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Una visita a Itálica

martes, 13 de noviembre de 2018 Comments off

Ya tenemos reservado un nuevo vuelo a Sevilla; bien. ¿Pero qué hacer si ya conocemos más o menos la ciudad?. Hemos visto la Torre del Oro y visitado el Museo Marítimo que alberga, paseado por el Parque de María Luisa y montado en sus barcas, visitado la Catedral y subido a la giralda, recorrido los barrios históricos… ¿Qué más se puede añadir a la lista? Pues, por ejemplo y como hemos dicho muchas veces, salir del casco urbano para acercarnos a algún sitio de interés que esté en el entorno.

En el caso sevillano lo tenemos fácil porque a sólo siete kilómetros, en el municipio de Santiponce, está la Zona Arqueológica de Itálica. Se trata de una ciudad romana fundada en el año 206 a.C, la más antigua establecida por Roma en Hispania, a partir de lo que entonces era un poblado turdetano y que alcanzaría una considerable importancia en el período imperial, en los siglos I y II d.C, durante los mandatos de los emperadores Trajano y Adriano, ambos nacidos en ella.

Luego pasó a adquirir el estatus de colonia, diferente al de civitates y por ello más dependiente de la metrópoli, viviendo una segunda etapa de esplendor con Teodosio I. Eso le permitió sobrevivir también en tiempos visigodos, aunque con cierta decadencia que se agudizó durante la dominación musulmana hasta que en el siglo XII fue abandonada. Desde entonces, sus restos fueron expoliados y reutilizados para hacer obras públicas, perdiéndose así parte del patrimonio.

En 1912 fue necesario protegerla declarándola Monumento Nacional y hoy en día está sometida a campañas periódicas de excavaciones arqueológicas, constituyendo un atractivo turístico más de Sevilla. Y es que los visitantes descubrirán en Itálica rincones tan fascinantes como la muralla (aunque apenas queda una muestra de lo que fue un perímetro de 3.000 metros), el anfiteatro (uno de los mayores del mundo romano, con aforo para 25.000 espectadores), el teatro, las dos termas, los acueductos, el templo de Trajano y las casas particulares (en las que aún hay columnas, mosaicos, hornos, etc).

Itálica abre a las 9:00 todos los días excepto los lunes pero la hora de cierre depende de la estación (otoño e invierno hasta las 16:00, primavera hasta las 20:00, verano hasta las 15:00; esta última hora también sirve para domingos y festivos). Las visitas, guiadas, cuestan 20 euros (33 con transporte), aunque tienen descuentos por edades; duran una hora y media.

IMAGEN: El teatro romano de Itálica- Diego Delso en Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

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El secreto de la romana Piazza Cavalieri di Malta

miércoles, 7 de noviembre de 2018 Comments off

Si alguien ha reservado un vuelo a Roma y es de los que buscan algo más allá de la oferta turística habitual; o si alguien se conoce ya los muesos y ruinas de la capital italiana y quiera una experiencia original e inaudita; o si alguien disfruta descubriendo rincones insólitos y quiere probar en el callejero romano, ha de leer este artículo con calma y paciencia porque al final vamos a desvelarle una curiosa propuesta.

Antes, deberá acercarse hasta la Piazza Cavalieri di Malta (Plaza de los Caballeros de Malta), un recoleto espacio abierto situado en el distrito de Ripa, una parte del centro urbano que se ubica en la margen izquierda del río Tíber, a la altura del Trastevere, junto al Puente Sublicio. Se trata de uno de los espacios urbanos que delimitan el entorno del Jardín Histórico de San Alesio y el Instituto Nacional de Estudios Romanos.

De hecho, como indica su nombre, forma parte de los terrenos del Gran Priorato di Roma dell’ Ordine di Malta, que junto a la iglesia palatina de Santa María del Priorato (construida en 1765 por el célebre Giovan Battista Piranesi, el de los fantásticos grabados arquitectónicos), ocupa la cima del Aventino, una de las legendarias siete colinas, accediéndose bien por la Via di Santa Sabina, bien por la Via di Porta Lavernale.

