El secreto de la romana Piazza Cavalieri di Malta

miércoles, 7 de noviembre de 2018 Comments off

Si alguien ha reservado un vuelo a Roma y es de los que buscan algo más allá de la oferta turística habitual; o si alguien se conoce ya los muesos y ruinas de la capital italiana y quiera una experiencia original e inaudita; o si alguien disfruta descubriendo rincones insólitos y quiere probar en el callejero romano, ha de leer este artículo con calma y paciencia porque al final vamos a desvelarle una curiosa propuesta.

Antes, deberá acercarse hasta la Piazza Cavalieri di Malta (Plaza de los Caballeros de Malta), un recoleto espacio abierto situado en el distrito de Ripa, una parte del centro urbano que se ubica en la margen izquierda del río Tíber, a la altura del Trastevere, junto al Puente Sublicio. Se trata de uno de los espacios urbanos que delimitan el entorno del Jardín Histórico de San Alesio y el Instituto Nacional de Estudios Romanos.

De hecho, como indica su nombre, forma parte de los terrenos del Gran Priorato di Roma dell’ Ordine di Malta, que junto a la iglesia palatina de Santa María del Priorato (construida en 1765 por el célebre Giovan Battista Piranesi, el de los fantásticos grabados arquitectónicos), ocupa la cima del Aventino, una de las legendarias siete colinas, accediéndose bien por la Via di Santa Sabina, bien por la Via di Porta Lavernale.

Decorando la plaza se ven varios trofeos militares de época romana que hacen referencia al armilistrum, un festival celebrado en otoño en honor de Marte, el dios de la guerra, durante el que se purificaban las armas de los legionarios antes de proceder a guardarlas mientras pasaba el invierno. A Marte se le consideraba padre de Rómulo y Remo, los míticos fundadores de Roma, y la tradición dice que en el subsuelo de la Piazza Cavalieri di Malta está enterrado Tito Tazio, que compartió el trono con el primero.

Como se puede apreciar, una visita a ese lugar puede resultar fascinante si se tiene en cuenta que, por todo lo expuesto, se trata de un sitio cargado de Historia y además muy antigua. Pero aún falta lo mejor, la sorpresa de la que hablábamos al comienzo. En uno de los rincones de la plaza hay una portada monumental con una gran puerta de hierro enverdecido por el tiempo. No tiene pérdida porque lo normal es que haya una pequeña fila de turistas esperando.

Pero no a que la abran sino para otear a través de su cerradura. Y es que al otro lado se aprecia el follaje de un túnel vegetal jardín y al fondo, descollando, aparece esplendorosa la cúpula de San Pedro del Vaticano en una de las vistas más originales que se pueden obtener en esta ciudad ya de por sí tan sugestiva.

IMAGEN: Angelo nastri nacchio en Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

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Haciendo la Ruta de la Seda valenciana

miércoles, 31 de octubre de 2018 Comments off

La Ruta de la Seda esa una red de itinerarios para las caravanas que recorrían Asia conectando sus enclaves más importantes entre sí y con Europa tomando como punto de partida China, que era el país exportador de su más preciado producto, el que daba nombre a ese mapa comercial: la seda. El Karakórum, Samarcanda, Antioquía, Alejandría, Constantinopla y otros lugares de resonancias exóticas jalonaban la ruta pero aquí, en España, es posible realizar una ruta de de la seda a escala más modesta y asequible. Para ello sólo hay que buscar un vuelo a Valencia.

Y es que la ciudad del Turia tuvo una importante industria textil entre los siglos XIV y XVIII, destacando de forma especial el trabajo de la seda. De hecho, uno de los monumentos más bellos y destacados del patrimonio histórico valenciano es precisamente la llamada Lonja de la Seda (o Lonja de los Mercaderes), un edificio considerado obra maestra del gótico civil construido entre 1482 y 1548 a partir de su homólogo mallorquín y que desde 1996 forma parte del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

No es el único rincón de interés relacionado con el tema, pues también está, por ejemplo, el Colegio del Arte Mayor de la Seda, lo que en su tiempo, a partir de 1494, fue la sede del Gremio de Velluters (terciopelo), encargado de regular el oficio de producción de esa tela. Está en el número 7 de la calle Hospital y fue sometido a una reforma en el siglo XVIII, después de que Carlos II lo convirtiera en Colegio. Ahora es el Museo de la Seda de Valencia.

