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Una visita a las cuevas mallorquinas de Campanet

viernes, 14 de septiembre de 2018 Comments off

Es casi seguro que quien reserve un vuelo a Palma de Mallorca para pasar sus vacaciones en la isla, llevará en su agenda el acercarse a ver alguna de las famosas cuevas que horadan la costa oriental y que tienen sobrado renombre: Artá y el Drach. Ahora bien, no son las únicas; quien ya las haya visto y sea aficionado a esos sitios tiene otro nombre para apuntar en la lista. Se trata de las Coves de Campanet.

Éstas no se encuentran en la parte este sino en el norte y bastante hacia el interior, en la localidad homónima. Es un valle en un entorno privilegiado porque todavía conserva el sabor del paisaje rural mallorquín. Concretamente están en la ladera meridional del Puig de Sant Miquel, en plena Sierra de Tramontana, pese a lo cual no es difícil llegar hasta allí: saliendo de Palma sólo hay que seguir la Autopista Palma-Sa Pobla-Port d’Alcudia, pasar el municipio de Inca y tomar la salida 37.

Una vez allí, el llamado Camí de Ses Coves permite acceder a esa maravilla geológica de 3.200 metros cuadrados de superficie y 16.000 metros cúbicos de volumen que se extienden a 50 metros roca adentro, abriendo galerías, salas y recovecos decorados por la Naturaleza con su habitual genio, a base de estalactitas, estalagmitas, formaciones diversas de caprichoso aspecto, un lago…

Así, el recorrido, que alcanza unos 400 metros a cubrir en aproximadamente 40 minutos, es un auténtico recreo para la vista. El agua ha moldeado la piedra calcárea y el Hombre ha sabido optimizar esa belleza natural de los espeleotemas gracias a la pareidolia, de manera que el visitante va pasando por una Sala Romántica, una Sala del Lago, un Castillo Encantado, una Sala de la Palmera, una Capilla de la Virgen, un Salón Rojo, unos Elefantes Blancos, una Ciudad Encantada y una Cascada Sonora, llamativos rincones iluminados adecuadamente para acentuar sus matices.

Además, hay que reseñar dos curiosidades relacionadas no con la roca sino con la fauna. Primero, las cuevas albergan pequeñas especies endémicas: desde el Henrotius jordai, un escarabajo ciego y carnívoro, hasta Megajapyx espanoli, otro artrópodo sin ojos, pasando por varios tipos de Chthonius, arácnidos.

Y segundo, el descubrimiento de la gruta (en 1945, durante unas prospecciones de agua) estuvo acompañado del hallazgo en su interior de restos fósiles de Myotragus balearicus, un bóvido que era endémico de Mallorca y Menorca en la Prehistoria hasta que se extinguió hace 4 milenios con la llegada del Hombre a las Baleares.

Las Cuevas de Campanet llevan 12 millones esperando su momento estelar y éste ha llegado. Abren todo el año de 10:00 a 17:30 (invierno) y de 10:00 a 18:30 (verano). La entrada cuesta 15 euros (8 los niños) y cuenta con aparcamiento, cafetería y tienda de recuerdos.

El singular castillo de la neoyorquina Isla Pollepel

lunes, 20 de agosto de 2018 Comments off

Nueva York es una ciudad que presenta al visitante una lista inacabable de sorpresas y visitas. Algunas son tan inevitables como conocidas (Estatua de la Libertad, Empira State, Central Park, Metropolitan…) pero siempre hay quien prefiere desmarcarse de estos sitios y buscar rincones insospechados, alejados de los puntos turísticos masivos. En ese sentido hoy podemos sugerir salir del casco urbano y viajar unos 80 kilómetros al norte (una hora aproximadamente) hasta la inaudita Isla Pollepel, también conocida como Bannerman.

Es un pedazo de tierra se unos 26.000 metros cuadrados de rocosa superficie que está situado en el río Hudson y cuyo nombre tiene un origen incierto, pues unos lo atribuyen a su significado en holandés (cuchara de madera), puesto que fueron exploradores de ese país quienes descubrieron el lugar, mientras que otros hablan de una mujer llamada Polly Pell que vivió allí. Antes había sido un punto estratégico durante la Guerra de la Independencia y George Washington mandó instalar allí una prisión, aunque no consta que se llegara a hacer.