Decorando la plaza se ven varios trofeos militares de época romana que hacen referencia al armilistrum, un festival celebrado en otoño en honor de Marte, el dios de la guerra, durante el que se purificaban las armas de los legionarios antes de proceder a guardarlas mientras pasaba el invierno. A Marte se le consideraba padre de Rómulo y Remo, los míticos fundadores de Roma, y la tradición dice que en el subsuelo de la Piazza Cavalieri di Malta está enterrado Tito Tazio, que compartió el trono con el primero.

Como se puede apreciar, una visita a ese lugar puede resultar fascinante si se tiene en cuenta que, por todo lo expuesto, se trata de un sitio cargado de Historia y además muy antigua. Pero aún falta lo mejor, la sorpresa de la que hablábamos al comienzo. En uno de los rincones de la plaza hay una portada monumental con una gran puerta de hierro enverdecido por el tiempo. No tiene pérdida porque lo normal es que haya una pequeña fila de turistas esperando.

Pero no a que la abran sino para otear a través de su cerradura. Y es que al otro lado se aprecia el follaje de un túnel vegetal jardín y al fondo, descollando, aparece esplendorosa la cúpula de San Pedro del Vaticano en una de las vistas más originales que se pueden obtener en esta ciudad ya de por sí tan sugestiva.

IMAGEN: Angelo nastri nacchio en Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

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Haciendo la Ruta de la Seda valenciana

miércoles, 31 de octubre de 2018 Comments off

La Ruta de la Seda esa una red de itinerarios para las caravanas que recorrían Asia conectando sus enclaves más importantes entre sí y con Europa tomando como punto de partida China, que era el país exportador de su más preciado producto, el que daba nombre a ese mapa comercial: la seda. El Karakórum, Samarcanda, Antioquía, Alejandría, Constantinopla y otros lugares de resonancias exóticas jalonaban la ruta pero aquí, en España, es posible realizar una ruta de de la seda a escala más modesta y asequible. Para ello sólo hay que buscar un vuelo a Valencia.

Y es que la ciudad del Turia tuvo una importante industria textil entre los siglos XIV y XVIII, destacando de forma especial el trabajo de la seda. De hecho, uno de los monumentos más bellos y destacados del patrimonio histórico valenciano es precisamente la llamada Lonja de la Seda (o Lonja de los Mercaderes), un edificio considerado obra maestra del gótico civil construido entre 1482 y 1548 a partir de su homólogo mallorquín y que desde 1996 forma parte del Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

No es el único rincón de interés relacionado con el tema, pues también está, por ejemplo, el Colegio del Arte Mayor de la Seda, lo que en su tiempo, a partir de 1494, fue la sede del Gremio de Velluters (terciopelo), encargado de regular el oficio de producción de esa tela. Está en el número 7 de la calle Hospital y fue sometido a una reforma en el siglo XVIII, después de que Carlos II lo convirtiera en Colegio. Ahora es el Museo de la Seda de Valencia.

Más moderno -modernista para ser exactos, jugando con las palabras- es el Mercado Central de la plaza Ciudad de Brujas, construido en 1914 por los arquitectos Francesc Guàrdia i Vial y Alexandre Soler i March, si bien no se finalizó hasta 1928. Evidentemente no está vinculado con la seda pero como se alza al lado de la Lonja y resulta pintoresco a todas luces está incluido en la visita. ¿Qué visita? La que organiza Turismo de Valencia bajo el epígrafe València, Ciudad de la Seda.

