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Fotos en color de Garry Winogrand en el Brooklyn Museum neoyorquino

viernes, 27 de septiembre de 2019 Comments off

Mucha gente no lo conoce pero quien tome un vuelo a Nueva York con la idea de hacer turismo por la ciudad estadounidense puede acercarse hasta el Brooklyn Museum, que está en el barrio homónimo de Long Island y tiene una importante colección de arte, ya que se trata del tercer museo neoyorquino en tamaño (y originalmente fue diseñado con la idea de ser el más grande del mundo).

Ubicado en un edificio de estilo Beaux Arts, atesora una considerable cantidad de obras de otros lugares y épocas, entre ellas el Antiguo Egipto y Próximo Oriente, así como arte africano, del Pacífico, islámico y europeo, aunque lo más destacado de sus fondos corresponde al arte nacional, con autores como Edward Hopper, Winslow Homer, Joseph Singer Sargent o Norman Rockwell. A ellos se suman otros como Mark Rothko, Max Weber, los impresionistas, etc.

Actualmente tiene en cartel, desde el pasado 3 de mayo y hasta el próximo 8 de diciembre, a un fotógrafo del siglo XX: Garry Winogrand, que precisamente nació en Nueva York. Estudió pintura y fotografía, pasando a ser profesor en varios centros y publicando unos cuantos libros gráficos. Falleció en 1984 dejando más de 300.000 imágenes, muchas de las cuales todavía no se habían revelado, así como miles de rollos de película.

La exposición del Brooklyn Museum lleva por título Garry Winogrand: color y, como se puede deducir, está compuesta por fotos en color, que son la gran novedad porque el autor es famoso sobre todo por las que son en blanco y negro (a menudo, las limitaciones presupuestarias que tenía le obligaba a revelar sin color). Pero es que entre ese legado que dejó había cerca de 45.000 diapositivas en color hechas entre los años cincuenta y sesenta.

La muestra ofrece al espectador casi medio millar de ellas; 450 para ser exactos. En la primera exhibición que se hace sobre ese tipo de obras de Winogrand se ven sus temas habituales, callejeros, costumbristas. Los comisarios del evento son los curadores museísticos Drew Sawyer, Phillip Leonian y Edith Rosenbaum, que reunieron material cedido por el Centro de Fotografía Creativa de la Universidad de Arizona, Tucson, que alberga el Archivo Garry Winogrand.

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Joan Miró en el MoMA neoyorquino

martes, 12 de marzo de 2019 Comments off

¿Buscando algo para hacer en la ciudad de los rascacielos si se ha reservado un vuelo a Nueva York? Pues indudablemente, habría que visitar el MoMA, Museo de Arte Moderno, uno de los emblemas culturales neoyorquinos. Además, viajando desde España, es probable que el turista encuentre un interés especial hacia una de las exposiciones que esa institución tiene actualmente: la que lleva por título Joan Miró: Birth of the World.

traducido es Joan Miró: Nacimiento del mundo y es un evento dedicado al gran artista barcelonés a base de unas 60 obras suyas que proceden sobre todo de la propia colección del MoMA pero con varios préstamos clave. Se trata de pinturas, dibujos, grabados, libros ilustrados y objetos diversos, todo ello enmarcado en un período que abarca desde 1920 (año en que Miró hizo su primer y catalítico viaje a París) hasta principios de la década de los 50, cuando su lenguaje visual se hizo internacionalmente famoso.

El título de la muestra hace referencia a uno de sus cuadros emblemáticos, El nacimiento del mundo, pintado en 1925 después de agradecer por carta al poeta francés Michel Leiris el haberle servido de inspiración con sus escritos. Miró lo realizó aplicando pintura al lienzo al azar, como si de versos se tratase, añadiendo luego sus característicos signos pictográficos para dar como resultado lo que él mismo definió como «una especie de génesis» (el título oficial se lo dieron sus amigos surrealistas).

La exposición Joan Miró: nacimiento del mundo ha sido organizada por la curadora Anne Umland, de The Blanchette Hooker Rockefeller, ayudada por Laura Braverman, asistente curatorial del Departamento de Pintura y Escultura. Se podrá ver hasta el 15 de junio, completando así la entrada al MoMA y la siempre apasionante visita a Nueva York.

