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Las etapas azul y rosa de Picasso en el parisino Museo de Orsay

viernes, 21 de septiembre de 2018 Comments off

Desde el pasado 18 de septiembre todos los viajeros amantes del arte tienen una excusa para buscar un vuelo a París y acercarse al espléndido Museo de Orsay porque desde ese día hasta el 6 de enero de 2019 podrán disfrutar de uno de los artistas más grandes, y mediáticos de la Historia en la exposición que lleva por título Picasso. Azul y rosa.

Como sabrán los aficionados, azul y rosa son los colores que dan nombre a sendas etapas por las que el pintor malagueño pasó antes de abrazar el cubismo. Con diecinueve años ya había orientado su vida a los pinceles pero aún combinaba su vanguardismo vocacional con cierto academicismo para contentar a su padre, que quería que fuera funcionario. Eso fue lo que le llevó a visitar París en 1903 como representante español en la Exposición Universal.

Desde entonces vivió un tiempo a caballo entre la capital francesa y España mientras su estilo iba evolucionando, pasando por el prefauvismo y el posimpresionismo para después abrir el período azul y más tarde el rosa. Esas dos últimas etapas son las que ahora muestra el Museo de Orsay en colaboración con el Museo Nacional Picasso francés, ofreciendo al visitante un importante conjunto de pinturas y dibujos: cerca de 300 obras.

Todas ellas realizadas por Picasso antes de cumplir 25 años entre 1900 y 1906, siendo seleccionadas por Claire Bernardi, curadora, museo de Orsay, Stéphanie Molins, gerente de proyecto del presidente en el Museo Nacional Picasso-París y Emilia Philippot, curadora de esta última institución. No faltan piezas maestras como La vida o La habitación azul y otras menos conocidas como La acróbata de la bola, que sin embargo es importante porque muestra la transición del azul al rosa.

Esos cuadros no proceden sólo de los dos museos galos sino también de préstamos de colecciones públicas y privadas destacadas como el Museo Picasso de Barcelona, la National Gallery de Washington, la Tate Modern londinense, el Museo de Arte de Cleveland, el Museo Pushkin moscovita o la Colección Rockefeller.

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El verano empieza en París con la Fiesta de la Música

sábado, 16 de junio de 2018 Comments off

Aunque la meteorología se empeña en jugar al despiste, llega el verano; está ahí, a la vuelta de la esquina, con su inicio oficial el próximo 21 de junio, que es ya la semana que viene. Y esto, aparte de todo lo bueno que conlleva en cuanto a vacaciones, playa, buen tiempo (ejem) y descanso, supone también hacer las maletas y ponerse en marcha.

Por ejemplo, para tomar un vuelo a París e iniciar la temporada estival igual que los habitantes de la capital francesa, disfrutando de la Fête de la Musique, o sea, la Fiesta de la Música. Se trata de un evento que ha alcanzado dimensión internacional desde su creación en 1976 por el estadounidense Joel Cohen, quien sugirió que los músicos salieran a tocar por las calles la noche del 21 de junio para involucrar a la gente.

La idea tuvo éxito y se institucionalizó de forma oficial en 1982 a instancias del entonces ministro de Cultura Jack Lang: sería algo gratuito y abierto a todo tipo de géneros, tanto clásicos como modernos, interpretándose a caballo entre el final de la tarde y el comienzo de la noche, en múltiples escenarios poco comunes para ese uso, como hospitales, museos, vestíbulos de estaciones, etc. No obstante, también se montan escenarios ad hoc.

Hoy en día ya no es una exclusiva francesa, puesto que la Fiesta de la Música ha ido saltando a otros países y no sólo de Europa, llegando casi al centenar y medio. Pero si alguien busca su esencia primigenia debe visitar París en esa fecha; no tendrá problema en dar con algún concierto improvisado, ya sea en una plaza, ya en un parque, ya en otros muchos sitios. Entre los clásicos figuran los jardines de las Tullerías, los de Luxemburgo, el entorno del Louvre o las riberas del Sena.

