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Una excursión a La Gomera desde Tenerife

viernes, 11 de mayo de 2018 Comments off

¿Qué pasa si se reserva un vuelo a Tenerife para las vacaciones pero ya se han visto todos o buena parte de los atractivos de la isla? Pues nada malo porque es de ese tipo de sitios que con una palmada se abre un nuevo abanico de posibilidades y una de ellas podría ser, por ejemplo, saltar a alguna isla vecina para conocerla en una excursión de un día.

En ese sentido, la opción más típica es La Gomera, por aquello de que también es la más cercana y no es necesario recurrir al avión para desembarcar en su suelo; se puede hacer por vía marítima, a bordo de un transbordador, a menudo con el propio coche de alquiler o, si se ha contratado una excursión en alguna agencia, con el todo-terreno de ésta. El vehículo viajará en la bodega pero los pasajeros lo hacen en la cabina ad hoc, indudablemente más cómoda.

El ferry, que zarpa del puerto de Los Cristianos y realiza la travesía hasta el de San Sebastián de La Gomera, hace tres viajes diarios de ida y vuelta. Son dos las compañías que operan ese trayecto (Naviera armas y Fred Olsen Express), cubriéndolo en un tiempo que oscila entre 50 minutos y una hora. Las tarifas varían según la empresa, el horario o la modalidad; también si se va con automóvil, con excursión contratada, si se es residente, si se compra online, etc.-

Una vez en La Gomera hay que calcular el tiempo que se dedicará a ver cada sitio de interés. La capital, San Sebastián, es lo inmediato. Allí tiene algunos rincones fascinantes, como la Torre del Conde (un baluarte defensivo que fue la primera construcción arquitectónica levantada por los conquistadores castellanos), la Casa de Colón (una viviendo donde la tradición dice que se alojó el Almirante durante la parada que hizo en la isla de camino a América) o la Iglesia de la Asunción.

A continuación llegará el momento de internarse en territorio insular, subiendo por la serpenteante carretera que, salvando escarpados barrancos y acantilados, y envuelta en una curiosa combinación de niebla y palmeras, lleva hasta la auténtica joya local, el Parque Nacional de Garajonay, un bosque de laurisilva de 3.984 hectáreas catalogado como Patrimonio de la Humanidad y Reserva de la Biosfera. Su cota máxima está a 1.487 metros de altitud y tiene algunas formaciones orográficas icónicas, como el Roque de Agando.

La jornada no debería terminar sin probar la gastronomía local en algún restaurante típico. Además, en algunos se puede asistir a demostraciones de esa curiosa tradición cultural que es el silbo gomero. Finalmente, tras disfrutar de un baño rápido en alguna de las playas que jalonan el litoral de San Sebastián, llegará el momento de tomar el ferry de vuelta a Tenerife.

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Avistamiento de cetáceos en Tenerife

viernes, 13 de abril de 2018 Comments off

Reservar un vuelo a Tenerife lleva implícito casi con total seguridad ir en busca de sol y playa, de buen tiempo garantizado y de ese característico toque algo exótico que tiene la isla. Pero una vez allí, aparte de disfrutar de eso cumpliendo las expectativas, se puede ir un poco más allá y descubrir otras posibilidades de ocio. Una de las más interesantes es el avistamiento de cetáceos.

Se trata sobre todo de delfines mulares y calderones tropicales, especies que residen de forma permanente en aguas tinerfeñas y, consecuentemente, pueden verse a lo largo de todo el año. Asimismo, otras especies -hasta 21- se acercan a esa costa en determinados meses, especialmente entre mayo y junio: rorcuales, delfines moteados, cachalotes…

Todo ello hace que resulte relativamente fácil contemplar a estos animales en su hábitat y que cualquier excursión que se haga para ello termine con éxito casi seguro. Eso sí, hay que saber cuáles son las zonas donde viven y éstas se localizan en la parte suroeste de Tenerife, de ahí que la mayoría de empresas dedicadas a esta actividad sitúen allí sus bases. Los Cristianos, Puerto Colón y Los Gigantes son las localidades de las que zarpan las embarcaciones, que ofrecen a la clientela diversas modalidades de excursión.