Lo que sí hay es un desconcertante castillo. No se trata de arquitectura medieval, claro, sino del que construyó un inmigrante irlandés llamado Francis Bannerman, que arribó a EEUU en 1854 siendo niño, y se enriqueció con el negocio de compra de excedentes militares de la Guerra de Secesión para su reciclaje en otros productos, sin contar el material que adquiría y revendía a coleccionistas. Bannerman se instaló en la isla en 1900 porque necesitaba un sitio aislado donde almacenar las municiones.

Aparte del almacén, que albergaba 30 millones de cartuchos, también construyó un castillo como residencia. Muy vistoso, según diseño propio, para que de paso sirviera de reclamo. Bannerman falleció en 1918, antes de que el edificio fuera terminado. No llegó a serlo nunca porque en 1920 los explosivos guardados explotaron y destruyeron buena parte del complejo. Fue el principio del fin de la empresa, por otra parte muy limitada por las nuevas leyes. Tres décadas más tarde, el transbordador que cubría la distancia entre la isla y tierra firme se hundió, condenándola al olvido.

La compró el estado de Nueva York en 1967 pero apenas dos años después se produjo un devastador incendio que arrasó lo que quedaba del maltrecho arsenal y del castillo, quedando apenas el esqueleto de lo que fue. No obstante, las ruinas siguen siendo curiosas y pueden observarse al pasar en tren (Metro-Norte). Poco más, ya que no se puede acceder porque de vez en cuando se caen trozos. No faltan propuestas para tratar de salvar lo que queda pero, de momento, el sitio continúa agonizando. Literalmente, pues en 2015 se registró allí un homicidio.

En suma, si alguien planea tomar un vuelo a Nueva York y desea buscar algo diferente que hacer o regresar con una historia indudablemente única, aquí tiene una idea.

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Una visita al Acuario de Sevilla

jueves, 16 de agosto de 2018 Comments off

Coger un vuelo a Sevilla y plantarse en la capital andaluza en pleno verano requiere, entre otras cosas, valor para enfrentarse a las altas temperaturas que van a machacar al visitante desde la mañana hasta la noche. Por supuesto, no queda más remedio que sobrellevarlo si se está pensando en conocer sus principales atractivos turísticos, caso de la Giralda, la Torre del Oro, la Catedral, los Reales Alcázares o la Plaza de España, por citar sólo algunos.

Ahora bien, se puede añadir a la agenda alguna alternativa refrescante y no tan conocida. Y pocos sitios parecen más refrescantes ante el calor tórrido como el fondo del mar. Más de uno se preguntará cómo ver el fondo marino en una ciudad interior, claro. La respuesta es acercarse al Acuario, donde por un tiempo uno puede escapar a la realidad y rodearse de agua sin mojarse mientras contempla más de once mil animales pertenecientes a unas cuatrocientas especies.

Están ubicadas en reproducciones de sus hábitats naturales: cinco ecosistemas (Guadalquivir, Atlántico, Oceanario, Indo-Pacífico y Otras áreas) a los que recientemente se han incorporado dos renovados, la Selva tropical y el Manglar, fruto de la reforma llevada a cabo este año 2018. Tiburones, rayas, varanos, tortugas, aves acuáticas… Hay que hacer una mención especial a las medusas porque ahora hay una exposición sobre ellas titulada Medusas. El latido del mar.

También merece la pena destacar la sección El viaje de Magallanes, que ilustra sobre la primera vuelta al mundo (que zarpó precisamente de Sanlúcar de Barramaeda tras descender por el Guadalquivir y concluyó el viaje de vuelta en Sevilla). Otra actividad interesante es la posibilidad de hacer una visita VIP a rematar con una cena en el propio acuario (el menú incluye especialidades como croquetas de Torta del Casar, tosta de jamón con huevos de codorniz o milhojas de presa ibérica con pastel de queso, tomate cherry y espárragos).