Y es que la Fête de la Musique está abierta a todos. No es necesario ser músico profesional para lanzarse a tocar ante una audiencia callejera; de hecho, parte de la gracia de la fiesta está precisamente en animar a la gente a que participe. Una manera inmejorable de recibir al solsticio de verano.

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San Valentín en el barrio parisino de Pigalle

martes, 13 de febrero de 2018 Comments off

Llega San Valentín y ¿qué mejor forma de celebrarlo buscando un vuelo a París y disfrutando de los mil y un encantos de las Ciudad de las luces, la capital del amor por excelencia? Ya no es posible visitar el muy apropiado Museo del Erotismo porque cerró sus puertas en 2016 pero el barrio donde se ubicaba, el célebre Pigalle, sigue ahí, con su oferta variopinta para pasar una noche en pareja.

Pigalle es un quartier o distrito organizado en torno a la plaza homónima que lleva el nombre de un famoso escultor del siglo XVIII que, a buen seguro, nunca hubiera imaginado que algún día estaría vinculado a tan heterodoxo rincón. De hecho, históricamente es uno de los lugares preferidos de los artistas, como demuestra la abundancia de estudios de pintura y cafés literarios que salpican sus calles, dado que está en las faldas de la colina coronada por la iglesia del Sagrado Corazón, repletas de artistas callejeros pincel y caballete en mano.

Pero no todas las artes que inundan Pigalle son plásticas. De hecho, éstas tienden a concentrarse en el vecino Montmartre mientras que el barrio en cuestión destila letreros de neón y carteles anunciando una inequívoca alternativa que apunta más bien al ocio y el entretenimiento en pareja. Porque a lo largo de las aceras de Pigalle uno va pasando ante un rosario de bares, locales nocturnos, salas de conciertos, cabarets, clubes de streptease y, en general, escenarios donde recrear la vista, el oído y el gusto, copa de champagne en mano.

Algunos no necesitan presentación y su solo nombre evoca el recuerdo de tiempos mundanos, frívolos y bohemios. Es el caso del Moulin Rouge, ante cuyas aspas decorando la fachada en el boulevard Clichy es casi inevitable imaginar los sones del can-can o la achaparrada figura de Toulouse-Lautrec dibujando bailarinas mientras degusta un vaso de absenta. O de clubs como Chez Moune, La Boure Noure o el Cabaret Love, que algunos fines de semana se transforman en animadas discotecas.

Música en vivo, vedettes con poca ropa y muchas lentejuelas, ambientes de iluminación hábilmente escasa y específica, sex-shops que resisten el paso inclemente del tiempo y la competencia de Internet, peatones encaramados en tacones vertiginosos y cubiertos de plumas en todos los sentidos de la palabra, el legendario Le Divan du Monde que escandalizaba al público en la última década del siglo XIX con números que hoy serían casi para todos los públicos… Son elementos que caracterizan Pigalle e invitan a fundir la noche -que es cuando realmente cobra vida- con la mañana.

Todo ello con cierto aire de evolución que ha ido dejando atrás la parte más sórdida de ese ambiente para transformarlo en una zona de moda que incorpora pubs, restaurantes, bistrots y cafés que, sin renunciar a cierto aire picante, amplía la clientela que visita París buscando salirse del clásico circuito artístico-cultural y de entretenimiento que ofrece el centro de la ciudad. O sea, un buen sitio con el que sorprender a la pareja para celebrar la fiesta del amor el 14 de febrero.

IMAGEN: Roy Roiability en Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0

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El Louvre revisa el inicio de la Historia en Mesopotamia

viernes, 30 de diciembre de 2016 Comments off

vuelo a Paris

Es imposible establecer con precisión en qué momento se dio el paso de la Prehistoria a la Historia, pero sí el lugar: Oriente Próximo, donde una amplia región conocida como Mesopotamia, por su extensión entre los ríos Tigris y Éufrates, alumbró las primeras civilizaciones propiamente dichas. Por tanto, el tema no sólo resulta de un interés especial sino que da para una jugosa exposición y así lo han comprendido en París.