Las más cortas duran un par de horas, tiempo necesario para acercarse hasta el punto de avistamiento, permanecer un rato y después regresar. Otras amplían la oferta incluyendo comer a bordo y fondear en una cala para que los pasajeros puedan darse un baño; evidentemente, se hacen con naves algo más grandes y duran una hora más. Y luego están las que llegan a 5 horas y multiplican todo lo anterior, usando los barcos de mayor tamaño. Hay, pues, diversidad: botes, lanchas, balandros a vela, catamaranes…

Estas salidas al mar pueden hacerse en una excursión colectiva, compartiendo embarcación con otros pasajeros, o contratando un servicio privado. Las primeras tienen tarifas entre unos 25 y 70 euros, según la duración, mientras que las otras son bastante más caras, alrededor de 500, al tratarse de algo exclusivo. Es cuestión de escoger la opción preferida o, al menos, la que permita el bolsillo. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que la elegida lleve la bandera Barco Azul que la acredita para ejercer la actividad legalmente.

Es importante tener siempre en cuenta que se trata de animales salvajes y, por tanto, de comportamiento previsible sólo hasta cierto punto. Además, en el avistamiento influyen otras circunstancias como el tiempo, el estado de la mar, el momento del día o la comida disponible, por ejemplo. De ahí la necesidad de cumplir escrupulosamente las instrucciones que se reciban y que incluyen disposiciones como no alimentar a los cetáceos, guardar la distancia exigida -aunque los animales no lo hagan-, navegar despacio y no nadar con ellos.

No es necesario nada más, salvo la crema para protegerse del reflejo de los rayos solares en la superficie marina, una gorra, una prenda de abrigo (algo liviano como una sudadera o chubasquero) y, si se es propenso a mareos, tomarse previamente la pastilla correspondiente.

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Excursión a Ostia, el antiguo puerto de Roma

martes, 3 de abril de 2018 Comments off

Hay mucha gente que piensa que la antigua Roma tenía como defecto fundamental estar aislada del mar, al tratarse de una ciudad interior, y que eso la privaba de todos los beneficios comerciales que conlleva el tráfico marítimo. Sin embargo, eso es una verdad sólo a medias porque el hecho es que la capital del Imperio, y antes de la República, tenía un puerto. Se llamaba Ostia Antica y estaba en el litoral del Mar Tirreno.

Ostia Antica se encuentra a 23 kilómetros de Roma pero desde su mencionado puerto los barcos podían acceder al río Tíber y remontar su curso hasta allí (y viceversa). De hecho, es algo que se hacía desde muy atrás en el tiempo, hasta el punto de que se considera al rey Anco Marcio el fundador desde ese lugar como la que sería la primera colonia romana, allá por el siglo VII a.C. Por entonces el objetivo era más bien militar, protegerse de una posible invasión vía fluvial, si bien el poderío de Roma terminaría siendo disuasorio, por lo que acabó por imponerse el uso comercial.

De esa forma, Ostia fue creciendo. Tiberio engrandeció arquitectónicamente la ciudad y construyó una nueva dársena que luego Claudio mejoró. Más tarde, Trajano mandó ampliar la infraestructura e incluso hacer un segundo puerto, por lo que los ciudadanos del Lacio contaban con varios equipamientos en ese sentido, siendo los dos más destacados los llamados Portus y Centum Cellae (Civitavecchia). Sin embargo, tras un par de terremotos, la caída del Imperio y la llegada del Medievo, Ostia empezó a declinar y la piedra de los embarcaderos se retiró para destinarla a otras construcciones, incluyendo la Torre de Pisa.

En el siglo XIX se iniciaron las primeras excavaciones arqueológicas, que sacaron a la luz buena parte de las antiguas estructuras, y en los años treinta del siglo XX hasta se acometió un programa de restauración que revivió la localidad con el nombre de Lido de Ostia, con playa, carreteras, plazas, barrios residenciales de nuevo cuño, ferrocarril y un balneario. Posteriormente se añadió el Aeropuerto de Fiumicino.