Y puestos a vivir experiencias, no hay que olvidar la noche con los tiburones del Oceanario, durmiendo rodeados por estos fascinantes seres; algo que ha tenido un éxito extraordinario entre los niños. ¿A que el calor ya no asusta tanto?

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Ver Roma en autobús turístico

viernes, 20 de julio de 2018 Comments off

Un paseo en el autobús turístico, si lo hay, es una buena forma de echar un primer vistazo a la ciudad que se visita de una forma rápida, sintética y explicada, una especie de prólogo para el paseo posterior más detallado. O, al revés, también puede ser el colofón de la estancia para recordar lo que vimos o para enterarnos de detalles sobre los que nos quedaba alguna duda.

Por eso, quien tome un vuelo a Roma y saque billete para el autobús turístico local no se arrepentirá. Se trata de un vehículo de dos pisos, el superior descubierto, como suele ser habitual en estos casos, que realiza u trayecto bastante completo. Lleva funcionando desde 2003 y su duración es de un par de horas, aunque algunas compañías lo hacen en media hora menos.

Tiene además dos atractivos especiales. El primero es que hay auriculares con comentarios en varios idiomas y uno de ellos es el español; el segundo, que a lo largo de su itinerario realiza varias paradas que permiten al turista bajarse para ver con más detalle lo que le interese, sabiendo que luego puede volver a subir en otro y repetir cuantas veces se desee sin necesidad de pagar otra vez. Pasan con una frecuencia de quince o veinte minutos.

Cada compañía ha diseñado su ruta pero en general todos realizan un recorrido similar, con los principales atractivos turísticos romanos como referencia. Por ejemplo: Via Marsala (Estación Termini y Santa María de los Ángeles), Santa Maria Maggiore (Basílica de Santa María la Mayor), Colosseo (Coliseo, Foro Romano y Arco de Constantino), Circo Massimo (Circo Máximo y Boca della Veritá), Piazza Venezia (Monumento a Vittorio Emmanuel), Vaticano (Basílica de San Pedro, Museos Vaticanos y Capilla Sixtina), Fontana di Trevi (Plaza de España, Plaza Navona y Panteón de Agripa) y Piazza Barberini (Via Veneto).

Evidentemente, en una capital de las dimensiones y riqueza monumental de Roma quedan muchas cosas de interés pendientes pero es una ruta básica y que sirve de orientación para una estancia de unos días. Además, hay que tener en cuenta que el billete del autobús turístico presenta varias modalidades de duración. Los hay para veinticuatro y cuarenta y ocho (alguna compañía lo alarga a setenta y dos horas), contando desde la hora de su primer uso. Eso sí, al adquirirlo es necesario indicar una fecha y a partir de ahí hay un plazo de quince días para utilizarlo.

Hay diferentes tarifas, en función del modelo elegido y la edad del usuario; los niños entre cinco y quince años tienen descuento y los menores de esa edad no pagan. Algunos llevan incluida una tarifa reducida para determinados museos y otros son cominables entre sí. Y es que no hay un único tipo de autobús turístico; el Vaticano, por ejemplo, tiene el suyo (Roma Cristiana), si bien limita el tour a su zona.

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Un día en Alcudia

martes, 17 de abril de 2018 Comments off

Así, como quien no quiere la cosa, hemos dejado atrás la Semana Santa y asoma en el horizonte, cada vez más cerca, el puente del primero de mayo. Una buena idea para aprovechar esas jornadas de vacaciones puede ser reservar un vuelo a Palma de Mallorca y disfrutar de la isla balear en unas fechas en las que ya se deja sentir el tiempo estival. Y si alguien no se decide aún a pisar la playa o ya conoce la capital insular, está la alternativa de conocer otros rincones. Alcudia, por ejemplo.

Alcudia es un pueblo de algo más de diecinueve mil habitantes ubicado en la zona septentrional de Mallorca, lindando con los municipios de Pollensa, Muro y La Puebla. Históricamente, lo fueron desarrollando los musulmanes a partir de una alquería a la que luego el rey Jaime I de Aragón, conquistador del archipiélago, cambió su nombre por el de San Jaime de Guiñent, entregando buena parte de lo que hoy es el municipio a la Orden del Temple.