En efecto, el Museo del Louvre le dedica la atención desde el pasado mes de noviembre bajo el título L’Histoire commence en Mésopotamie, es decir, La Historia comienza en Mesopotamia. Un paseo por aquellas culturas que ocuparon básicamente lo que hoy es Irak y que fueron la cuna de la economía y la escritura, así como de las primeras ciudades; que fue donde se desarrollaron los sistemas políticos y administrativos por primera vez.

De hecho, aunque nuestro mundo actual es muy diferente en lo relativo a urbanismo, creencias y otros muchos aspectos, a la vez resulta deudor del legado de aquellas incipientes civilizaciones, a la vez cercanas y distantes, cuyas manifestaciones más vistosas han pasado a la posteridad en el plano artístico, tanto el arquitectónico como el escultórico, de lo que el museo francés tiene una buena colección y que ahora exhibe al público en su sede de Lens.

Tres mil años de hitoria en una muestra organizada por Ariane Thomas para demostrar la importancia fundamental de ese patrimonio mundial, parcialmente conocido a través de La Biblia y redescubierto por las expediciones arqueológicas del siglo XIX; patrimonio cuya existencia está amenazada en los últimos tiempos por la trágica situación bélica que sufre en los países de origen.

Un vuelo a Paris y el posterior traslado a Lens permiten descubrir la vida tres milenios atrás, en lugares de nombres evocadores como Sumeria, Akad, Uruk, Mari, Lagash, Nínive o Babilonia, de los que proceden las cerca de cuatrocientas piezas reunidas (esculturas, relieves, estatuillas, tablillas, joyas, etc), la mayoría pertenecientes al museo pero otras cedidas por prestigiosas instituciones como el British Museum.

Todo ello organizado en un recorrido cronológico y temático que incluye alusiones contemporáneas pero de inspiración mesopotámica, como la ópera de Verdi Nabucco, la novela de Agatha Christie Asesinato en Mesopotamia o la presencia del demonio Pazuzu en la película El exorcista. Será hasta el 23 de enero.

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Pintura americana de los años 30 en París

martes, 18 de octubre de 2016 Comments off

vuelo Paris

Los aficionados al arte en general y a la pintura en particular ya tienen nueva excusa para buscar un vuelo a París y acercarse hasta el Museo de L’Orangerie, suponiendo que una visita a dicho museo requiera excusa. El caso es que el pasado 12 de octubre inauguró una nueva e interesante exposición titulada La pintura americana de los años 30. The age of anxiety.

La década de los treinta fue decisiva en varios aspectos para conformar la escena artística moderna en EEUU, en una etapa muy difícil de su historia porque aún se estaba bajo los devastadores efectos de la crisis económica que produjo el Crack de la Bolsa neoyorquina en 1929 y porque, en lo relativo a la pintura, diversos autores como Edward Hopper, Georgia O’Keefe o Mardsen Hartley cohabitaron en los mismos espacios de creación, con sus respectivos universos estéticos: abstracción, realismo social, regionalismo, etc.

La muestra que ahora se puede ver en París está comisariada por Laurence des Cars, conservadora general y directora del Museo de la Orangerie, Judith Barter y Field McCormick, curador del American Arts del Art Institute of Chicago, entidad colaboradora en la organización. Se compone de medio centenar de obras procedentes de prestigiosas colecciones públicas norteamericanas como el propio Art Institute de Chicago, el Whitney Museum o el MoMA de Nueva York, así como de colecciones particulares.