Más moderno -modernista para ser exactos, jugando con las palabras- es el Mercado Central de la plaza Ciudad de Brujas, construido en 1914 por los arquitectos Francesc Guàrdia i Vial y Alexandre Soler i March, si bien no se finalizó hasta 1928. Evidentemente no está vinculado con la seda pero como se alza al lado de la Lonja y resulta pintoresco a todas luces está incluido en la visita. ¿Qué visita? La que organiza Turismo de Valencia bajo el epígrafe València, Ciudad de la Seda.

Parte a las 11:00 de cada sábado de la Oficina de Turismo municipal por una tarifa de 20 euros (10 los niños de 7 a 16 años y gratis los menores de 6) y realiza un recorrido urbano y bilingüe (en español e inglés) de dos horas visitando los tres lugares citados antes más el barrio de Velluters (en el que trabajaban la mayoría de los miembros del gremio de sederos valencianos) y una tienda de trajes tradicionales valencianos. Un plan distinto, original y cultural.

Imagen: la bóveda de crucería de la Lonja de la Seda – Rafesmar en Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

Exposición sobre Stanley Kubrick en el CCCB de Barcelona

lunes, 29 de octubre de 2018 Comments off

A veces los árboles no dejan ver el bosque. Quienes reserven un vuelo a Barcelona seguro que llevan en mente visitar esa pléyade de atractivos que incluye desde los edificios modernistas a algunos de los museos más frecuentados de España, pasando por rincones naturales del entorno, pueblos pintorescos y mil cosas más. Y eso hace que pasen desapercibidos otros sitios que pueden resultar igualmente interesantes. Uno de ellos podría ser, por ejemplo, el CCCB (Centre de Cultura Contemporánia de Barcelona).

No vamos a hablar aquí de esa institución en general sino de uno de los eventos que inauguró el pasado 24 de octubre, una apasionante exposición que lleva por título un sencillo nombre propio: Stanley Kubrick. Cualquier cinéfilo -en realidad ni siquiera hace falta serlo- lo reconocer; se trata de uno de los grandes cineastas de la historia del séptimo arte y cuya trayectoria profesional es analizada por en esta muestra del CCCB.

Sus primeros años de aprendizaje como fotógrafo de la revista Look, su pequeña -pero enorme a un tiempo- cantidad de largometrajes, los proyectos que nunca llegaron a ver la luz o que acabaron en manos de otros directores… Todo ello a través de más de seiscientos ítems que incluyen cuarenta audiovisuales, documentos diversos, guiones, vestuario, cámaras, maquetas, storyboards, fotos y similares procedentes de su labor profesional, de sus películas.

Ahí están piezas emblemáticas como el disfraz de homínido de 2001, una odisea del espacio, el casco con el eslógan Born to kill que llevaba el protagonista de La chaqueta metálica, el hacha que manejaba Jack Nicholson en El resplandor, el objetivo Zeiss de alta velocidad (hasta entonces usado sólo por la NASA ) empleado para rodar con luz natural en Barry Lyndon, las enigmáticas máscaras que aparecían en la turbadora escena de Eyes wide shut, etc.

Hans-Peter Reichmann y Tim Heptner, del Deutsches Filmmuseum de Frankfurt, son los comisarios de esta exposición que ya ha pasado por otras ciudades del mundo como México DF, Los Ángeles, Seúl o París y que en Barcelona ha contado con la colaboración del crítico Jordi Costa i Vila para su adaptación, incorporando nuevos e inéditos contenidos.

Se podrá visitar hasta el 31 de marzo. La entrada vale 6 euros (4 en tarifa reducida) y por un euro más hay audioguías en catalán, castellano, inglés (los miércoles son gratuitas).

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El mundo de los faraones en el CaixaFórum madrileño

martes, 23 de octubre de 2018 Comments off

El antiguo Egipto siempre ejerce una especial atracción sobre el público. Su arte, su historia, su iconografía en general, resultan fascinantes para casi todos, por eso cada poco suele haber alguna exposición relacionada con aquella milenaria civilización. La más reciente se inauguró el pasado 17 de octubre en Madrid, en la sede de CaixaFórum, y lleva por significativo título Faraón. Rey de Egipto.