Sin embargo fue su hijo Jaime II quien en 1298 empezó a construir las murallas que protegían el núcleo poblacional, si bien no se terminaron hasta 1362, ya en tiempos de Pedro IV. Para entonces había perdurado la denominación original de Alcudia y crecía poco a poco, a despecho de episodios trágicos y destructivos como la epidemia de peste de mediados del siglo XIV o la revuelta de los Agermanados cien años más tarde, que viviría una reedición entre 1521 y 1522.

En el puerto de Alcudia recaló la flota con la que Carlos V conquistó Túnez en 1535, aunque también le tocó recibir ataques otomanos a lo largo de las décadas siguientes. En la Guerra de Sucesión, Alcudia apoyó al candidato Habsburgo, lo que la llevó a sufrir asedio por parte de las tropas de Felipe V. Asentada la nueva dinastía, las cosas se calmaron e incluso allí fue confinado, en tiempos de Fernando VII, el célebre diputado liberal asturiano Agustín Argüelles.

Aún quedarían capítulos por contar, como una nueva epidemia de fiebre amarilla o el impacto de la Guerra Civil. Pero lo que realmente interesará al visitante es descubrir los atractivos turísticos de esa localidad. El municipio de Alcudia se divide en varios núcleos de población: el centro histórico, el puerto, la playa de Alcudia y otras zonas residenciales.

El puerto es el segundo en importancia de la isla tras el de Palma y presenta una parte comercial y otra industrial, habiéndose convertido, de un tiempo a esta parte, en receptor de cruceros. A continuación se extiende la playa , albufera mediante, a lo largo de siete kilómetros. De fina arena blanca, suele acreditar Bandera Azul por su limpieza y sus equipamientos. No es el único lugar donde tomar el sol o darse un baño porque zonas como Alcanada, Sa Marina, Mal Pas o Manresa, por ejemplo, están salpicadas de pequeñas y encantadoras calas.

En cuanto al casco antiguo, declarado Patrimonio Histórico Artístico en 1974, está colmado de edificios monumentales góticos y renacentistas, caso de vario palacetes e iglesias. La Casa Consistorial, el Museo Parroquial, la Iglesia de San Jaume, la Biblioteca ubicada en Can Torró o las citadas murallas (con la Porta de Mallorca como rincón estrella) son algunos ejemplos que pueden ampliarse acercándose hasta la ciudad romana de Pollentia (que además cuenta con un museo). Entre muchas más cosas, por supuesto.

Imagen: la bahía de Alcudia en Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0

Visitas guiadas a refugios antiaéreos de la Guerra Civil en Alicante

miércoles, 11 de abril de 2018 Comments off

El turismo de guerra es una variedad viajera que atrae no sólo a un público especializado especialmente interesado en la militaria sino también a a otro deseoso de descubrir su pasado y su historia. Por esa razón, desde un tiempo a esta parte es posible visitar algunos sitios relacionados con la Guerra Civil Española que han sido recuperados del abandono y olvido en que habían caído; en algún caso, incluso están restaurados.

Es una de las nuevas cosas que podrá hacer quien reserve alguno de los vuelos a Alicante y quiera ver algo más allá de lo clásico que suele venir en las guías o, al menos, compatibilizarlo. Y es que la La Concejalía de Memoria Histórica del ayuntamiento alicantino ha puesto en marcha la posibilidad de descubrir los refugios antiaéreos que se construyeron o habilitaron en la ciudad durante la contienda que sacudió España entre 1936 y 1939.

En concreto, se trata de visitas guiadas a los refugios ubicados en las plazas Séneca y Balmis. El primero es un ejemplo de lo que espera a los curiosos: quedó al descubierto en 2011 durante una remodelación de la estación de autobuses de dicha plaza, cuenta con un pequeño centro de interpretación instalado en una sección del parque de bomberos tras el traslado de éste. En él se exhibe material de época como carteles, portadas de prensa de entonces, reproducciones de las bombas que lanzaron sobre la urbe los aviones nacionales e italianos, además de un vídeo informativo.