Su diversidad refleja toda la enorme riqueza plástica y conceptual de este período previo a la Segunda Guerra Mundial. Además de los artistas citados figuran también Charles Sheerer, Grant Wood, Charles Demuth, Alice Neel, Joe Jones, Marvin Cone o Thomas Hart Benton, entre otros muchos. Como pieza emblemática se exhibe el famoso y emblemático American gothic de Wood.

La pintura americana de los años 30. The age of anxiety se podrá ver hasta el 30 de enero de 2017. Después, el 25 de febrero, el evento viajará a Londres, donde permanecerá hasta el 4 de junio.

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Subasta de coches deportivos históricos en el Salón del Automóvil de París

miércoles, 5 de octubre de 2016 Comments off

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Reservar un vuelo a París para coger un coche puede sonar un poco raro si el vehículo en cuestión no es de uno de alquiler para poder moverse por la capital francesa. Pero no, no se trata de eso sino de asistir a una subasta de automóviles deportivos clásicos, del siglo XX, que organiza la casa de subastas inglesa COYS.

Así pues, los aficionados al mundo del motor y la velocidad -al menos los que dispongan de dinero suficiente para pujar- tienen una cita este fin de semana para intentar hacerse con alguno de los modelos. Concretamente pasado mañana, sábado 8 de octubre en la Place de la Porte de Versailles. Lo anuncian como una ocasión sin precedentes en la mayor feria de cohes y motores del mundo, así que la cosa promete.

Se trata de una de las diversas actividades que van a tener lugar desde su inauguración el pasado 1 de octubre hasta el próximo 16 del mismo mes, período en el que se celebra el Mondial de l’Automobile de París, es decir, el Salón del Automóvil. Un evento que caracteriza el otoño y está considerado uno de los más importantes de Europa junto con el de Ginebra y el de Frankfurt (con este último se alterna en la celebración, ya que tienen carácter bianual, sólo en los años impares).

Es, por tanto, un momento muy esperado por los aficionados, ya que además las grandes marcas galas (Citroën, Renault y Peugeot) suelen aprovechar el momento para presentar al público y los medios de comunicación sus novedades comerciales y prototipos. No sólo las de turismos, sino también las deportivas en sus diferentes variantes (Fórmula 1, rallies, etc). Existe una gran tradición temática en la Ciudad de las Luces, pues ya desde 1898 hay noticias de las primeras muestras, exhibiciones y demostraciones automovilísticas en el Grand Palais y las Tullerías.

En 1988 lo que era el Motor Show fue rebautizado Mondial de l’Automobile y en 2002 ya reunía a centenares de marcas, creciendo progresivamente hasta situarse entre los primeros del mundo junto con el de Tokio. La nada despreciable cifra de más de millón y medio de visitantes revela que se trata de uno de los eventos destacados en la agenda parisina. Novedades, presentaciones, compraventa de vehículos usados y la citada subasta son algunos de sus atractivos.

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Abre el Pabellón del Reloj del Louvre

lunes, 8 de agosto de 2016 Comments off

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Buenas noticias para quienes hayan buscado alguno de los vuelos a París con la idea de pasar sus vacacines en la Ciudad de las Luces: desde el pasado 6 de julio está abierto el Pavillon de l’Horloge, es decir, el Pabellón del Reloj del Museo del Louvre, para atender las consultas que cualquier visitante pueda tener sobre el palacio, sus colecciones y sus funciones. ¿Qué queda de la construcción original? ¿Por qué se convirtió en un museo? ¿Cómo se adquirieron las primeras esculturas egipcias? ¿Qué proyectos tiene para el futuro?

Situado en una zona histórica entre la Cour Carré y la Cour Napoleón, el pabellón pasó de ser una parte del hogar de los reyes de Francia a un moderno museo con modelos interactivos, pantallas digitales para consultar sus fondos documentles (no sólo papel, también fotografías, películas y otras obras), contńdonos su historia a través de su colección.