Como todo el mundo sabe, faraón es la palabra con que los egipcios denominaban a su rey. Significa Gran Casa y designaba un cargo que regía la vida y la muerte de un país que se desarrollaba a lo largo de las fértiles riberas del Nilo, las cuales se dividían originalmente en dos reinos: el Alto Egipto (interior) y el Bajo Egipto (zona del delta). Una vez unificados, los faraones encarnaban esa unión portando la doble corona que representaba a ambos.

Encargados de proteger su tierra y a sus súbditos, también tenían el deber de garantizar el Maat, es decir, el orden del universo, como dioses vivientes encarnados en este mundo, hijos de Horus. Lo hicieron durante un extenso período que abarca aproximadamente desde el año 3.100 a.C hasta el 30 a.C, cuando los romanos incorporaron Egipto a su imperio. Para entonces ya se habían sucedido dinastías autóctonas y foráneas (hicsas, nubias, griegas)

La muestra de CaixaFórum reúne una selección de 164 piezas procedentes de uno de los muesos de egiptología más interesantes que existen, el British Museum. A través de esos objetos se pretende explorar los ideales, simbolismos e ideología de aquellos gobernantes que han dejado a la posteridad algunos nombres inolvidables, como los que siguen nombrando a las grandes pirámides (Kéops, Kefrén, Micerino, Snefrú, Zoser…) o lo que conocemos por avatares de su vida (Akhenatón, Tutmosis III, Hatshepsut, Ramsés II, Tutankhamón…).

Entre esas obras figuran la tapa del sarcófago de Ramsés VI, una cabeza del faraón guerrero Tutmosis III, la estatua del funcionario Sennefer, varias losetas del palacio de Ramsés III, la estatua del faraón Senuseret III o una figura del dios halcón Ra-Horakhty protegiendo a Ramsés II. con todo ello no sólo se pretende hablar de los faraones sino también mostrar la realidad de la vida en el Valle del Nilo. Será hasta el 20 de enero, fecha en la que el evento viajará a otras localidades españolas.

Faraón. Rey de Egipto abre a diario de 10:00 a 20:00 (aunque los días 24 y 31 de diciembre más el 5 de enero lo hará hasta las 18:00, cerrando los festivos navideños). La entrada cuesta 4 euros pero los clientes de CaixaFórum entran gratis. Eso sí, quien viva fuera deberá reservar antes un vuelo a Madrid.

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Visitar una fábrica de turrones en Jijona

viernes, 19 de octubre de 2018 Comments off

Se acercan las navidades. Están allí, al fondo, dispuestas para envolvernos en su manto de felicidad familiar que viene acompañado de regalos, villancicos, ilusión infantil y delicias propias de las fiestas. Bueno, en realidad aún faltan un par de meses pero a pesar de estar aún en octubre ya empezamos a ver los estantes de las tiendas los primeros turrones.

El turrón es inseparable del período navideño… a no ser que reservemos un vuelo a Alicante y una vez allí, aparte de las visitas turísticas preceptivas, nos acerquemos a una fábrica para descubrir todos los secretos de su elaboración. Y, por qué no, de paso catar algunas modalidades anticipándonos así a finales de diciembre. Para ello, la localidad de referencia es Jijona, donde tienen su sede la mayoría de los productores y suelen abrir las puertas de sus instalaciones a las visitas.

Los recorridos se hacen en temporada alta, que comienza precisamente en la segunda mitad de octubre y se extiende hasta que acaba el año, aproximadamente. Es el momento perfecto porque habrá ocasión de ver la fábrica a pleno rendimiento, con su maquinaria en marcha y los profesionales poniendo en práctica sus conocimientos. Si se va en otra época puede que dejen entrar pero no será lo mismo.

No todas las marcas abren al público pero como realmente hay muchas -Jijona vive de ello, al fin y al cabo- no es difícil dar con alguna. Por ejemplo, El Artesano; o El Abuelo; o Primitivo Rovira. También Turrones El Lobo y 1880, que además cuenta con un museo turronero con un calendario de apertura más amplio que el de la fábrica en sí (de julio a noviembre, todas las mañanas excepto en agosto y fines de semana). La parte industrial se contempla desde pasarelas que permiten no interferir con el trabajo de los operarios.

Los precios son casi simbólicos (3 euros en temporada alta y la mitad en baja pero con descuentos para escolares y jubilados) y al final, como decíamos antes, habrá una degustación de productos. No hace falta reserva salvo que se trate de un grupo superior a 10 personas. Pero otras fábricas hacen visitas gratuitas y extienden el horario a las tardes e incluso a sábados y domingos, aunque en ese caso las máquinas no estarán en marcha.