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Visitando el edificio más antiguo de Nueva York, el Templo de Dendur

viernes, 14 de diciembre de 2018 Comments off

¿Cuál es el edificio más antiguo de Nueva York? Hay un poco de trampa en la pregunta porque no fue construido allí sino al otro lado del océano Atlántico y miles de años antes de que existiera la gran ciudad estadounidense. Se trata del Templo de Dendur, una pequeña muestra arquitectónica del Antiguo Egipto que se conserva en el interior del MET (Metropolitan Museum of Art).

Obviamente está lejos de las dimensiones colosales de los templos faraónicos más célebres, como los de Karnak, Luxor o Deir el-Bahari. El de Dendur mide unos 25 metros de longitud por 8 de altura máxima, siendo su ancho irregular (la terraza o patrio alcanza la treintena de metros en ese sentido).

Consta de unos sencillos pilonos a manera de entrada adintelada, un patio hípetro, una pronaos con dos columnas y el santuario propiamente dicho. Se ha perdido el probable muro de adobe que seguramente circundaba el perímetro; un material endeble, al fin y al cabo, que contrasta con los sillares de la típica piedra arenisca del resto del complejo.

Fue erigido en torno al año 15 a.C. por encargo del emperador Augusto (que aparece en varios relieves), ya en el período en que Egipto pasó a ser provincia romana. Su ubicación original era la localidad que le da nombre, Dendur. Ésta se halla en Nubia, al sur de Egipto y de hecho el templo estaba dedicado (además de a la diosa Isis) a dos hijos de uno de los jefes de esa región llamados Peteese y Pihor, fallecidos en un accidente en el Nilo (se supone que fueron enterrados en una cripta que había anexa bajo el edificio, excavada directamente en la roca).

En el año 557 d.C, con la difusión e implantación del cristianismo, el Templo de Dendur fue transformado en una iglesia copta y, consecuentemente, la mayor parte de la decoración pagana de sus muros fue tapada con pintura y estuco, si bien hoy luce como estaba en el siglo I a.C. Ahora bien, la mayor amenaza que se cernió sobre él fue la construcción de la presa de Assuán, que al embalsar parte del cauce del Nilo en lo que sería el lago Nasser podría dejarlo sumergido junto a otras muchas muestras del patrimonio egipcio antiguo.

La más famosas fueron los templos de Abu Simbel, salvados gracias a una intervención internacional apadrinada por la UNESCO. En agradecimiento por ese esfuerzo, el gobierno de El Cairo regaló varios templos a los colaboradores y uno de los beneficiados fue EEUU (también España, a donde llegó el de Debod). Así, en 1963 el Templo de Dendur fue desmontado en 642 bloques que viajaron a América dos años más tarde. Lo hicieron en barco pero si uno quiere ir a verlos ya reconstruidos seguramente optará por el avión; son numerosos los vuelos a Nueva York.

IMAGEN: MET en Wikimedia Commons, CC0

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El singular castillo de la neoyorquina Isla Pollepel

lunes, 20 de agosto de 2018 Comments off

Nueva York es una ciudad que presenta al visitante una lista inacabable de sorpresas y visitas. Algunas son tan inevitables como conocidas (Estatua de la Libertad, Empira State, Central Park, Metropolitan…) pero siempre hay quien prefiere desmarcarse de estos sitios y buscar rincones insospechados, alejados de los puntos turísticos masivos. En ese sentido hoy podemos sugerir salir del casco urbano y viajar unos 80 kilómetros al norte (una hora aproximadamente) hasta la inaudita Isla Pollepel, también conocida como Bannerman.

Es un pedazo de tierra se unos 26.000 metros cuadrados de rocosa superficie que está situado en el río Hudson y cuyo nombre tiene un origen incierto, pues unos lo atribuyen a su significado en holandés (cuchara de madera), puesto que fueron exploradores de ese país quienes descubrieron el lugar, mientras que otros hablan de una mujer llamada Polly Pell que vivió allí. Antes había sido un punto estratégico durante la Guerra de la Independencia y George Washington mandó instalar allí una prisión, aunque no consta que se llegara a hacer.