Para ser exctos se ubica en al ala Sully y tiene tres niveles. En el primero, la planta baja, está el foso medieval y conserva restos de cuando era una fortaleza, antes de ser reconvertido en palacio. En el segundo, que es la primera planta, entramos a la Sala de la Chapelle, para descubrir las rics y variadas colecciones, su historia y el devenir del museo. En el tercero, el segundo piso, se informa de los proyectos y la labor cotidiana (adquisiciones, restauraciones, investigación), los lugraes donde hay satélites (Lens, Abu Dhabi) y sobre la red de museos franceses, de la que el Louvre forma parte.

El Pavillon de l’Horloge es algo así como la columna vertebral del Louvre, jugando un papel importante como presentación y guía. En ese sentido, se alinea con la reforma experimentada antes por otras áreas como la Petite Galerie o la pirámide misma, concebidas para facilitar el acceso al museo y hacer a éste más comprensible.

El pabellón se construyó entre 1624 y 1645 según el diseño clásico-barroco del arquitecto galo Jacques Lemercier, en el contexto de las obras de ampliación del Louvre que le encargó Luis XIII y tras demoler la estructura anterior de tiempos de Carlos V el Sabio. El nombre viene de un reloj que se instaló en la parte alta y que sigue ahí, caracterizando un nuevo atractivo para París.

Imagen por: King of Heaarts en Wikimedia

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Final de la Eurocopa en el Estadio de Francia

viernes, 24 de junio de 2016 Comments off

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Ha terminado la primer fase de Francia 2016, la Eurocopa, la competición futbolística más importante del continente a nivel de selecciones nacionales, y ya están decididos todos los cruces de octavos de final. Ahora se entra en el momento decisivo, el de las eliminatorias directas, donde no hay ya lugar para fallos y errores: o se gana o se vuelve a casa.

Es decir, quien se lleve el triunfo final tendrá que disputar cuatro partidos: octavos (25-27 de junio), cuartos (30 de junio-3 de julio), semifinales (6 y 7 de julio) y final. Ésta será el domingo 10 de julio y, como es lógico, su escenario será el mismo de la inauguración: el Estadio de Francia (Stade de France) de Saint-Denis, en París.

De forma elíptica, es el más grande del país, con capacidad para 81.338 espectadores, según configuración. Sustituye en su cometido al legendario Parque de los Príncipes desde que se inauguró con un partido de los anfitriones contra España en 1998, año en que acogió la final del Mundial galo. Desde entonces también se celebraron allí otros grandes eventos deportivos, como la final del Mundial de Rugby, dos finales de la Champions League o un Campeonato Mundial de Atletismo, entre otros.

Como es ya habitual en estos grandes recintos, dispone de una arquitectura ultramoderna y una avanzada tecnología, que incluye una plataforma retráctil para cubrir la pista de atletismo, el diseño para que la visión sea perfecta desde cualquier punto, un techo que cubre las gradas dejando libre el área de juego, múltiples instalaciones en el interior, pantallas gigantes LED y un césped que, sin embargo, no tiene debajo sistema calefactor (porque el estadio se ubica sobre unos antiguos depósitos de gas).

En suma, en los próximos días podremos ir haciéndonos una idea de qué equipos cuentan con más probabilidades de llegar a la final y hacerse con el triunfo. Por tanto, si creemos que el nuestro es un candidato potencial o simplemente somos fans incondicionales, quizá haya que empezar a pensar en la reserva de algún vuelo a París para el 10 de julio. Luego ya veremos si es necesario buscar entrada o no.

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Rousseau en el Museo de Orsay

viernes, 10 de junio de 2016 Comments off

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El Museo de Orsay vuelve a organizar una exposición de ésas que prometen convertirse en una referencia anual. Las inundaciones que asolaron Parías días atrás no parecen haber sido motivo suficiente de disuasión para interrumpir Le Douanier Rousseau. L’innocence archaïque (El Aduanero Rousseau. La inocencia arcaica), cuyo tema gira, como dice el título, en torno a la figura de Henri Rosusseau.