En suma, si se quiere conocer los entresijos del producto más emblemático de Alicante, nada mejor que verlo in situ. Es una forma de ir abriendo boca para lo que vendrá.

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De Van Gogh a Picasso en el Guggenheim bilbaíno

martes, 16 de octubre de 2018 Comments off

Si se pide citar pintores contemporáneos es muy probable que haya dos que se repitan con insistencia: Van Gogh y Picasso. Ambos son los que marcan el inicio y el final, cronológicamente hablando, a la exposición del Museo Guggenheim que lleva sus nombres y fue inaugurada en Bilbao el pasado 21 de septiembre: De Van Gogh a Picasso. El legado Tannhauser.

El tercer nombre de ese título corresponde a Justin K. Tannhauser, un marchante de arte moderno que tras jubilarse legó su colección particular a la Solomon R. Guggenheim Foundation neoyorquina, algo que su viuda amplió luego con otras obras. Dicha colección, integrada ya en los fondos del Guggenheim constituye una panorámica del arte de vanguardia de Francia entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, período que marcan los dos pintores reseñados antes.

Y, entre medias, genios del calibre de Paul Cézanne, Edgar Degas o Édouard Manet, entre otros, caracterizados por su deseo de romper con los esquemas académicos y sus aportaciones a una nueva visión estilística y temática. Un testigo que recogieron los integrantes de la siguiente generación de maestros, como Georges Braque o Pablo Picasso, que aportaron sus propia visión para renovar la renovación, valga el juego de palabras.

Ahora es la primera vez que el Guggenheim exhibe la Colección Tannhauser fuera de Nueva York y ha elegido su centro bilbaíno para ello, en una muestra que está dirigida por Megan Fontanella, curadora de Arte Moderno y Procedencia del Solomon R. Guggenheim Museum. Hay un total de medio centenar de obras de los autores citados más otros igual de célebres como Monet, Renoir, Rousseau, Gauguin (en la imagen su Haere Mai)…

Otra excusa más para buscar un vuelo a Bilbao y acercarse a su mueso-icono. Hay tiempo hasta el 24 de marzo de 2019.

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Una excursión desde Bucarest al Castillo de Peles

jueves, 11 de octubre de 2018 Comments off

Los vuelos a Bucarest, que de un tiempo a esta parte presentan una amplia oferta debido a la cantidad de inmigrantes de esa nacionalidad que hay en España, permiten facilitar el descubrimiento de una las capitales más desconocidas de Europa, que aún conserva trazas de aquel esplendor del primer cuarto del siglo XX que la llevó a ser conocida como el Pequeño París. Pero además de los atractivos urbanos tiene otros no muy lejos, a los que es posible llegar en una excursión de un día, y no cabe duda de que uno de ellos es el Castillo de Peles.

No se trata de un edificio medieval de los de almenas y puente levadizo sino más bien de un palacio neorrenacentista, construido a caballo entre los siglos XIX y XX. Los reyes de Rumanía lo utilizaban como residencia estival para escapar del calor de la capital, ya que se encuentra entre montañas, en un lugar más fresco, no lejos de la localidad de Sinaia. Un bucólico paraje que encantó al rey Carlos I, por lo que decidió erigir allí ese refugio.

Se inauguró en 1883 y desde entonces ha experimentado diversas reformas -la última en 1914- que alteraron un poco su esquema original, obra de los arquitectos Johannes Schultz, Carol Benesch y Karel Liman más el trabajo de los decoradores J. D. Heymann (alemán), August Bembé de Mainz y Bernhard Ludwig (austríacos). Son 3.200 metros cuadrados que albergan 160 habitaciones y una treintena de baños, destacando exteriormente por su espigada torre de 66 metros de altura.

En su época fue muy moderno, pues contaba con luz eléctrica, ascensor e incluso calefacción, a pesar de que su aspecto interior era y es bastante clásico, aunque con toques mudéjares y profusión de maderas nobles, molduras, relieves, esculturas, lámparas de araña, mármoles… Un techo acristalado retráctil era la guinda del pastel pero además había una biblioteca, sala de conciertos y hasta un pequeño teatro de 60 butacas. Tampoco faltan jardines con terrarios, fuentes, estatuas, etc.