Hablando de aeropuertos, si se toma un vuelo a Roma y ya se conoce o básico de la capital italiana una buena opción podría ser realizar una excursión a Ostia. A pesar de la decadencia experimentada y el saqueo de su patrimonio monumental, todavía tiene un montón de cosas que ofrecer a un visitante: desde el teatro al llamado Foro de las Corporaciones, pasando por viviendas, termas, templos, el thermopolium (una taberna), la Casa de Diana, una fortificación, mosaicos, estatuas…

Hay varias empresas que organizan visitas pero si se prefiere ir por libre hay un tren suburbano que hace el trayecto y el billete no es caro, unos 6 euros. El recorrido por el lugar dura menos de 3 horas.

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Una excursión gaucha desde Buenos Airres a un rancho típico

viernes, 30 de marzo de 2018 Comments off

Es de suponer que quien reserve un vuelo a Buenos Aires seguramente lo haga por razones turísticas y que, dada la larga distancia, probablemente sea la primera vez que visita la capital argentina. Si es así, lo más recomendable es que se centre en descubrir las maravillas urbanas de los barrios tradicionales y el centro, para poder hacerse una idea básica del lugar.

Ahora bien, si el visitante ya conoce la ciudad o tiene previsto estar bastante tiempo, quizá podría probar algo nuevo y diferente que no se circunscribiese a recorrer calles, museos y monumentos. ¿Una sugerencia? Hay muchas posibles, por supuesto, pero en este caso vamos a decantarnos por realizar una excursión de un día al medio rural para visitar una hacienda. Una excursión gaucha, como las llaman allí.

Los gauchos eran los habitantes de las llanuras (no sólo argentinas sino también de los países adyacentes como Uruguay, Bolivia, Paraguay y Brasil), la versión sudamericana de los cowboys estadounidenses. Hábiles jinetes por su dedicación al pastoreo de los grandes rebaños de ganado bovino que pastaban en esos hábitats, se perfilaron como peones rurales abandonanado su seminomadismo a medida que avanzó el siglo XIX pero manteniendo hoy el interés de etnólogos y antropólogos.

Las excursiones a la campiña argentina recorren las pampas en un autobús hasta llegar a la estancia correspondiente (estancia es el nombre genérico que se da allí a los ranchos). Es habitual recibir una bienvenida con viandas típicas (empanadas, vinos…) para después pasar a visitar el sitio y ver cómo es el trabajo diario en el lugar. Ello significa asistir a los cuidados de las reses y dar una vuelta por el campo, bien a caballo, en carruaje o incluso en tractor.

A mediodía se regresa a la casa para comer a base de productos cárnicos a la parrilla, no faltando a buen seguro los chorizos criollos, las salchichas y las costillas. El banquete se remachará con el clásico mate, una infusión de yerbas que puede acompañarse de dulces. Esas horas se amenizarán con un espectáculo folklórico con danzas y canciones entre las que se intercalarán demostraciones de habilidad de los gauchos con las boleadoras (un artilugio que lanzaban para atrapar las reses enganchándoles las patas) y otros ejercicios relacionados con su oficio y la equitación.

Por la noche, al acabar la jornada el autobús lleva de vuelta al cliente a Buenos Aires, a veces con cena incluida. El precio de este tipo de actividades suele incluir todo, desde el transporte a la barbacoa, pasando por el paseo a caballo, las consumiciones, etc. Es toda una experiencia.

Excursión enológica a Sanlúcar de Barrameda

martes, 17 de enero de 2017 Comments off

Como hemos comentado en ocasiones anteriores, un vuelo a Jerez no tiene por qué limitar la visita a esa ciudad y, si ya se conoce o se dispone de días suficientes, una buena opción es conocer otros lugares destacados del entorno. Uno de ellos, sin duda, sería Sanlúcar de Barrameda.