Luego se pasa al refugio propiamente dicho, cuyo acceso original era por una trampilla que aún persiste, aunque ahora se baja por sendas escaleras en los flancos. La baja altura del techo, que obliga a avanzar con cuidado, y los grafitis de las paredes instando a no detenerse, a guardar silencio o a permanecer alerta ante posibles espías son cosas que sirven para meterse en situación y crear un ambiente de retorno al pasado, algo a lo que ayudan las sensaciones visuales (semioscuridad), auditivas (sirenas de alarma aérea, grabaciones de aviones, recreación de explosiones) e incluso odoras (intensa humedad).

El lugar consiste en un largo pasillo, aproximadamente un centenar de metros, con pequeños habitáculos abiertos a cada lado para que la gentes e acomodase dejando la zona central libre para el paso. Cabían unas mil doscientas personas, aunque seguramente entrarían más cuando había una emergencia. Que no fueron pocas, teniendo en cuenta que se registraron hasta ochenta y tres bombardeos en Alicante, pues al fin y al cabo fue el último punto de resistencia de la República.

A este refugio de Séneca se le sumó en 2017 el de Balmis. Ambos se recorren en visitas guiadas previa reserva que tienen el mismo horario (lunes, miércoles y viernes a las 10:00, sábados a las 12:00 y 17:00, y domingos a las 12:00) e idéntica tarifa (5 euros, 3 en reducida y gratis los menores de 6 años). Se pueden hacer en castellano, valenciano o inglés.

IMAGEN: Bombarderos Savoia-Marchetti italianos como los que operaron sobre Alicante – Andrea Nicola en Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0

Itinerarios por la cultura española en la Roma cristiana

miércoles, 23 de noviembre de 2016 Comments off

Vuelo Roma

Roma tiene un importante pasado en común con España, relacionado con la época en que la Monarquia Hispánica dominaba media Europa y constituía el principal aliado del Papa. Por eso es posible encontrar un montón de sitios interesantes que visitar de cara a una rcorrido turístico histórico-cultural sobre ese tema, hasta el punto de que un viajero tiene a su disposición algunas rutas ad hoc.

Se llaman Itinerarios por la cultura española en la Roma cristiana, que son tours exclusivos organizados por la Embajada de España en la Santa Sede en colaboración con el Instituto Cervantes local. Se hacen de forma personalizada, aunque también existe una opción para grupos escolares. Son dos, para ser exactos: el primero lleva de la Plaza de San Pedro a la Navona, y tiene dos fechas para hacerlo, el 29 de marzo y el 5 de abril; el segundo va de la Plaza de la Minerva a la de España, los días 3 y 17 de mayo.

Éste es el itinerario de la ruta número uno: iglesia de San Pedro in montorio y Templetto de Bramante; iglesias de Santa Quaranta Martire y San Pascual Bailón; pausa para tomar un café en la Plaza Trilusa; iglesia de Santa María de Montserrat de los Españoles; iglesias de San Pantaleón y San José de Calasanz; Palacio torres (exterior); iglesia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón (antigua San Giacomo degli Spagnoli); Palacio Altemps (exterior).

Y este es el de la otra: iglesia del Santísimo nombre de Jesús; Biblioteca Casanatense; iglesia de la Santísima Trinidad de los Españoles; pausa para un café en el antiguo estudio Canova-Tadolini; Plaza de España; iglesia de San Giuseppe a Capo le Case; iglesias de San Ildefonso y Tomás de Vilanova; iglesia de San isidoro a Cpo le Case; iglesia de San Carlos en las Cuatro Fuentes.

El guía en ambos casos será Alberto Rodríguez, antropólogo y especialista en Roma, saliendo en ambas rutas de la sede del Instituto Cervantes (Via di villa Albani, 16) a ls 9:30. El precio de cada una es de 10 euros y hay un tope mimo de participantes, 15 personas. Una oferta turística más para quienes tomen un vuelo a Roma para las fechas indicadas.

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Pedir un deseo en la Fontana de Trevi

lunes, 12 de septiembre de 2016 Comments off

vuelo Roma

No cabe duda de que Roma es una de las capitales europeas más turísticas, todo un filón para aquellos que buscan arqueología, arte, monumentos, cultura u ocio chic. De hecho, hay tanto que ver, tamto que experimentar, que resulta bastante probable que una sola visita no baste más que para ver esas cuatro cosas consideradas imprescindibles (Coliseo, Vaticano, Foro, etc) o puede que ni eso. Por eso es casi inevitable tener que acabar buscando algún vuelo a Roma para regresar una segunda vez… o una tercera, o una cuarta.