Peles no era un lugar de retiro absoluto sino un simple traslado de la corte entre mayo y noviembre, por lo que tras sus muros se tomaron decisiones políticas -alguna tan importante como la neutralidad del país en la Primera Guerra Mundial- y se reunía el Consejo de la Corona. También acogió el nacimiento del heredero Carlos II y la visita de otros personajes europeos destacados, como el emperador Francisco José de Austria.

En 1947, tras la abdicación de Carlos I, al castillo se le dio uso turístico, si bien luego fue cerrado y, dicen, Ceaucescu planeaba convertirlo en su residencia privada. Al final ha quedado como museo, visitable de miércoles a domingo entre las 9:00 y las 16:00. Tiene la ventaja, comentada al principio de que Sinaia se encuentra sólo a un centenar de kilómetros de Bucarest, lo que facilita una escapada.

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De excursión a ver los molinos holandeses

martes, 9 de octubre de 2018 Comments off

Si hay un icono turístico capaz de identificar Ámsterdam es el molino de viento, que pese a ser un ingenio utilizado en muchos países se ha asociado a Holanda por conservar varios modelos de época en buen estado. De hecho, los de la provincia de Kinderdijk están protegidos como Patrimonio de la Humanidad desde 1997 pero hay un alrededor de un millar repartidos por el territorio nacional y que hoy sirven para atraer curiosos cámara en ristre.

El más antiguo es del siglo VIII pero de agua. Los de viento se introdujeron posteriomente, unos cinco siglos más tarde. Obviamente, resultaría imposible verlos todos pero constituyen un referente tan fuerte que se organizan excursiones en circuito desde la capital para ver los más significativos. También se puede hacer esa ruta molinera por cuenta propia, claro está. Sea cual sea la opción que se escoja, hay que tener claro que se necesario seleccionar.

Una propuesta de itinerario es salir por la mañana en dirección al entorno rural y hacer un primer alto junto al río Zaan, en Zaanse Schans, donde se congregan varias casas de hace quinientos años y junto a ellas varios molinos antiguos; son los supervivientes de los casi seiscientos que hubo antaño, pues allí había un centro de producción lechera, quesera y minera, entre otras cosas, de cuyo recuerdo se ocupa una serie de museos sobre oficios artesanos.

Pero hay otras opciones. Una de ellas sería acercarse hasta la citada provincia de Kinderdijk, cerca de Róterdam, donde hay nada menos que diecinueve molinos dieciochescos en plenos pólders, entre diques, esclusas y puentes; dos de ellos son visitables por dentro y hacen hoy funciones de museo. Otros cinco están en Schiedam y se los considera los más grandes del mundo al superar los cuarenta metros de altura. En otra época eran una veintena y servían para moler cereal y, de paso, fabricar un tipo de ginebra local denominada jenever.

También es museo el que se encuentra en Schermerhorn; forma parte de un grupo de once, situados en una zona desecada del lago Schermer porque su uso era precisamente el de drenar el agua y evitar así inundaciones, para lo cual llegaron a construirse cincuenta y dos. La humedad reinante en el paisaje explica el porqué de los típicos zuecos holandeses, que en Schermerhorn son uno de los souvenirs habituales.

Así que, a la hora de reservar un vuelo a Ámsterdam, ya tenemos otra cosa que apuntar en la agenda y con la ventaja de combinar espectacularidad, cultura e historia.

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Rutas grafiteras por Málaga

martes, 2 de octubre de 2018 Comments off

Si reservamos un vuelo a Málaga con fines turísticos es casi seguro que llevemos en mente ver su casco histórico, que incluye el Castillo de Gibralfaro, la Alcazaba, el Teatro Romano, la Catedral o el Palacio Episcopal; también las preceptivas visitas culturales al Museo Picasso o el Carmen Thyssen; puede que incluso se lleve en la lista algún yacimiento arqueológico como el de la Araña.

En fin, hay mil y un posibilidades pero de un tiempo a esta parte se ha incorporado otra muy peculiar, una ruta grafitera que discurre por el llamado Soho Málaga-Barrio de las Artes. Se trata éste de una zona de ambiente bohemio donde se concentran artes de todo tipo, desde danza a pintura pasando por teatro, fotografía, etc. Y no falta una tendencia de nuevo cuño como es la del arte callejero, ése que se expresa spray en mano plasmándose en paredes de forma casi improvisada.