Parte a las 11:00 de cada sábado de la Oficina de Turismo municipal por una tarifa de 20 euros (10 los niños de 7 a 16 años y gratis los menores de 6) y realiza un recorrido urbano y bilingüe (en español e inglés) de dos horas visitando los tres lugares citados antes más el barrio de Velluters (en el que trabajaban la mayoría de los miembros del gremio de sederos valencianos) y una tienda de trajes tradicionales valencianos. Un plan distinto, original y cultural.

Imagen: la bóveda de crucería de la Lonja de la Seda – Rafesmar en Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

Rutas grafiteras por Málaga

martes, 2 de octubre de 2018 Comments off

Si reservamos un vuelo a Málaga con fines turísticos es casi seguro que llevemos en mente ver su casco histórico, que incluye el Castillo de Gibralfaro, la Alcazaba, el Teatro Romano, la Catedral o el Palacio Episcopal; también las preceptivas visitas culturales al Museo Picasso o el Carmen Thyssen; puede que incluso se lleve en la lista algún yacimiento arqueológico como el de la Araña.

En fin, hay mil y un posibilidades pero de un tiempo a esta parte se ha incorporado otra muy peculiar, una ruta grafitera que discurre por el llamado Soho Málaga-Barrio de las Artes. Se trata éste de una zona de ambiente bohemio donde se concentran artes de todo tipo, desde danza a pintura pasando por teatro, fotografía, etc. Y no falta una tendencia de nuevo cuño como es la del arte callejero, ése que se expresa spray en mano plasmándose en paredes de forma casi improvisada.

El street art de Málaga no sólo inunda de color lo que antes era gris o monócromo sino que ha alcanzado tal nivel de difusión que constituye ya una alternativa turística urbana que parece muy apropiada para la ciudad donde nació Picasso. Se localiza entre la Alameda Principal y el muelle Heredia, el CAC y la Plaza de la Marina, e incluso se pueden ver ya grupos de visitas organizadas; hasta hay planos para hacer la ruta que indican dónde encontrar cada grafiti.

No es para menos, puesto que el Soho malagueño ha pasado a ser una referencia para el arte mural gracias a la participación de autores de fama internacional y al tamaño de las obras. Allí han firmado trabajos Faith 47, Dal East, ROA, Pejac, Obey, Aintzane Cruceta, Aryz, Okuda & Remed, Manuel León, D-Face, Felipe Pantone, Eine, Kenny Scharf, Boa Mistura, etc.

Todo ello es el resultado de la puesta en desarrollo del MAUS, un proyecto municipal cuyas siglas significan Málaga Arte Urbano Soho y que viene a completar y ampliar lo que se puede ver también en otro barrio, el de Las Lagunillas. Porque, en efecto, son dos los barrios grafiteros malagueños., para que la experiencia resulte más intensa.

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Visitando la tinerfeña Cueva del Viento

viernes, 28 de septiembre de 2018 Comments off

Tenerife es una isla llena de sorpresas que se van descubriendo a poco que se recorra. aunque la zona más típicamente turística es el sur, el norte también tiene sus atractivos, que pueden constituir una alternativa o -mejor aún- un complemento a las vacaciones playeras. Porque pocas cosas se pueden imaginar más opuestas a lo que ofrece una playa (sol, mar, aire libre, luz) que una cueva. Pero las cuevas visitables suelen tener un interés especial y la que proponemos aquí no es una excepción: la Cueva del Viento.

No se trata de una gruta creada por la acción kárstica sino de un tubo volcánico, es decir, un túnel originado por una colada de lava al fluir por una pendiente y que al contacto con el aire se solidifica, dejando un interior hueco. En este caso, la colada procedía del Pico Viejo, un volcán vecino del Teide que tiene la segunda mayor cota de altitud de la isla (3.135 metros) y unos 200.000 años de antigüedad. Su última erupción, en 1789, fue la mayor de la historia insular pero la gruta en cuestión se formó en las primeras erupciones, hace 27.000 años.

