche. Por supuesto, no queda más remedio que sobrellevarlo si se está pensando en conocer sus principales atractivos turísticos, caso de la Giralda, la Torre del Oro, la Catedral, los Reales Alcázares o la Plaza de España, por citar sólo algunos.

Ahora bien, se puede añadir a la agenda alguna alternativa refrescante y no tan conocida. Y pocos sitios parecen más refrescantes ante el calor tórrido como el fondo del mar. Más de uno se preguntará cómo ver el fondo marino en una ciudad interior, claro. La respuesta es acercarse al Acuario, donde por un tiempo uno puede escapar a la realidad y rodearse de agua sin mojarse mientras contempla más de once mil animales pertenecientes a unas cuatrocientas especies.

Están ubicadas en reproducciones de sus hábitats naturales: cinco ecosistemas (Guadalquivir, Atlántico, Oceanario, Indo-Pacífico y Otras áreas) a los que recientemente se han incorporado dos renovados, la Selva tropical y el Manglar, fruto de la reforma llevada a cabo este año 2018. Tiburones, rayas, varanos, tortugas, aves acuáticas… Hay que hacer una mención especial a las medusas porque ahora hay una exposición sobre ellas titulada Medusas. El latido del mar.

También merece la pena destacar la sección El viaje de Magallanes, que ilustra sobre la primera vuelta al mundo (que zarpó precisamente de Sanlúcar de Barramaeda tras descender por el Guadalquivir y concluyó el viaje de vuelta en Sevilla). Otra actividad interesante es la posibilidad de hacer una visita VIP a rematar con una cena en el propio acuario (el menú incluye especialidades como croquetas de Torta del Casar, tosta de jamón con huevos de codorniz o milhojas de presa ibérica con pastel de queso, tomate cherry y espárragos).

Y puestos a vivir experiencias, no hay que olvidar la noche con los tiburones del Oceanario, durmiendo rodeados por estos fascinantes seres; algo que ha tenido un éxito extraordinario entre los niños. ¿A que el calor ya no asusta tanto?

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50 años de Madelman en el Museo Nacional de Antropología

lunes, 13 de agosto de 2018 Comments off

Si alguien visita la sala de exposiciones y el salón central del Museo Nacional de Antropología de Madrid este verano se va a encontrar una sorpresa tan desconcertante como, probablemente, agradable. O, al menos, le hará esbozar una sonrisa entre divertida y cómplice, especialmente si el visitante tiene ya una edad. Y es que el lugar estará lleno de unos pequeños muñecos ataviados con uniformes y trajes de profesiones de acción que marcaron a toda una generación, la del babyboom.

El título del evento es Aún lo pueden todo. 50 años de Madelman. Una mirada antropológica a la colección de José Manuel Cortés y, como se indica, el centro de atracción de este mítico juguete es una colección privada cuyo propietario ha cedido al museo para que los nostálgicos y las nuevas generaciones evoquen otros tiempos; aquellos en los que la empresa española Industrias Plásticas Madel, perteneciente a Exin (que también está en la memoria de mucha gente por otros éxitos de ventas como Exin Castillos o CinExin), se lanzó a competir con los G.I. Joe estadounidenses junto a los Geyperman.

Muchos niños preferían a estos últimos porque eran más grandes y tenían un pelo realista pero nunca alcanzaron la dimensión legendaria de los Madelman, al menos a largo plazo, quizá porque Geyperman salió más tarde al mercado: en 1975, frente al otro, que lo hizo en 1968. Por cierto, Madelman siguió fabricándose hasta 198 y, en cualquier caso, fue el sueño de la infancia setentera, que al ritmo del famoso eslógan “Lo pueden todo” empleó muchas horas en entretenerse con marines, astronautas, buzos, exploradores, montañeros…

Todos ellos están representados en la citada colección privada de José Manuel Cortés, un entusiasta de ese juguete. Pero, además, la exposición -que es la más completa que se ha hecho sobre el tema-, echa un vistazo al mundo de Madelman en múltiples facetas, desde la de su producción a su repercusión en la vida cotidiana, ya fuera la individual, la familiar o incluso la social, pasando por sus estereotipos, la ausencia de muñecos femeninos, etc.

Este año 2018 era el indicado para Aún lo pueden todo. 50 años de Madelman. Una mirada antropológica a la colección de José Manuel Cortés porque se cumple medio siglo de su lanzamiento. Y como el evento va a estar abierto hasta el 14 de octubre, hay tiempo para plantearse una visita, buscando algún vuelo a Madrid y acercándose hasta la sede del Museo Nacional de Antropología (calle Alfonso XII, 68). La entrada es gratuita.

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