Si hacemos caso a la vieja tradición -las tradiciones siempre tan presentes en la capital italiana-, hay una forma de garantizar que habrá una nueva visita: arrojar una moneda la célebre Fontana de Trevi y formular el deseo. Tampoco es un gran esfuerzo porque esa espléndida fuente barroca monumental que antaño era el punto final de un acueducto es uno de esos monumentos que hay que ver sí o sí; cosa fácil por otra parte, ya que ocupa una encrucijada en el centro de la ciudad.

La Fontana empieza su andar como tal en 1629, por orden del papa Urbano VIII, para sustituir a una anterior considerada demasiado modesta. Y nadie mejor que el famoso Bernini para llevar a cabo el encargo, aunque a la postre se limitó a hacer unos bosquejos y la autoría final, solventada mediante un concurso convocado ad hoc en 1730, correspondió a Nicola Salvi. Bien es verdad que no la llegó a terminar y la parte final fue obra de Giovanni Panini. No obstante, otros artistas colaboraron labrando sus esculturas de piedra, como Pietro Bracci o Filippo delle Valle. Los trabajos concluyeron definitivamente en 1762.

Cualquiera que recorra Roma a pie pasará tarde o temprano por allí. No tiene pérdida, no sólo por la citada ubicación céntrica sino también porque una auténtica multitud suele agolparse en sus balaustradas. Muchos, la mayoría, cumplen el ritual de la moneda y arrojan su euro (o su céntimo, que vale igual) con la esperanza de que la leyenda se cumpla y puedan volver algún día. En realidad habría que decir las monedas, en plural, puesto que se supone que habrían de ser tres, al parecer porque dos eran para garantizar amores y la tercera para el matrimonio. Claro que, puestos a ser estrictos, ese dinero debía ser arrojado por tres personas diferentes.

En cualquier caso, y con permiso de la crisis, la pileta recibe unos tres mil euros diarios que, multiplicándolos por el número de días del año, puede llegar a dejar una cantidad muy cercana al millón, dependiendo del año. Ese dinero se extrae periódicamente y se susa para financiar ayuda a los romanos sin recursos, de ahí que esté prohibido llevarse monedas de la fuente; hay multa para quien lo intente.

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Pajareras Wifi en Ámsterdam

viernes, 8 de julio de 2016 Comments off

vuelo Amsterdam

Ámsterdam es una de esas ciudades nórdicas que suelen sorprender a la gente, se autóctona, sea visitante, con originales iniciativas relacionadas con la habitabilidad y humanización del entorno urbano. En ese sentido, la última idea puesta en marcha combina diversos aspectos como la ecología y las comunicaciones para hacer más agradable la estancia y ofrecer un servicio a los ciudadanos: pajareras Wifi. ¿Suena raro? Desde luego, pero es algo muy interesante.

El proyecto se llama TreeWiFi y, como indica su nombre, consiste en una combinación de construcción de habitáculos en los árboles para las aves con el suministro de una red libre de Internet sin cable, además de la medición de los niveles de contaminación atmosférica. Porque cada pajarera lleva un sensor que realiza dicho análisis y, a través de un router, lo visualiza mediante luces LED para que cualquier peatón sepa el resultado.

Pero la cosa no acaba ahí porque cuando se detecta una mejora en la calidad del aire, la pajarera puede compartir su conexión a la Red con cualquier usuario, ofreciendo consejos al respecto antes de abrir el acceso libre online. Una forma muy imaginativa de informar y concienciar en materia de contaminación. Imaginativa y barata, porque cada unidad instalada tiene un coste ínfimo en comparación con las estaciones clásicas, aparte de que su tamaño permite colocar muchas y cubrir un área mayoir, con un registro de resultados más exacto y fiable.