Aunque el nombre es sobradamente conocido, no lo es tanto el personaje: un pintor realmente singular que nació en el seno de una familia modesta y cuya formación fue autodidacta, como si de un artista permanentemente amateur se tratara pero que ha pasado a la historia del arte en el paso del siglo XIX al XX.

Como reseña también el título, Rousseau trabajó mucho tiempo en las aduanas de París -de ahí que sus amigos le llamaran el Aduanero– y no empezó a pintar hasta los cuarenta años, intentando aprender de pintores que le gustaban como Géròme o Bouguereau. En 1884 obtuvo autorización para hacer copias in situ en el Louvre, cosa que repitió en otros museos como los de Versalles o Luxemburgo.

Lo característico de Rousseau, sin embargo, es el desarrollo de su propio estilo, transformando el lenguaje académico en otro muy personal, aparentemente ingenuo e infantil pero muy coherente, fruto de lo que él mismo describía como “trabajo obstinado”. Así consiguió convertirse en objeto de admiración de otros grandes maestros como Kandinsky, Picasso, Léger y los vanguardistas italianos y alemanes, por citar algunos, que estaban entusiasmados con sus obras.

Y es que Rousseau prescindía de las limitaciones de la perspectiva porque prefería transcribir una imagen mental al lienzo, aún cuando ello supusiera conferirle un tono arcaico; algo que, al fin y al cabo, entusiasmaba a sus incondicionales. Así que, mientras los expertos siguen debatiendo sobre si se trata del último hijo del XIX o el primero del XX, el Museo de Orsay ha decidido poner unas cuantas obras a disposición del público para que decida por sí mismo.

En realidad, la exposición se inauguró por primera vez el año pasado en el Palacio Ducal de Venecia pero desde el pasado 22 de marzo se puede contemplar en la capital francesa. Será hasta el próximo 17 de julio, buscando un vuelo a París y haciendo un hueco en la, a buen seguro, repleta agenda de visitas.

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Miquel Barceló toma París

viernes, 27 de mayo de 2016 Comments off

vuelo Paris

Si para un artista exponer en un museo de París debe ser algo así como sueño, más aún lo será hacerlo en dos al mismo tiempo. En ésas está el mallorquín Miquel Barceló, que esta primavera es el protagonista en la capital francesa por sendas muestras de su obra: una en el Museo Picasso y otra en la Bibliothèque Nationale.

Ambas se combinan para configurar una completa retrospectiva que incluye obras conocidas pero también inéditas. La primera se centra en un análisis comparativo de los puntos de contacto entre Barceló y otro genio anterior como el malagueño que da nombre al museo. Es el primer artista contemporáneo que que recibe tal honor tras la reapertura de la institución en 2014. El taller es el elemento común de referencia por tratarse del lugar donde se crea la obra.

La selección de piezas es variada pero con una maestra de gran formato como principal atracción: el Gran Muro de Cabezas, que es una pared de ladrillo y otros elementos policromados mezclados en curioso totum revolutum. Además hay cerámica, yesos y fotografías de la época de Picasso.

En cuanto a la Biblioteca Nacional francesa, la entrada misma recorriendo otro muro aún más grande (190 metros de largo por 6 de alto), en este caso de arcilla y tachonado de elementos típicos de la iconografía de Barceló, resulta espectacular; al perecer, pretende ser un homenaje al sabio Ramón Lull por el 700º aniversario de su muerte. Aparte, hay otras originales creaciones, como un autorretrato hecho con láser o una colección de estampas, serigrafías, aguafuertes…

La doble exposición lleva por título Sol y sombra. En el Museo Picasso estará abierta hasta el 31 de julio mientras en la Biblioteca permancerá hasta finales del verano, el 28 de agosto. Tiempo suficiente en ambos casos para buscar algún vuelo a París y hacerles una visita.

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