Lo que sí hay es un desconcertante castillo. No se trata de arquitectura medieval, claro, sino del que construyó un inmigrante irlandés llamado Francis Bannerman, que arribó a EEUU en 1854 siendo niño, y se enriqueció con el negocio de compra de excedentes militares de la Guerra de Secesión para su reciclaje en otros productos, sin contar el material que adquiría y revendía a coleccionistas. Bannerman se instaló en la isla en 1900 porque necesitaba un sitio aislado donde almacenar las municiones.

Aparte del almacén, que albergaba 30 millones de cartuchos, también construyó un castillo como residencia. Muy vistoso, según diseño propio, para que de paso sirviera de reclamo. Bannerman falleció en 1918, antes de que el edificio fuera terminado. No llegó a serlo nunca porque en 1920 los explosivos guardados explotaron y destruyeron buena parte del complejo. Fue el principio del fin de la empresa, por otra parte muy limitada por las nuevas leyes. Tres décadas más tarde, el transbordador que cubría la distancia entre la isla y tierra firme se hundió, condenándola al olvido.

La compró el estado de Nueva York en 1967 pero apenas dos años después se produjo un devastador incendio que arrasó lo que quedaba del maltrecho arsenal y del castillo, quedando apenas el esqueleto de lo que fue. No obstante, las ruinas siguen siendo curiosas y pueden observarse al pasar en tren (Metro-Norte). Poco más, ya que no se puede acceder porque de vez en cuando se caen trozos. No faltan propuestas para tratar de salvar lo que queda pero, de momento, el sitio continúa agonizando. Literalmente, pues en 2015 se registró allí un homicidio.

En suma, si alguien planea tomar un vuelo a Nueva York y desea buscar algo diferente que hacer o regresar con una historia indudablemente única, aquí tiene una idea.

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Visitando en Nueva York el Museo Nacional de los Indios Americanos

viernes, 4 de mayo de 2018 Comments off

En general, las grandes capitales cuentan con numerosos museos, de los que dos o tres suelen constituir la base del atractivo -al menos en parte- para el turismo que visita la ciudad. Pero cuando hablamos de megápolis de ésas que atraen a auténticas riadas de gente la lista tiende a incrementarse con centros menores, a menudo eclipsados mediáticamente por los grandes pero que pueden satisfacer a más de un curioso que quiera salirse un poco de lo habitual.

Tomar un vuelo a Nueva York y encontrar museos raros o incluso frikis es todo uno. Si alguien ya ha estado en los de referencia, léase el MoMA. el Guggenheim, el Metropolitan o el de Historia Natural, por citar sólo un puñado de la enorme relación existente, y desea algo distinto una buena opción podría ser, por ejemplo, el National Museum of the American Indian; es decir, el Museo Nacional de los Indios Americanos. Está muy claro qué es lo que se encontrará en su interior.

En realidad forma parte del célebre Smithsonian Institute, una institución dedicada a la investigación y dependiente de forma directa del Gobierno de EEUU. De hecho, el museo se fundó por una ley gubernamental promulgada en 1989 para incorporarlo a la red de ellos que pose el instituto y que asciende a diecinueve. Obviamente, los indígenas de toda América son el objeto de su estudio en sus diversos aspectos: historia, cultura, lenguas, arte…

Las piezas que integran su colección permanente proceden de otro museo anterior dedicado al mismo tema, el Museo del Indio Americano creado también en Nueva York pero en 1916 y que en 1990 se incorporó al Smithsonian. Sin embargo, la neoyorquina no es la única sede que tiene puesto que hay otras dos en el país: una es el National Mall de Washington D.C, inaugurada en 2004; otra, el Centro de Recursos Culturales de Suitland, en Maryland.