Cueva del Viento está en el municipio de Icod de los Vinos. Es el tubo volcánico más grande de la UE y el quinto del mundo con 17 kilómetros de longitud, considerándoselo el más complejo por estar compuesto por una trama de pasadizos kilométricos distribuidos en tres niveles, con simas, terrazas y otros fenómenos. De hecho, técnicamente se lo denomina Sistema Viento por su estructura laberíntica y los 480 metros de desnivel que salta y porque está compuesto por dos cavernas, la del Viento y la del Sobrado.

La primera, que es la que nos interesa aquí, debe su nombre a las corrientes de aire que circulan por sus galerías. Evidentemente, es imposible visitarlas en toda su extensión y únicamente se recorren unos 200 metros en pequeños grupos guiados de 15 personas, ya que no hay iluminación (hay que llevar casco con linterna). Pese a todo, el recorrido completo de la excursión dura 2 horas y media.

Abrió al público en los años noventa del pasado siglo, tras una serie de obras de acondicionamiento. Aún así, es aconsejable llevar pantalón largo, calzado cerrado (botas preferentemente), algo de abrigo (la temperatura interior es de 14º) y tener en cuenta que no se recomienda el acceso a niños menores de 5 años y discapacitados; tampoco a quien sufra claustrofobia. En el interior hay petrificaciones, estalactitas de lava, cascadas lávicas, fauna subterránea (la mayor parte invertebrados) e incluso restos fósiles, entre otras curiosidades.

Resulta necesario reservar día y hora, adquiriendo las entradas por Internet. Cuestan 20 euros (10 para residentes, 8,50 para menores de 5 a 12 años) y el coste incluye el traslado en 4 X 4, el equipo y un paseo por el bosque cercano. Sin duda, se trata de una actividad diferente que confirma lo dicho al principio: un vuelo a Tenerife no es más que una puerta de entrada a una experiencia intensa, especial y variada.

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Visita a una destilería de ron canario

martes, 25 de septiembre de 2018 Comments off

Como solemos decir aquí cuando hablamos de algún destino muy turístico de sol y playa, estos atractivos no tienen por qué ser únicos y excluyentes; España puede presumir de que en cada rincón tiene un puñado de cosas de interés y, por supuesto, Gran Canaria no iba a ser una excepción. Por eso, aparte de ver las maravillas naturales de la isla, es recomendable conocer otras cosas diferentes que ofrece y una de ellas es visitar una destilería del famoso ron canario. Por ejemplo, la de Arehucas.

Se trata de una empresa local fundada en 1884 por Alfonso Gourié Álvarez y que desde sus comienzos tuvo un considerable éxito, hasta el punto de recibir la distinción de Proveedor Oficial de la Casa Real apenas ocho años más tarde. Numerosos galardones y un enorme boom de ventas en los años cuarenta no impidieron que tiempo después el negocio decayera hasta detenerse. Pero luego se reactivó y actualmente exporta a numerosos países.

Arehucas elabora ron y algunos derivados como ron miel y otros licores muy populares en la isla. Su sede está en el número 2 de la calle Era de San Pedro, en la localidad de Arucas, un municipio septentrional famoso por su insólita catedral neogótica y su ubicación a los pies de un antiguo volcán. Allí se cultiva la caña de azúcar, la materia prima de la que se hace el ron, siendo el de Arehucas el más vendido de Canarias en el último medio siglo. La base de su éxito, dicen, es la receta que ha ido pasando de generación en generación y que ahora combina tradición con tecnología avanzada.

Quien tome algún vuelo a Gran Canaria para unas vacaciones en la isla, puede reservar una visita por las instalaciones. Dura 45 minutos y se pueden ver las históricas salas de fermentación y destilación, así como la planta de embotellado. También las 4.308 barricas de roble americano almacenadas, de las tres centenares están firmadas por personajes famosos. Hay que tener en cuenta que Arehucas es una de las destilerías más grandes de Europa y por eso recibe cerca de 45.000 visitantes cada año.