Lo que empezó el pasado mes de marzo como una mini startup con un simple prototipo aspiraba hace poco a recaudar donaciones por valor de 6.600 euros para desarrollarse pleanamente e instalar quinientas unidades más distribuidas por toda la ciudad y llevar a cabo el trabajo de manera más seria. Así, cualquiera que reserve su vuelo a Ámsterdam y visitando la capital holandesa necesite usar su smartphone o su tablet entrando en Internet, sólo tiene que fijarse si hay algún árbol cerca con una pajarera iluminada.

Si la luz es roja significa que el aire tiene un nivel de contaminación demasiado alto y no habrá nada que hacer; pero si está en color verde, no sólo se podrá respirar sin temor sino que además hay disponinibilidad de conexión Wifi gratuita. La reacción popular ha sido, cómo no, positiva. Se supone que la de los pájaros más aún.

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Paseos en helicóptero por Barcelona

viernes, 25 de marzo de 2016 Comments off

vuelo a Barcelona

Una forma distinta de hacer una visita general, rápida y panorámica a una ciudad es recurriendo a los clásicos tours en autobús, sean éstos de techo descubierto o no, normalmente con un guía explicando cada rincón curioso. Es un método que permite hacerse una idea básica sobre el lugar, recorriendo sus puntos más destacados sin esfuerzo. Pero de un tiempo a esta parte se va generalizando una alternativa que obedece al mismo espíritu, si bien cambiando el punto de vista de ras de tierra a ojo de pájaro.

Efectivamente, se trata de los paseos en helicóptero, que permite contemplar la urbe desde una perspectiva inédita salvo que exista algún mirador en lo alto de un rascacielos. Porque es desde lo alto cuando se aprecia la auténtica morfología urbana que luego se habrá de visitar en persona para que el conocimiento se amplíe y detalle.

Quien busque algún vuelo a Barcelona con la idea de descubrir las mil y un maravillas que la capital catalana tiene que ofrecer, dispone de la posibilidad de hacer un segundo vuelo; si el primero es el de viaje y llegada al Aeropuerto de El Prat, el segundo es el que ofrece una empresa privada llamada Cathelicopters S.L. En este caso, la salida no se hace desde El Prat sino desde el Helipuerto de Barcelona, situado en el Moll Adossat s/n del puerto.

Son ya dieciséis los años que se llevan ofertando estos paseos aéreos, ascendiendo a unos ciento sesenta mil los usuarios que han probado la experiencia. La flota de aparatos, compuesta por cuatro unidades, está supervisada por AESA (Agencia Estatal de Seguridad Aérea) y es bastante versátil para adaptarse al tipo de exigencia del cliente: grupos, empresas, individuales, etc. Tres de los helicópteros tienen capacidad para cinco pasajeros más el piloto mientras que el otro es para tres más el piloto.

Aunque la empresa ofrece servicios para diferentes tipos de trabajo, como rodajes, eventos o traslados, aquí nos interesa la faceta puramente turística, en la que se puede elegir entre cuatro tours: BCN Sky Tour, BCN Costa Tour, Montserrat + BCN Sky Tour y BCN from the Top Tour. El primero, es un vuelo de doce minutos que permite observar el mar costeando hasta el Forum, la Torre Agbar, la Sagrada Familia, la Diagonal y el Ensanche hasta el Camp Nou, la Plaza España, Montjuic y el Anillo Olímpico.

El segundo, de seis minutos, se centra en el World Trade Center, la estatua de Colón, el Maremágnum, el antiguo barrio de pescadores, la Barceloneta, la línea de la costa hasta el Puerto Olímpico, La playa de la Marbella y el Fórum de las Culturas. El tercero es más largo, de treinta y cinco minutos, al viajar hasta la sierra de Montserrat para sobrevolarla. Y, finalmente, el BCN from the Top Tour combina el helicóptero (diez minutos) con tres rutas del Bus Turistic y la subida al mirador de la estatua de Colón en una experiencia que abarca toda la jornada.

Los precios cambian según la modalidad elegida: de los cincuenta euros del BCN Costa Tour a los trescientos del Montserrat, pasando por los noventa y cinco del Sky Tour y los ciento quince del From the Top. A cambio, una vivencia emocionante y una forma diferente de ver Barcelona.

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