Esta pequeña ciudad asentada en la ribera del Guadalquivir se halla sólo a 23 kilómetros del aeropuerto jerezano y se presenta como un atractivo rincón por múltiples razones, desde las históricas (fue el puerto de salida del tercer viaje de Colón y allí está la sede del Archivo de Medina Sidonia) a las deportivas (sus famosas carreras de caballos por la playa), pasando por las culturales (se trata de uno de los centros neurálgicos del flamenco) o las gastronómicas (sus famosos langostinos y la manzanilla).

Vamos a quedarnos hoy con ese último elemento, ya que el llamado Marco de Jerez, es decir, el territorio vitivinícola de las provincias de Cádiz y Sevilla, tiene tradicionalmente una de sus bases en Sanlúcar, desde donde ya se exportaba vino a Flandes e Inglaterra en la Edad Media. El producto más característico es un caldo denominado manzanilla, exclusivamente sanlucareño, que curiosamente no es demasiado antiguo, ya que su producción se remonta apenas a 1933. Tiene D.O.

Como se ha hecho habitual en muchos sitios productores, la enología se ha convertido en un atractivo turístico más de Sanlúcar y los visitantes pueden contratar alguna excursión, bien desde Jerez bien desde Sevilla, para visitar las bodegas y ver in situ el proceso de elaboración del vino. Suelen ser actividades que duran una jornada e incluyen el desayuno típico andaluz, un recorrido por las instalaciones (catas incluidas), una ruta monumental por la ciudad y, opcionalmente, la comida a base de pescado o marisco. A veces se ofrece el extra de hacer un paseo a caballo por la playa antes de regresar al punto de partida.

Por regla general se trata de actividades bastante flexibles que admiten modificaciones para personalizarlas al gusto del cliente, especialmente si es un grupo (aunque suelen bastar dos personas para su realización). En suma, un día diferente, organizado y temático para conocer ese aspecto concreto de Sanlúcar de Barrameda.

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Subir al Teide de noche para ver las estrellas

martes, 30 de agosto de 2016 Comments off

vuelo Tenerife

Uno toma un vuelo a Tenerife y, aparte de disfrutar de sus playas, del patrimonio monumental de la capital y los parques de atracciones, siempre tiene ahí la presencia poderosa e imponente del Teide, el pico más alto de España (3.718 metros), al que se puede subir (en teleférico hasta poco antes de la cima y andando, con permiso especial, hasta coronar ésta); ¿puede haber algo mejor? La respuesta es afirmativa.

Y es que desde hace un tiempo es posible ascender al Teide de noche, con el objetivo de contemplar la bóveda celeste. Ese firmamento plagado de estrellas, planetas y constelaciones que allí se perciben espléndidamente gracias a la escasez de contaminación lumínica en el entorno natural y a que el cielo suele estar completamente despejado, pues las nubes quedan en una cota inferior formando el característico mar algodonoso.

La experiencia, especialmente recomendada para aficionados a la astronomía pero en realidad abierta a todo aquel dispuesto a extasiarse contemplando ese mundo que está más allá de la atmósfera, tiene variantes para que cad uno elija la que más se amolde a sus necesidades o intereses. Así, una de ellas permite subir en teleférico para ver el atardecer y la puesta de sol, con las sombras cayendo poco por la montaña; otra tiene lugar algo más tarde, ya entrada la noche, para observar el cielo nocturno mediante un telescopio.

Son varias las empresas que ofrecen estas posibilidades; al fin y al cabo en el Teide se sitúa un observatorio que indica, inequívocamente, el potencial del lugar para ese tipo de actividad (por supuesto, la visita a sus instalaciones es otra posibilidad para completar la jornada). Guía-astrónomo y transporte se incluyen en el precio; a veces, según la modalidad contratada, también la cena y el pasaje en el teleférico. Por tanto, uno sólo ha de poner la ropa de abrigo y la ilusión.

Es otra forma de experimentar los atractivos del emblema por excelencia de Tenerife. Máxime si, como es en algún caso, se ofrece brindar con una copa de champán en alta montaña.

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