Al final del recorrido hay una degustación gratuita de rones, licores y cremas de la casa. Todo ello por una tarifa bastante pequeña, 3,50 euros (niños gratis). El horario es de lunes a viernes entre las 9:00 y las 14:00 (hasta las 13:00 entre julio y septiembre).

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Una visita a las cuevas mallorquinas de Campanet

viernes, 14 de septiembre de 2018 Comments off

Es casi seguro que quien reserve un vuelo a Palma de Mallorca para pasar sus vacaciones en la isla, llevará en su agenda el acercarse a ver alguna de las famosas cuevas que horadan la costa oriental y que tienen sobrado renombre: Artá y el Drach. Ahora bien, no son las únicas; quien ya las haya visto y sea aficionado a esos sitios tiene otro nombre para apuntar en la lista. Se trata de las Coves de Campanet.

Éstas no se encuentran en la parte este sino en el norte y bastante hacia el interior, en la localidad homónima. Es un valle en un entorno privilegiado porque todavía conserva el sabor del paisaje rural mallorquín. Concretamente están en la ladera meridional del Puig de Sant Miquel, en plena Sierra de Tramontana, pese a lo cual no es difícil llegar hasta allí: saliendo de Palma sólo hay que seguir la Autopista Palma-Sa Pobla-Port d’Alcudia, pasar el municipio de Inca y tomar la salida 37.

Una vez allí, el llamado Camí de Ses Coves permite acceder a esa maravilla geológica de 3.200 metros cuadrados de superficie y 16.000 metros cúbicos de volumen que se extienden a 50 metros roca adentro, abriendo galerías, salas y recovecos decorados por la Naturaleza con su habitual genio, a base de estalactitas, estalagmitas, formaciones diversas de caprichoso aspecto, un lago…

Así, el recorrido, que alcanza unos 400 metros a cubrir en aproximadamente 40 minutos, es un auténtico recreo para la vista. El agua ha moldeado la piedra calcárea y el Hombre ha sabido optimizar esa belleza natural de los espeleotemas gracias a la pareidolia, de manera que el visitante va pasando por una Sala Romántica, una Sala del Lago, un Castillo Encantado, una Sala de la Palmera, una Capilla de la Virgen, un Salón Rojo, unos Elefantes Blancos, una Ciudad Encantada y una Cascada Sonora, llamativos rincones iluminados adecuadamente para acentuar sus matices.

Además, hay que reseñar dos curiosidades relacionadas no con la roca sino con la fauna. Primero, las cuevas albergan pequeñas especies endémicas: desde el Henrotius jordai, un escarabajo ciego y carnívoro, hasta Megajapyx espanoli, otro artrópodo sin ojos, pasando por varios tipos de Chthonius, arácnidos.

Y segundo, el descubrimiento de la gruta (en 1945, durante unas prospecciones de agua) estuvo acompañado del hallazgo en su interior de restos fósiles de Myotragus balearicus, un bóvido que era endémico de Mallorca y Menorca en la Prehistoria hasta que se extinguió hace 4 milenios con la llegada del Hombre a las Baleares.

Las Cuevas de Campanet llevan 12 millones esperando su momento estelar y éste ha llegado. Abren todo el año de 10:00 a 17:30 (invierno) y de 10:00 a 18:30 (verano). La entrada cuesta 15 euros (8 los niños) y cuenta con aparcamiento, cafetería y tienda de recuerdos.

El singular castillo de la neoyorquina Isla Pollepel

lunes, 20 de agosto de 2018 Comments off

Nueva York es una ciudad que presenta al visitante una lista inacabable de sorpresas y visitas. Algunas son tan inevitables como conocidas (Estatua de la Libertad, Empira State, Central Park, Metropolitan…) pero siempre hay quien prefiere desmarcarse de estos sitios y buscar rincones insospechados, alejados de los puntos turísticos masivos. En ese sentido hoy podemos sugerir salir del casco urbano y viajar unos 80 kilómetros al norte (una hora aproximadamente) hasta la inaudita Isla Pollepel, también conocida como Bannerman.