La tercera, la que nos ocupa, el National Museum of the American Indian, se aloja en el George Gustav Heye Center de la 4ª con Independence Avenue, en el Southwest de Manhattan, en el Alexander Hamilton U.S. Custom House (es decir, el antiguo edificio de aduanas, un Monumento Histórico Nacional estilo Beaux Arts). Sus áreas de exhibición abarcan unos dos mil metros cuadrados en los que el visitante podrá ver exposiciones, películas, vídeos y eventos culturales variados.

La colección se compone de alrededor de ochocientos mil objetos, estructurándose en las siguientes secciones: Amazonía; Los Andes; Ártico / Subártico; California / Gran Cuenca; Arte contemporáneo; Mesoamericano / Caribe; Costa noroeste; Patagonia; Llanuras / Meseta; Praderas.

Imagen: Alina Zienowicz en Wikimedia Commons, CC BY 3.0

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Minicruceros por Nueva York

martes, 3 de enero de 2017 Comments off

vuelo Nueva York

Nueva York es el puerto de partida de numerosos cruceros que realizan itinerarios por la costa sur del país y se extienden al Caribe, tocando fundamentalmente algunas de las islas de habla inglesa. Pero, además, hay otro tipo de cruceros más modestos que se centran en navegar por las aguas que hay alrededor de la ciudad ofreciendo una cena y mostrando a los usuarios una perspectiva distinta.

De hecho, quizá sea excesivo usar la denominación de crucero para esta actividad, ya que se trata más bien de excursiones para hacer algo diferente y relajado. Se trata de barcos pequeños, a veces fluviales, en los que se ofrece al pasaje una ruta por el río Hudson para conocer lugares destacados de Manhattan, Nueva Jersey, Brooklyn, las islas y la franja continental en unas pocas horas que se rematan con cena y fiesta.

Las cenas pueden ser tipo buffet o de lujo, generalmente amenizadas con una orquesta en vivo mientras se contempla la Estatua de la Libertad por la cristalera o desde cubierta y la posibilidad, según cada caso, de algo más romántico y exclusivo, con mesa privada, ramo de rosas y champán francés. Puede haber camarotes climatizados, espectáculos musicales, DJ y baile. El número de extras dependerá de la opción elegida, pues están la normal y la VIP.

Lo habitual es que se exija un código de vestimenta (mínimo chaqueta y corbata para ellos, vestido de noche o cóctel para ellas), si bien algunas compañías permiten algo más informal (vaqueros, polo, vestido veraniego) pero sin llegar a las zapatillas deportivas o las chanclas. Y aunque algunas empresas admiten niños (y los menores de dos años no suelen pagar), en general es una actividad no recomendada para menores de seis años por el tipo de ambiente de fiesta adulta que se vive, en la que no hay previsto nada especial para ellos. En cambio, los barcos sí están adaptados para personas en silla de ruedas.

Lo típico es embarcar hacia las 19:00 en el muelle indicado para ello (Chelsea Piers es el más frecuente), aunque hay que estar media hora antes. El minicrucero dura alrededor de tres horas, terminando en torno a las 22:00. Es decir, se desarrolla entre el declinar de la tarde y la noche abierta, lo que le confiere ese toque romántico especial, si bien algunos zarpan un poco antes y terminan también primero, con una duración menor (un par de horas).

Conviene siempre reservar con tiempo porque las localidades tienden a agotarse, ya que el precio es sorprendentemente económico para lo que cabría esperar (inferior al de muchas fiestas de Nochevieja). En suma, un vuelo a Nueva York abre la posibilidad de probar también una tarde en barco. Complementariedad.

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Gospel en Nueva York

viernes, 14 de octubre de 2016 Comments off

vuelo Nueva York

Cuando se visita Sevilla es típico visitar un tablao flamenco, igual que si se va a Perú se recomienda ver algún espectáculo de danzas folklóricas o si el destino es Buenos Aires caerá algún tango. Pues bien, quien reserve un vuelo a Nueva York puede hacer algo parecido con algo de sabor puramente local: asistir a una misa de gospel.

El gospel es la música espiritual (el término deriva de godspel, equivalente a palabra de Dios) que se canta en los oficios religiosos baptistas. De origen negro, allá por el siglo XVIII, se popularizó especialmente en los años treinta de la pasada centuria, aunque puede ir acompañado de música instrumental (guitarra, fundamentalmente), lo más habitual es que se interprete a capella, mediante la armonización de las diferentes voces corales.