El street art de Málaga no sólo inunda de color lo que antes era gris o monócromo sino que ha alcanzado tal nivel de difusión que constituye ya una alternativa turística urbana que parece muy apropiada para la ciudad donde nació Picasso. Se localiza entre la Alameda Principal y el muelle Heredia, el CAC y la Plaza de la Marina, e incluso se pueden ver ya grupos de visitas organizadas; hasta hay planos para hacer la ruta que indican dónde encontrar cada grafiti.

No es para menos, puesto que el Soho malagueño ha pasado a ser una referencia para el arte mural gracias a la participación de autores de fama internacional y al tamaño de las obras. Allí han firmado trabajos Faith 47, Dal East, ROA, Pejac, Obey, Aintzane Cruceta, Aryz, Okuda & Remed, Manuel León, D-Face, Felipe Pantone, Eine, Kenny Scharf, Boa Mistura, etc.

Todo ello es el resultado de la puesta en desarrollo del MAUS, un proyecto municipal cuyas siglas significan Málaga Arte Urbano Soho y que viene a completar y ampliar lo que se puede ver también en otro barrio, el de Las Lagunillas. Porque, en efecto, son dos los barrios grafiteros malagueños., para que la experiencia resulte más intensa.

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Visitando la tinerfeña Cueva del Viento

viernes, 28 de septiembre de 2018 Comments off

Tenerife es una isla llena de sorpresas que se van descubriendo a poco que se recorra. aunque la zona más típicamente turística es el sur, el norte también tiene sus atractivos, que pueden constituir una alternativa o -mejor aún- un complemento a las vacaciones playeras. Porque pocas cosas se pueden imaginar más opuestas a lo que ofrece una playa (sol, mar, aire libre, luz) que una cueva. Pero las cuevas visitables suelen tener un interés especial y la que proponemos aquí no es una excepción: la Cueva del Viento.

No se trata de una gruta creada por la acción kárstica sino de un tubo volcánico, es decir, un túnel originado por una colada de lava al fluir por una pendiente y que al contacto con el aire se solidifica, dejando un interior hueco. En este caso, la colada procedía del Pico Viejo, un volcán vecino del Teide que tiene la segunda mayor cota de altitud de la isla (3.135 metros) y unos 200.000 años de antigüedad. Su última erupción, en 1789, fue la mayor de la historia insular pero la gruta en cuestión se formó en las primeras erupciones, hace 27.000 años.

Cueva del Viento está en el municipio de Icod de los Vinos. Es el tubo volcánico más grande de la UE y el quinto del mundo con 17 kilómetros de longitud, considerándoselo el más complejo por estar compuesto por una trama de pasadizos kilométricos distribuidos en tres niveles, con simas, terrazas y otros fenómenos. De hecho, técnicamente se lo denomina Sistema Viento por su estructura laberíntica y los 480 metros de desnivel que salta y porque está compuesto por dos cavernas, la del Viento y la del Sobrado.

La primera, que es la que nos interesa aquí, debe su nombre a las corrientes de aire que circulan por sus galerías. Evidentemente, es imposible visitarlas en toda su extensión y únicamente se recorren unos 200 metros en pequeños grupos guiados de 15 personas, ya que no hay iluminación (hay que llevar casco con linterna). Pese a todo, el recorrido completo de la excursión dura 2 horas y media.

Abrió al público en los años noventa del pasado siglo, tras una serie de obras de acondicionamiento. Aún así, es aconsejable llevar pantalón largo, calzado cerrado (botas preferentemente), algo de abrigo (la temperatura interior es de 14º) y tener en cuenta que no se recomienda el acceso a niños menores de 5 años y discapacitados; tampoco a quien sufra claustrofobia. En el interior hay petrificaciones, estalactitas de lava, cascadas lávicas, fauna subterránea (la mayor parte invertebrados) e incluso restos fósiles, entre otras curiosidades.

Resulta necesario reservar día y hora, adquiriendo las entradas por Internet. Cuestan 20 euros (10 para residentes, 8,50 para menores de 5 a 12 años) y el coste incluye el traslado en 4 X 4, el equipo y un paseo por el bosque cercano. Sin duda, se trata de una actividad diferente que confirma lo dicho al principio: un vuelo a Tenerife no es más que una puerta de entrada a una experiencia intensa, especial y variada.

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