Es un pedazo de tierra se unos 26.000 metros cuadrados de rocosa superficie que está situado en el río Hudson y cuyo nombre tiene un origen incierto, pues unos lo atribuyen a su significado en holandés (cuchara de madera), puesto que fueron exploradores de ese país quienes descubrieron el lugar, mientras que otros hablan de una mujer llamada Polly Pell que vivió allí. Antes había sido un punto estratégico durante la Guerra de la Independencia y George Washington mandó instalar allí una prisión, aunque no consta que se llegara a hacer.

Lo que sí hay es un desconcertante castillo. No se trata de arquitectura medieval, claro, sino del que construyó un inmigrante irlandés llamado Francis Bannerman, que arribó a EEUU en 1854 siendo niño, y se enriqueció con el negocio de compra de excedentes militares de la Guerra de Secesión para su reciclaje en otros productos, sin contar el material que adquiría y revendía a coleccionistas. Bannerman se instaló en la isla en 1900 porque necesitaba un sitio aislado donde almacenar las municiones.

Aparte del almacén, que albergaba 30 millones de cartuchos, también construyó un castillo como residencia. Muy vistoso, según diseño propio, para que de paso sirviera de reclamo. Bannerman falleció en 1918, antes de que el edificio fuera terminado. No llegó a serlo nunca porque en 1920 los explosivos guardados explotaron y destruyeron buena parte del complejo. Fue el principio del fin de la empresa, por otra parte muy limitada por las nuevas leyes. Tres décadas más tarde, el transbordador que cubría la distancia entre la isla y tierra firme se hundió, condenándola al olvido.

La compró el estado de Nueva York en 1967 pero apenas dos años después se produjo un devastador incendio que arrasó lo que quedaba del maltrecho arsenal y del castillo, quedando apenas el esqueleto de lo que fue. No obstante, las ruinas siguen siendo curiosas y pueden observarse al pasar en tren (Metro-Norte). Poco más, ya que no se puede acceder porque de vez en cuando se caen trozos. No faltan propuestas para tratar de salvar lo que queda pero, de momento, el sitio continúa agonizando. Literalmente, pues en 2015 se registró allí un homicidio.

En suma, si alguien planea tomar un vuelo a Nueva York y desea buscar algo diferente que hacer o regresar con una historia indudablemente única, aquí tiene una idea.

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Una visita al Acuario de Sevilla

jueves, 16 de agosto de 2018 Comments off

Coger un vuelo a Sevilla y plantarse en la capital andaluza en pleno verano requiere, entre otras cosas, valor para enfrentarse a las altas temperaturas que van a machacar al visitante desde la mañana hasta la noche. Por supuesto, no queda más remedio que sobrellevarlo si se está pensando en conocer sus principales atractivos turísticos, caso de la Giralda, la Torre del Oro, la Catedral, los Reales Alcázares o la Plaza de España, por citar sólo algunos.

Ahora bien, se puede añadir a la agenda alguna alternativa refrescante y no tan conocida. Y pocos sitios parecen más refrescantes ante el calor tórrido como el fondo del mar. Más de uno se preguntará cómo ver el fondo marino en una ciudad interior, claro. La respuesta es acercarse al Acuario, donde por un tiempo uno puede escapar a la realidad y rodearse de agua sin mojarse mientras contempla más de once mil animales pertenecientes a unas cuatrocientas especies.

Están ubicadas en reproducciones de sus hábitats naturales: cinco ecosistemas (Guadalquivir, Atlántico, Oceanario, Indo-Pacífico y Otras áreas) a los que recientemente se han incorporado dos renovados, la Selva tropical y el Manglar, fruto de la reforma llevada a cabo este año 2018. Tiburones, rayas, varanos, tortugas, aves acuáticas… Hay que hacer una mención especial a las medusas porque ahora hay una exposición sobre ellas titulada Medusas. El latido del mar.