Al tratarse de música religiosa, lo más frecuente y fácil es esperar al domingo para acercarse a alguna iglesia. Especialmente recomendadas las del Harlem (uno de los barrios clásicos de Nueva York junto con Manhattan, Bronx, Queens, Brooklyn y staten Island), que es donde el gospel goza de una especial vigencia debido a la abundante población negra que habita allí. De hecho, ya no hay la peligrosidad que tantes tenía el barrio y sus calles están llenas de turistas en busca de ese tipo de espectáculo. Harlem limita con el río Hudson, la Quinta Avenida y las calles 155ª y 96ª.

Tanta gente se reune que es recomendable ir con tiempo para asegurarse el sitio. Eso sí, teniendo en cuenta siempre que, al fin y al cabo, son misas y por ello no se permite grabar ni fotografiar, salvo excepciones. Luego, es cosa de elegir si se hace por cuenta propia o se contrata la actividad en una empresa turística, pues casi todas lo incluyen en sus ofertas, sea en un templo, sea en actuación ad hoc (casi siempre formando parte de un tour).

Quien elija ir por libre debe apuntar las siguientes iglesias, que tienen oficio los domingos por la mañana: Abyssinian Baptist Church, Antioch Church, Bethel Gospel Assambly, Canaan Bapstist Church, Convent Avenue Baptist Church, Greater Refuge Temple y Memorial Baptist Church. Si se prefiere otro día, los miércoles también hay misas gospel en la Antioch Church, la Bethel Gospel Church y el Greater Refuge Temple.

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Sobrevolar Nueva York en helicóptero

viernes, 22 de enero de 2016 Comments off

vuelo a Nueva York

Volar es toda una experiencia. Como decía el inmortal Isaac Asimov, constituye el escalón más alto alcanzado por el ser humano, habida cuenta que no somos una especie dotada por la naturaleza para ello y, en condiciones normales, nos resultaría imposible, al contrario de lo que pasa con el agua, donde hemos conseguido adaptarnos más o menos precariamente.

Pero si bien ya no nos resulta raro volar en avión, pues es obligado tomar un vuelo a Nueva York para visitar esa ciudad por ejemplo, otra cosa es hacerlo en un medio diferente, más pequeño y maniobrable. En concreto, volar en helicóptero, que es precisamente una de las actividades más emocionantes que se pueden realizar en la ciudad estadounidense.

Emocionante y deslumbrante, pues moverse en el aire entre el bosque de rascacielos neoyorquino y contemplar desde lo alto sitios tan emblemáticos y reconocibles como la Estatua de la libertad, Central Park, el Empire State o ese extremo de Manhattan que antes estaba ocupado por las Torres Gemelas, es una experiencia más que recomendable para hacer algo distinto, turísticamente hablando.

En ese sentido, Nueva York es una privilegiada porque no es difícil encontrar empresas que operen tours en helicóptero. No sólo eso sino que además ofrecen varias posibilidades en cuanto a rutas, dependiendo del tiempo que se desee contratar. Las hay desde quince minutos a hasta media hora, pasando por las de veinte.

Por supuesto, a más tiempo, mayor precio; eso sí, teniendo en cuenta que no es una atracción barata puesto que el coste de despegue del aparato maniobra durante la cual consume mucho combustible- ya es considerable. En general las tarifas se sitúan por encima de ciento treinta euros (ojo, las tasas suelen ir aparte). Hay también varios puntos de salida, dependiendo de la empresa.

Conviene tener en cuenta que el número de plazas es limitado -generalmente son seis pasajeros-, por lo que puede no resultar fácil improvisar un vuelo y conviene reservar con antelación (hasta las 12:00 del mismo día). Lo que sí es factible, una vez hecha la reserva, es cambiar el día o la hora. Además, hay itinerarios combinables con otras cosas, como un crucero por las aguas locales, contratar un vuelo nocturno, hacerlo en exclusiva o incluso casarse a bordo del helicóptero.