También merece la pena destacar la sección El viaje de Magallanes, que ilustra sobre la primera vuelta al mundo (que zarpó precisamente de Sanlúcar de Barramaeda tras descender por el Guadalquivir y concluyó el viaje de vuelta en Sevilla). Otra actividad interesante es la posibilidad de hacer una visita VIP a rematar con una cena en el propio acuario (el menú incluye especialidades como croquetas de Torta del Casar, tosta de jamón con huevos de codorniz o milhojas de presa ibérica con pastel de queso, tomate cherry y espárragos).

Y puestos a vivir experiencias, no hay que olvidar la noche con los tiburones del Oceanario, durmiendo rodeados por estos fascinantes seres; algo que ha tenido un éxito extraordinario entre los niños. ¿A que el calor ya no asusta tanto?

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Ver Roma en autobús turístico

viernes, 20 de julio de 2018 Comments off

Un paseo en el autobús turístico, si lo hay, es una buena forma de echar un primer vistazo a la ciudad que se visita de una forma rápida, sintética y explicada, una especie de prólogo para el paseo posterior más detallado. O, al revés, también puede ser el colofón de la estancia para recordar lo que vimos o para enterarnos de detalles sobre los que nos quedaba alguna duda.

Por eso, quien tome un vuelo a Roma y saque billete para el autobús turístico local no se arrepentirá. Se trata de un vehículo de dos pisos, el superior descubierto, como suele ser habitual en estos casos, que realiza u trayecto bastante completo. Lleva funcionando desde 2003 y su duración es de un par de horas, aunque algunas compañías lo hacen en media hora menos.

Tiene además dos atractivos especiales. El primero es que hay auriculares con comentarios en varios idiomas y uno de ellos es el español; el segundo, que a lo largo de su itinerario realiza varias paradas que permiten al turista bajarse para ver con más detalle lo que le interese, sabiendo que luego puede volver a subir en otro y repetir cuantas veces se desee sin necesidad de pagar otra vez. Pasan con una frecuencia de quince o veinte minutos.

Cada compañía ha diseñado su ruta pero en general todos realizan un recorrido similar, con los principales atractivos turísticos romanos como referencia. Por ejemplo: Via Marsala (Estación Termini y Santa María de los Ángeles), Santa Maria Maggiore (Basílica de Santa María la Mayor), Colosseo (Coliseo, Foro Romano y Arco de Constantino), Circo Massimo (Circo Máximo y Boca della Veritá), Piazza Venezia (Monumento a Vittorio Emmanuel), Vaticano (Basílica de San Pedro, Museos Vaticanos y Capilla Sixtina), Fontana di Trevi (Plaza de España, Plaza Navona y Panteón de Agripa) y Piazza Barberini (Via Veneto).

Evidentemente, en una capital de las dimensiones y riqueza monumental de Roma quedan muchas cosas de interés pendientes pero es una ruta básica y que sirve de orientación para una estancia de unos días. Además, hay que tener en cuenta que el billete del autobús turístico presenta varias modalidades de duración. Los hay para veinticuatro y cuarenta y ocho (alguna compañía lo alarga a setenta y dos horas), contando desde la hora de su primer uso. Eso sí, al adquirirlo es necesario indicar una fecha y a partir de ahí hay un plazo de quince días para utilizarlo.

Hay diferentes tarifas, en función del modelo elegido y la edad del usuario; los niños entre cinco y quince años tienen descuento y los menores de esa edad no pagan. Algunos llevan incluida una tarifa reducida para determinados museos y otros son cominables entre sí. Y es que no hay un único tipo de autobús turístico; el Vaticano, por ejemplo, tiene el suyo (Roma Cristiana), si bien limita el tour a su zona.

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