Imagen: ©Depositphotos/JANIFEST

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Empieza el US Open en Flushing Meadows

viernes, 28 de agosto de 2015 Comments off

vuelos a Nueva York

Por si no son bastantes los atractivos turísticos que nos abren los vuelos a Nueva York, este fin de semana empieza una de las competiciones de tenis más importantes del circuito profesional: el US Open o Abierto de Estados Unidos, que se celebra en la ciudad de los rascacielos desde 1978, aunque su historia se remonta en el tiempo a casi siglo y cuarto.

Efectivamente, fue en 1881 cuando se disputó la primera edición, nacida de la fusión de dos torneos distintos. Por entonces fue bautizado US National Singles Championship y no tenía lugar en Nueva York sino en Newport (Rhode Island). Como indica el nombre, era exclusivamente de individuales masculinos; los dobles no se incorporaron hasta 1900 y las mujeres hasta 1906.

Se convirtió en «abierto» ya superada ampliamente la mitad del siglo XX, en 1968, incluyendo el cambio de nombre al actual y con sede en Forests Hill. En el citado 1978 se trasladó a Flushing Meadows, que es donde sigue celebrándose hoy. El tenista que ganó aquella edición, Arthur Ashe, nomina a la cancha principal que, al igual que las otras, es de superficie dura (asfalto), muy rápida, si bien primero fue de hierba (hasta 1974) y luego de tierra batida (hasta 1977).

El US Open es el último torneo de la temporada de los que componen el Grand Slam. Y aunque el protagonismo se lo lleven los grandes del tenis, también tiene torneos para seniors y juniors. Es una gran fiesta, deportiva en general y tenística en particular, la que se vive en el USTA Billie Jean King National Tennis Center a lo largo de las dos semanas que dura.

Y es que participa una media de 600 tenistas, con alrededor de 16 millones de dólares a repartir en premios (de los que un millón es para cada ganador individual). No es para menos, teniendo en cuenta que acuden a ver el torneo unos 700.000 espectadores aproximadamente.

Por cierto, las fechas de este año son del 31 de agosto al 13 de septiembre; sin duda, un buen momento para estar en Nueva York, especialmente si se es aficionado a la raqueta.

Imagen: Stan Wiechers en Wikimedia, CC BY-SA 2.0

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Flores de Van Gogh en el MET neoyorquino

viernes, 17 de julio de 2015 Comments off

vuelos a Nueva York

Si alguien tiene un interés especial por una ciudad como Nueva York y un artista como Van Gogh, está de enhorabuena porque ambos se dan la mano este verano en una exposición que se inauguró el pasado mes de mayo en el MET (Metropolitan Museum).

Se titula Van Gogh: irises and roses, en alusión a los cuadros en los que el pintor holandés plasmó ramos de dichas flores. Son cuatro, dos de cada, realizados justo antes de ingresar en el manicomio de Saint-Rémy y concebidos como serie temática junto con el más famoso de Los girasoles que conserva el museo de Ámsterdam que lleva su nombre.

De hecho, la pareja de obras de los lirios también pertenece a ese museo, que los ha cedido, igual que ha hecho la National Gallery of Art de Washington con las de las rosas, para la ocasión. Todo ello gracias al patrocinio particular del fondo Levin H. Janice.

Van Gogh (1853-1890) trabajó con entusiasmo en estas pinturas hasta la última semana que permaneció en el asilo de Saint-Paul-de-Mausole en la citada localidad de Saint-Rémy. Los girasoles lo terminó sólo tres días antes de marchar el 16 de mayo de 1890, reflejando su enérgica determinación de recuperar el tiempo perdido.

Los cuadros se dispersaron al poco de salir de aquella institución y ahora se vuelven a presentar juntos de nuevo por primera vez en todo este tiempo, gracias a la iniciativa del MET y al trabajo de las comisarias Susan Alyson Stein y Charlotte Hein.

En suma, un atractivo más que pueden apuntar quienes busquen vuelos a Nueva York para pasar allí unos días de vacaciones; al fin y al cabo, a buen seguro que el museo entraría en sus planes.

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